Lagartijas del Desierto Chihuahuense: pequeñas sobrevivientes de un territorio extremo

Una provincia biológica que resguarda 92 especies de lagartijas, algunas confinadas a dunas, montañas o reducidos parches de suelo que podrían desaparecer bajo la agricultura, la urbanización y el cambio climático.

HISTORIASMX. – En las horas más calientes del día, cuando el aire parece ondular sobre las piedras y la temperatura del suelo supera ampliamente la del ambiente, una pequeña figura cruza velozmente entre gobernadoras, mezquites y pastizales. Se detiene unos segundos, levanta el cuerpo para separarse de la superficie ardiente y finalmente desaparece bajo una roca. La escena puede parecer insignificante, pero resume millones de años de evolución: las lagartijas del Desierto Chihuahuense han aprendido a sobrevivir donde el agua escasea, el alimento cambia con las lluvias y cada sombra puede representar la diferencia entre vivir o morir.

Una investigación científica publicada en 2024 identificó 92 especies nativas de lagartijas dentro de la porción mexicana de la provincia biogeográfica del Desierto Chihuahuense. Este número convierte a estos reptiles en uno de los componentes más diversos, visibles y ecológicamente importantes de la fauna regional. No todas las especies se encuentran en Chihuahua ni todas ocupan las planicies desérticas: algunas viven únicamente en dunas, otras en pastizales, laderas rocosas, cañones, matorrales o montañas aisladas.

Mucho más que una extensión de arena.

El Desierto Chihuahuense no es un paisaje uniforme ni se limita al estado de Chihuahua. La delimitación biogeográfica utilizada por los investigadores comprende, en México, aproximadamente 578 mil kilómetros cuadrados y se extiende por sectores de Chihuahua, Coahuila, Durango, Nuevo León, Zacatecas, San Luis Potosí, Guanajuato, Querétaro, Hidalgo y una pequeña porción de Sonora. Hacia el norte continúa por Nuevo México, Texas y el extremo sureste de Arizona.

A diferencia de otros desiertos de Norteamérica, buena parte del Chihuahuense se localiza entre los mil y dos mil metros sobre el nivel del mar. Esto produce inviernos fríos, noches frescas, veranos intensos y marcadas variaciones de temperatura. Su territorio reúne matorral micrófilo, matorral rosetófilo, pastizales, mezquitales, bosques de encino y pino piñonero, humedales, cañones, laderas de piedra y sistemas de dunas de yeso o cuarzo.

Esta diversidad ambiental explica por qué no existe una sola “lagartija del desierto”. Cada superficie ofrece condiciones distintas y cada especie ocupa una fracción particular del paisaje. Una duna suelta puede ser adecuada para una lagartija de arena, pero completamente inútil para otra especializada en grietas de roca. Un pastizal aparentemente degradado puede continuar sosteniendo lagartijas cornudas, mientras que una pared rocosa puede albergar poblaciones que nunca descienden a la planicie.

En total, la parte mexicana de esta provincia biogeográfica conserva 262 especies nativas de anfibios y reptiles: 53 anfibios y 209 reptiles. Entre estos últimos se cuentan 92 lagartijas, 102 serpientes y 15 tortugas. La familia más numerosa es Phrynosomatidae, que reúne 54 especies, incluyendo numerosas lagartijas espinosas, cornudas, sordas y de arena.

Las principales habitantes del desierto.

Los nombres comunes pueden cambiar entre comunidades y regiones; por ello, la identificación científica debe apoyarse en el nombre latino, la localidad y características físicas verificables. Entre los grupos más representativos se encuentran los siguientes:

GrupoAlgunas especies representativasHábitat y características
Lagartijas espinosasSceloporus poinsettii, S. jarrovii, S. cowlesi, S. grammicusFrecuentan rocas, troncos, paredes, matorrales y montañas; muchas presentan escamas ásperas y coloraciones azules en los machos.
Lagartijas cornudasPhrynosoma cornutum, P. modestum, P. orbiculareViven en suelos abiertos, pastizales y matorrales; su dieta puede depender fuertemente de hormigas.
Huicos o corredorasAspidoscelis marmorata, A. inornata, A. tesselata, A. neomexicanaSon lagartijas rápidas, de cola larga, activas durante el día y consumidoras de insectos y otros invertebrados.
Lagartijas sordasCophosaurus texanus, Holbrookia approximansCarecen de una abertura auditiva externa visible y ocupan terrenos abiertos de arena, grava o suelo poco cubierto.
Lagartijas de arenaUma paraphygas, U. exsulEstán altamente especializadas para vivir en dunas; poseen escamas y dedos adaptados para desplazarse y enterrarse en arena suelta.
Lagartijas de collarCrotaphytus collaris, C. antiquusSon robustas, veloces y principalmente habitantes de zonas rocosas; algunas consumen otras lagartijas.
Geckos bandeadosColeonyx brevis, C. reticulatusGeneralmente nocturnos; se refugian bajo piedras, grietas y materiales depositados en el suelo.
Lagartijas arborícolasUrosaurus ornatusUtilizan árboles, arbustos, cercos y superficies verticales como refugio y punto de observación.
EscincosEspecies de PlestiodonPresentan cuerpo alargado, escamas lisas y hábitos discretos entre rocas, hojarasca o vegetación.
Lagartos alicantesEspecies de Barisia y GerrhonotusOcupan principalmente ambientes rocosos, cañones y zonas de mayor cobertura vegetal.

