Ojo de Dolores merece ser Área Natural Protegida: el último refugio de peces que no existen en ningún otro lugar del mundo esta por desaparecer.

La propia CONAGUA reconoce que el acuífero tiene una recarga media anual de 174.9 hm³, pero registra una extracción de 336.7 hm³ anuales. El resultado técnico es brutal: un déficit de 167.374574 hm³ al año, es decir, más de 167 millones de metros cúbicos que se extraen por encima de lo que el sistema puede reponer.

HISTORIASMX. – En el sur de Chihuahua, a unos kilómetros de Jiménez, existe un manantial que no puede entenderse únicamente como balneario, paseo familiar o atractivo turístico. El Ojo de Dolores es, en realidad, un ecosistema vivo, frágil y excepcional: un cuerpo de agua termal en medio del desierto chihuahuense donde sobreviven especies de peces que no existen en ningún otro lugar del planeta.

El problema es que ese oasis depende de una condición cada vez más amenazada: que el agua subterránea siga brotando.

Y ahí comienza la alerta.

De acuerdo con la actualización oficial de disponibilidad de CONAGUA, el acuífero Jiménez–Camargo, clave 0832, cubre una superficie de 9,948.39 kilómetros cuadrados en el sur de Chihuahua e incluye municipios como Jiménez, Camargo, López, Allende, Coronado, Matamoros y San Francisco de Conchos.

La propia CONAGUA reconoce que el acuífero tiene una recarga media anual de 174.9 hm³, pero registra una extracción de 336.7 hm³ anuales. El resultado técnico es brutal: un déficit de 167.374574 hm³ al año, es decir, más de 167 millones de metros cúbicos que se extraen por encima de lo que el sistema puede reponer.

Ese dato no es menor. Es la diferencia entre un manantial vivo y un paisaje seco.

Un oasis termal en medio del desierto.

El Ojo de Dolores se ubica al sur de Jiménez, en la zona conocida como Las Playas, y ha sido descrito como un manantial de aguas cálidas o termales, con temperaturas cercanas a los 30 grados centígrados; otras fuentes locales y turísticas lo ubican como un cuerpo de agua hipertermal con rangos aproximados entre 20 y 35 grados.

Pero su valor más importante no está en su uso recreativo, sino en su biodiversidad. En sus aguas habitan dos peces endémicos: Gambusia hurtadoi, conocido como guayacón de Hacienda de Dolores, y Cyprinodon macrolepis, conocido como cachorrito escamudo. Ambos están ligados directamente al manantial Ojo de Dolores.

La palabra “endémico” aquí debe leerse con toda su gravedad: significa que estas especies no tienen otro refugio natural. Si el manantial se seca, se altera o se contamina, no solamente se pierde agua; se puede perder una historia evolutiva completa.

Gambusia hurtadoi: el pez que nació para este manantial.

La Gambusia hurtadoi fue descrita científicamente por Hubbs y Springer en 1957. Su localidad tipo es el Ojo de la Hacienda Dolores, aproximadamente 11.3 kilómetros al sur de Jiménez, Chihuahua, y se considera una especie conocida solamente de ese manantial y sus irrigaciones asociadas.

La especie aparece vinculada al Ojo de Dolores en estudios sobre peces del Río Conchos y en fichas de biodiversidad. Se trata de un pez pequeño, adaptado a aguas claras, someras, con corriente ligera y vegetación, condiciones que dependen directamente de la permanencia del manantial.

Además, la NOM-059-SEMARNAT-2010 la registra como especie sujeta a protección especial, mientras que la UICN la considera vulnerable.

Cyprinodon macrolepis: el otro habitante invisible.

El segundo pez es Cyprinodon macrolepis, descrito por Robert Rush Miller en 1976. Registros de CONABIO lo ubican en el municipio de Jiménez, en la localidad Ojo de Agua de Dolores. Su categoría en la NOM-059-SEMARNAT-2010 aparece como En Peligro de Extinción, y en la UICN como Casi Amenazado.

Este pez no es un adorno biológico del manantial. Es un indicador. Cuando una especie tan restringida depende de un solo cuerpo de agua, cualquier reducción del caudal, contaminación, introducción de especies invasoras o modificación del hábitat puede convertirse en amenaza directa.

El acuífero: la raíz del problema.

