Nogales, agua y prediales pasados perdonados: los privilegios agrícolas que nadie quiere discutir en Jiménez.

Pero el tema del agua no es el único punto delicado. En administraciones municipales pasadas, también se ha señalado que algunos grandes productores agrícolas recibieron beneficios fiscales cuestionables, particularmente en el pago del impuesto predial.

HISTORIASMX. – En Jiménez, Chihuahua, el debate sobre el uso del agua suele aparecer cada vez que una presa baja de nivel o cuando las lluvias escasean. Sin embargo, pocas veces se habla con claridad de un problema estructural que durante años se ha tolerado: los privilegios y prácticas irregulares que rodean a algunos sectores de la agricultura intensiva, particularmente en el cultivo de nuez pecanera.

El nogal es, sin duda, uno de los cultivos más rentables de la región. Pero también es uno de los cultivos con mayor consumo hídrico. Para producir una hectárea de nogal se requieren grandes volúmenes de agua durante prácticamente todo el año, lo que lo convierte en un cultivo especialmente demandante en un territorio donde los acuíferos llevan décadas bajo presión.

El problema no es el cultivo en sí. La agricultura es parte fundamental de la economía regional. El problema surge cuando el crecimiento de estos cultivos ocurre bajo prácticas irregulares o bajo un sistema de privilegios tolerados por autoridades durante años.

Pozos ilegales y sobreexplotación

En distintos momentos se han señalado casos de perforaciones ilegales de pozos, o de pozos sin concesión formal, que operan sin la regulación adecuada. Este fenómeno no es exclusivo de Jiménez, pero sí ha sido señalado en varias regiones agrícolas del estado.

Cuando se perfora un pozo sin autorización o se extrae agua por encima de lo permitido, el impacto no es solo individual: afecta al acuífero completo, reduciendo la disponibilidad del recurso para otros productores, comunidades rurales y para el propio equilibrio ambiental.

A ello se suman episodios en los que algunos productores han promovido movilizaciones para evitar el pago de adeudos de energía eléctrica, particularmente en el uso de bombas agrícolas. El bombeo de agua subterránea requiere grandes cantidades de energía, y cuando ese costo no se cubre, la carga termina trasladándose al sistema público o a otros usuarios.

El predial perdonado

Pero el tema del agua no es el único punto delicado. En administraciones municipales pasadas, también se ha señalado que algunos grandes productores agrícolas recibieron beneficios fiscales cuestionables, particularmente en el pago del impuesto predial.

Según diversas denuncias y testimonios locales, hubo casos en los que el pago del predial era reducido, modificado o incluso perdonado, pese a que se trataba de extensiones considerables de tierra dedicadas al cultivo de nogal.

En otras palabras, mientras muchos ciudadanos pagaban sus impuestos municipales de manera regular, algunos grandes productores terminaban pagando menos de lo que correspondía según las hectáreas que poseían.

Si esto ocurrió, no se trató únicamente de un problema administrativo. Se trató de una distorsión en el principio básico de equidad fiscal.

Un modelo que necesita transparencia

La discusión de fondo no debería centrarse en atacar al sector agrícola. La agricultura es vital para la economía de Jiménez. Pero sí es necesario cuestionar un modelo donde el uso intensivo del agua convive con prácticas irregulares o privilegios históricos.

En un contexto de crisis hídrica creciente, el manejo del agua ya no puede seguir dependiendo de acuerdos informales, tolerancias políticas o beneficios discrecionales.

El verdadero reto es la transparencia.

¿Quién tiene concesiones de agua?
¿Cuántos pozos existen realmente?
¿Cuántos operan de forma irregular?
¿Quiénes han recibido beneficios fiscales y por qué?

Estas preguntas no deberían incomodar a nadie si todo se encuentra dentro de la legalidad.

El agua ya no alcanza para todos

Jiménez y su región enfrentan un escenario cada vez más claro: los acuíferos no son infinitos.

La expansión de cultivos de alto consumo hídrico, como el nogal, obliga a replantear la forma en que se administra el agua y se regula la actividad agrícola.

Si no se hace, el riesgo es evidente: el beneficio de unos cuantos podría comprometer el futuro hídrico de toda una región.

El debate ya no es si la agricultura debe existir.
El debate es si puede seguir operando bajo reglas desiguales y con supervisión limitada.

Porque cuando el agua comienza a faltar, la pregunta inevitable aparece:
¿quién la utilizó… y bajo qué condiciones?

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