El Servicio de Parques Nacionales de Estados Unidos reconoce como especies especialmente características de la región al gecko bandeado de Texas, Coleonyx brevis; la lagartija cornuda texana, Phrynosoma cornutum; la lagartija sorda mayor, Cophosaurus texanus; el huico marmoleado, Aspidoscelis marmorata; y distintas especies del género Sceloporus.

La lista no significa que las 92 especies puedan encontrarse juntas. En una investigación desarrollada en nueve tipos de vegetación de la región de Guadalcázar, San Luis Potosí, en el extremo sur del Desierto Chihuahuense, se documentaron 20 especies de lagartijas, además de 24 serpientes y una tortuga. El estudio demostró que la composición cambiaba entre matorral, mezquital, pastizal, chaparral, bosque, áreas agrícolas y otros ambientes.

Las lagartijas espinosas: diversidad entre piedras y montañas.

El género Sceloporus es uno de los más diversos y reconocibles. Sus integrantes suelen ser llamados lagartijas espinosas o de collar, aunque el nombre cambia según la región. Sus escamas ásperas les dan una apariencia acorazada, pero son animales ágiles y generalmente inofensivos para las personas.

Algunas especies ocupan planicies y matorrales; otras están vinculadas a paredes, peñascos o montañas. Sceloporus poinsettii, por ejemplo, utiliza cañones, zonas rocosas y laderas con grietas donde puede refugiarse. Sceloporus jarrovii se relaciona con ambientes serranos y rocosos, en ocasiones a más de tres mil metros de altitud.

Esta separación del hábitat reduce la competencia. Mientras una especie busca insectos sobre un tronco, otra puede hacerlo entre piedras y una tercera sobre el suelo abierto. El desierto funciona así como un mosaico tridimensional: no solo importa el lugar, sino también la altura, la inclinación, el tipo de suelo, la vegetación, la disponibilidad de grietas y el momento del día.

Las lagartijas cornudas y la desaparición de las hormigas.

Las lagartijas cornudas del género Phrynosoma, conocidas popularmente como “camaleones”, no son verdaderos camaleones. Su cuerpo ancho, cuernos posteriores y coloración terrosa les permiten confundirse con el suelo. Frente al peligro pueden permanecer inmóviles, inflar el cuerpo o correr en distancias cortas buscando vegetación o terreno irregular.

La lagartija cornuda texana, Phrynosoma cornutum, es una de las especies emblemáticas del norte del Desierto Chihuahuense. Phrynosoma modestum, de menor tamaño, también ocupa ambientes áridos y abiertos. Varias especies consumen grandes cantidades de hormigas, aunque complementan su alimentación con escarabajos y otros artrópodos.

Esta especialización las vuelve sensibles a la transformación del paisaje. Cuando un terreno se desmonta, se compacta, se fumiga o se reemplaza por agricultura intensiva, no solo desaparece la cobertura que las protege: también puede colapsar la comunidad de hormigas que sostiene su alimentación. El uso indiscriminado de insecticidas produce una cadena silenciosa; primero disminuyen los insectos y después los reptiles que dependen de ellos.

Huicos: velocidad, reproducción y diversidad genética.

Los huicos del género Aspidoscelis figuran entre las lagartijas más activas del desierto. Tienen cuerpos delgados, extremidades fuertes y colas que pueden superar ampliamente la longitud del tronco. Corren entre arbustos mientras revisan el suelo, remueven hojarasca y capturan insectos, arañas y larvas.

Algunas especies representan uno de los fenómenos más sorprendentes de la evolución de los vertebrados: existen linajes formados únicamente por hembras que pueden reproducirse mediante partenogénesis, es decir, sin fecundación masculina. Entre ellos se encuentran huicos relacionados con Aspidoscelis tesselata y A. neomexicana. Estos linajes surgieron históricamente por hibridación entre especies sexuales.

Una investigación doctoral realizada en el norte del Desierto Chihuahuense estudió la coexistencia de Aspidoscelis tesselata y Aspidoscelis marmorata. Los resultados encontraron una amplia coincidencia en sus horarios de actividad, aunque con variaciones estacionales que pueden facilitar su convivencia.

