Posibles huellas de camélidos de la Edad de Hielo emergen en sierra de Jiménez, Chihuahua

La escena se remonta a un día cualquiera en la sierra baja colindante con Durango, cuando pastores locales notaron formaciones pétreas con marcas inusuales. Al principio, pensaron que se trataba simplemente de formas caprichosas en la roca, producto de la erosión.

HISTORIASMX. – Ocultas entre cerros áridos y arenosos, bajo la luz intensa del sol norteño, un hallazgo casual ha reabierto una puerta hacia el pasado profundo de la región. Lo que comenzó como una rutina de pastoreo terminó revelando lo que podría ser evidencia directa de huellas fosilizadas de camélidos que habitaron estas tierras hace decenas de miles de años, durante lo que comúnmente se llama la Edad de Hielo o Pleistoceno.

Un descubrimiento que desafía la imaginación.

La escena se remonta a un día cualquiera en la sierra baja colindante con Durango, cuando pastores locales notaron formaciones pétreas con marcas inusuales. Al principio, pensaron que se trataba simplemente de formas caprichosas en la roca, producto de la erosión. Sin embargo, al limpiarlas con sus manos, relieves simétricos, con forma de media luna y separados por menos de un metro, comenzaron a emerger con nitidez, despertando sospechas de que lo que veían eran verdaderas huellas impresas en roca fosilizada.

Estas impresiones, a simple vista, se asemejan más a pisadas de un animal de gran tamaño que a artefactos naturales —una característica que llamó inmediatamente la atención de quienes las encontraron.

Camélidos en América: ¿mito o realidad científica?

Contrario a lo que muchos creen, los camellos y sus parientes evolucionaron en América del Norte, no en el Viejo Mundo. Según investigaciones paleontológicas, camélidos del género Camelops, conocidos como camellos americanos, vagaron por este continente durante el Pleistoceno tardío, hasta su extinción hace aproximadamente 10 000 años.

Estas especies eran animales de gran porte —Camelops hesternus, por ejemplo, podía alcanzar alrededor de 2 m de altura al hombro y pesar más de 500 kg— y se adaptaron a variados paisajes abiertos, desde sabanas hasta zonas lacustres.

Este registro fósil está bien documentado en varios puntos de Norteamérica, incluyendo sitios tanto en Estados Unidos como en México, donde impresiones de huellas y restos óseos han sido identificados en estratos del Plio-Pleistoceno y asociados con otras pistas de megafauna antigua.

La ciencia detrás de las huellas.

Los paleontólogos utilizan criterios específicos para identificar huellas fósiles: la forma bidáctila (dos dedos), la profundidad y separación de las impresiones, así como la geología de la roca en que se encuentran. Un estudio publicado por la Sociedad Geológica Mexicana documenta huellas equivalentes en Oaxaca y otras regiones del país, atribuidas a camélidos prehistóricos y asociadas a sedimentos de hace millones de años.

Si bien no se ha realizado aún un análisis formal por parte de un instituto de investigación en el hallazgo de Jiménez, los primeros indicios —como la separación de las criaturas, la forma de la pisada y la evidencia de presión que agrietó la roca— coinciden con lo que especialistas esperan de huellas dejadas por grandes mamíferos del Pleistoceno.

De pastores a guardadores del pasado.

Uno de los testigos de este descubrimiento, que optó por permanecer en el anonimato, describe cómo la huella se reveló después de retirar el polvo y sedimentos de la roca: “La figura, como de vaca, se hizo más visible”, relató, impresionado por la nitidez de las impresiones dejadas hace miles de años.

Minutos después, una segunda huella emergió, con líneas y fisuras que se extienden desde el centro de la impresión hacia los bordes, sugiriendo que el peso del animal sobre un terreno suave, en otro tiempo, marcó de forma profunda la superficie ahora endurecida.

Implicaciones para la paleontología regional.

Más allá de su valor local y anecdótico, el hallazgo tiene el potencial de aportar datos valiosos sobre la distribución geográfica de la megafauna del Pleistoceno en el norte de México. Dado que hay antecedentes de hallazgos de huellas y restos de camélidos fósiles en varios estados del país —como Durango, Puebla y Jalisco—, este nuevo registro podría ayudar a trazar mapas más precisos de la fauna prehistórica y los ambientes antiguos.

Además, estos descubrimientos subrayan la importancia de proteger y estudiar estos rastros antes de que la erosión, el desarrollo humano o el tráfico de artefactos los borren para siempre.

Un puente hacia un mundo perdido.

Las huellas fosilizadas en la sierra de Jiménez son más que simples marcas en la piedra: son un testimonio tangible de un pasado en que la región estaba habitada por animales que ahora solo existen en los libros de paleontología. Cada pisada es una conexión directa con ese pasado remoto, una invitación a imaginar vastos rebaños de camellos antiguos vagando por paisajes muy distintos a los actuales.

Este hallazgo no solo estimula el interés científico, sino que también pone en perspectiva la vastedad de la historia natural de Chihuahua y de México, recordándonos que bajo nuestros pies descansan pistas impresas hace millones de años.

Por: Gorki Rodríguez / HISTORIASMX-Laboratorio de Periodismo.

Volver arriba