El Ojo de Dolores no debe analizarse como una alberca natural aislada. Su existencia está conectada al sistema subterráneo que lo alimenta. CONAGUA señala que la descarga natural comprometida del acuífero Jiménez–Camargo incluye volúmenes concesionados de manantiales y caudal base de ríos alimentados por el acuífero, necesarios para sostener gasto ecológico y evitar afectaciones a sistemas vecinos. Para este acuífero, esa descarga natural comprometida se calcula en 5.5 hm³ anuales, correspondiente a salida por manantiales.

El dato es clave: los manantiales no son “sobras” del acuífero. Son parte de su equilibrio. Si el bombeo reduce los niveles subterráneos, los manantiales pueden disminuir, intermitirse o desaparecer.

Eso ya ocurrió cerca.

Villa López: la advertencia que nadie debería ignorar.

El Ojo de Atotonilco, en Villa López, fue durante décadas un oasis natural y atractivo regional. Hoy es citado como ejemplo de pérdida ambiental asociada a sequía, sobreexplotación, presunta extracción ilegal, burocracia y falta de protección efectiva. En 2021, medios regionales lo describían como un cuerpo de agua reducido a arroyo con estancamientos; en 2024 se reportó públicamente que el manantial se secó.

La comparación con Ojo de Dolores no es una exageración periodística. Ambos forman parte de una misma región presionada por extracción agrícola, perforaciones, sequía y abatimiento de agua subterránea. La diferencia es que Ojo de Dolores todavía está vivo.

Pero vivo no significa seguro.

La amenaza de las especies invasoras.

A la crisis del agua se suma otro riesgo: las especies invasoras. En junio de 2026, especialistas alertaron por la posible presencia de una tortuga invasora en el Ojo de Dolores, asociada a la especie Trachemys scripta elegans, conocida comúnmente como tortuga de Florida o tortuga japonesa. Estas especies pueden alimentarse de peces pequeños, larvas, huevecillos y otros organismos acuáticos, además de competir con fauna nativa o introducir enfermedades.

En un ecosistema amplio, una especie invasora puede ser un problema. En un manantial pequeño, con peces endémicos y distribución restringida, puede convertirse en una amenaza crítica.

Por qué debe declararse Área Natural Protegida.

El argumento para proteger el Ojo de Dolores no es sentimental. Es técnico, ecológico y legal.

La Ley de Equilibrio Ecológico y Protección al Ambiente del Estado de Chihuahua contempla promover la creación de áreas naturales protegidas estatales, así como su regulación, administración y vigilancia con participación municipal.

Además, la CONANP reconoce que las áreas naturales protegidas pueden abarcar zonas de protección de ríos, lagos, lagunas, manantiales y cuerpos considerados aguas nacionales, especialmente cuando requieren conservación.

El Ojo de Dolores cumple con los elementos básicos para iniciar una ruta de protección: posee especies endémicas, especies en categoría de riesgo, valor hidrológico, valor turístico, valor comunitario y una amenaza creciente por abatimiento del acuífero.

Declararlo Área Natural Protegida permitiría ordenar su uso, establecer reglas de conservación, controlar especies invasoras, restringir actividades dañinas, proteger zonas de recarga y exigir vigilancia real sobre descargas, residuos, perforaciones y extracción de agua en su área de influencia.

El riesgo real: perder el manantial antes de protegerlo.

La desaparición del Ojo de Dolores no ocurriría de un día para otro. Primero bajaría el caudal. Luego cambiaría la temperatura, la calidad del agua, la vegetación acuática y la disponibilidad de refugio para peces. Después vendrían mortandades, desplazamiento por especies invasoras, pérdida de reproducción y, finalmente, el colapso del ecosistema.

Cuando un manantial se seca, no se pierde solamente agua: se pierde memoria biológica, historia comunitaria, turismo local, identidad regional y patrimonio natural.

El Ojo de Dolores todavía puede salvarse. Pero requiere decisiones antes de que la crisis sea irreversible: frenar perforaciones ilegales, revisar concesiones, medir caudales, monitorear especies, retirar fauna invasora, restaurar vegetación ribereña, crear un programa de manejo y avanzar hacia su declaratoria como Área Natural Protegida.

El sur de Chihuahua ya tiene un espejo donde mirarse: Villa López.

La pregunta es si Jiménez va a esperar a que el Ojo de Dolores se convierta también en una fotografía de nostalgia, o si va a defenderlo mientras todavía corre agua.

Por: Gorki Belisario Rodríguez Ávila / HISTORIASMX

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