Durante décadas, el nogal fue promovido como el cultivo más rentable del municipio. Miles de hectáreas fueron transformadas para establecer huertas que hoy dependen exclusivamente del bombeo de agua subterránea.
HISTORIASMX. Mientras productores nogaleros de Jiménez buscan modernizar sus sistemas de riego para consumir menos agua, la realidad es que el daño al acuífero Jiménez-Camargo ya está documentado desde hace años. La expansión acelerada del nogal convirtió al municipio en uno de los principales productores de nuez del estado, pero también en una de las regiones con mayor presión sobre las reservas de agua subterránea.
Los estudios técnicos de la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA) son contundentes: el acuífero Jiménez-Camargo recibe una recarga media anual de apenas 173.3 millones de metros cúbicos, mientras que la extracción asciende a 303.1 millones de metros cúbicos por año, es decir, se extraen cerca de 130 millones de metros cúbicos más de los que la naturaleza puede reponer. Como consecuencia, el acuífero no tiene disponibilidad para nuevas concesiones y permanece oficialmente en condición de sobreexplotación.
Durante décadas, el nogal fue promovido como el cultivo más rentable del municipio. Miles de hectáreas fueron transformadas para establecer huertas que hoy dependen exclusivamente del bombeo de agua subterránea. Lo que durante años fue considerado un símbolo de prosperidad agrícola terminó convirtiéndose también en uno de los principales consumidores del recurso más escaso del desierto: el agua.
Las cifras dimensionan el problema. Un nogal adulto puede requerir entre 800 y 2,000 litros de agua diarios durante la temporada de riego. En términos agrícolas, una hectárea demanda alrededor de 19 mil a 20 mil metros cúbicos de agua al año, uno de los consumos más elevados entre los cultivos establecidos en Chihuahua.
En Jiménez existen alrededor de 10 mil 500 hectáreas de nogal, con aproximadamente 839 mil árboles. Diversas estimaciones técnicas indican que este cultivo consume más de 200 millones de metros cúbicos de agua al año, un volumen superior a la recarga natural anual del propio acuífero Jiménez-Camargo.
La propia CONAGUA advirtió que el incremento de la demanda de agua para uso agrícola pone en riesgo la sustentabilidad del acuífero y puede provocar el abatimiento permanente de los niveles freáticos, mayores costos de bombeo, desaparición de manantiales y deterioro de los ecosistemas asociados al agua subterránea.
Las consecuencias ya son visibles. Año con año los pozos deben perforarse a mayor profundidad para encontrar agua suficiente; el costo de extracción aumenta por el mayor consumo de energía eléctrica; algunos manantiales han reducido considerablemente su caudal y el abastecimiento para otros usos enfrenta una presión cada vez mayor.
Hoy, cuando el sector nogalero analiza migrar hacia sistemas de riego más eficientes, la discusión ya no gira únicamente en torno al ahorro de agua. La verdadera pregunta es si estas medidas llegan demasiado tarde para un acuífero que ha permanecido durante años extrayendo mucho más agua de la que la naturaleza es capaz de reponer.
La tecnificación del riego puede representar una mejora importante en la eficiencia; sin embargo, especialistas en gestión hídrica coinciden en que ninguna tecnología será suficiente si no se controla el volumen total de extracción, se respetan los límites de disponibilidad del acuífero y se establece una política integral que garantice la recuperación del equilibrio hidrológico.
Jiménez enfrenta hoy las consecuencias de un modelo agrícola que privilegió la expansión de un cultivo altamente demandante de agua sin considerar los límites naturales del acuífero que lo sostenía. El resultado es un sistema hídrico oficialmente sobreexplotado, sin disponibilidad para nuevas concesiones y cuyo futuro dependerá de decisiones que ya no pueden seguir postergándose.