Especialistas de un solo mundo de arena.

Las especies más frágiles no siempre son las más escasas a simple vista, sino aquellas cuyo hábitat se limita a un espacio muy reducido. Las lagartijas del género Uma constituyen uno de los mejores ejemplos. Sus dedos presentan estructuras que facilitan el desplazamiento sobre arena suelta y su cuerpo puede introducirse rápidamente bajo la superficie para escapar del calor o de los depredadores.

Uma exsul y Uma paraphygas son microendémicas del norte de México: viven en áreas pequeñas de dunas del Desierto Chihuahuense y no pueden trasladarse simplemente a cualquier terreno próximo. Para ellas, la arena no es un detalle del paisaje; es todo su universo ecológico.

Uma paraphygas, conocida como lagartija de arena de Chihuahua, está asociada con sistemas de dunas del centro del Desierto Chihuahuense. Uma exsul habita dunas aisladas de Coahuila. La fragmentación de esos arenales por carreteras, agricultura, extracción de materiales o expansión urbana puede separar poblaciones que ya ocupan territorios reducidos.

Un estudio de modelación ecológica advirtió que Uma exsul enfrentaba una elevada transformación de su hábitat y una reducción potencial de su distribución. Para Uma paraphygas, los modelos proyectaron impactos particularmente graves relacionados con el cambio climático. Los autores recomendaron acciones inmediatas de conservación debido a que estas especies no cuentan con extensos territorios alternativos donde establecerse.

Una vida gobernada por el sol.

Las lagartijas son ectotermas: su temperatura corporal depende en gran medida del ambiente. Esto no significa que permanezcan pasivamente a merced del clima. Regulan su temperatura mediante el comportamiento: salen a tomar el sol, modifican la orientación del cuerpo, levantan las patas sobre el suelo caliente, buscan grietas, se entierran o se trasladan hacia la sombra.

Durante el verano, una lagartija puede iniciar su actividad por la mañana, retirarse cuando el suelo alcanza temperaturas peligrosas y reaparecer por la tarde. Las especies nocturnas, como algunos geckos, esperan a que las piedras liberen parte del calor acumulado. En invierno, muchas reducen su actividad y permanecen dentro de refugios protegidos.

Esta dependencia establece una ventana térmica. Por debajo de cierta temperatura, el animal pierde velocidad para cazar o escapar; por encima de su límite fisiológico, corre el riesgo de morir por sobrecalentamiento. El cambio climático no implica simplemente “más calor para un animal que disfruta del sol”. Temperaturas excesivas pueden reducir las horas disponibles para alimentarse, reproducirse y acumular energía.

Las especies de montaña enfrentan un problema adicional: si las condiciones se vuelven demasiado calientes, pueden desplazarse hacia elevaciones mayores, pero las cumbres tienen una superficie limitada. Al final del ascenso ya no existe otro lugar al cual migrar.

¿De qué se alimentan y para qué sirven?

La mayoría de las lagartijas del Desierto Chihuahuense consume insectos, arañas y otros invertebrados. Su dieta puede incluir hormigas, termitas, grillos, saltamontes, escarabajos, larvas, moscas y pequeñas arañas. Algunas especies incorporan materia vegetal, mientras otras, como ciertas lagartijas de collar, pueden capturar pequeños vertebrados, incluyendo lagartijas de menor tamaño.

Su función ecológica ocurre en dos direcciones. Como depredadoras, ayudan a regular poblaciones de artrópodos. Como presas, alimentan a correcaminos, halcones, búhos, serpientes, mamíferos carnívoros y otros reptiles. También movilizan nutrientes y energía desde el suelo hacia niveles superiores de la cadena alimentaria.

Eliminar a las lagartijas no provoca necesariamente una explosión inmediata y visible de insectos, pero sí empobrece las redes tróficas. En ecosistemas áridos, donde la productividad biológica depende de pulsos breves de lluvia, cada conexión adquiere especial importancia. Después de una temporada húmeda aumentan los insectos y, con cierto retraso, puede mejorar la alimentación, reproducción o supervivencia de las lagartijas.

Estudios realizados en el norte del Desierto Chihuahuense han encontrado que la diversidad de comunidades de lagartijas puede relacionarse con la precipitación acumulada de años anteriores. Esto muestra que una lluvia no termina cuando se seca el suelo: su efecto puede desplazarse por la vegetación, los insectos y los vertebrados durante meses o años.

Mitos, miedo y persecución.

En comunidades rurales persiste la creencia de que algunas lagartijas son venenosas, “pican con la cola”, atacan deliberadamente o pueden provocar daños graves con solo tocar la piel. Para las especies habituales del Desierto Chihuahuense, esas afirmaciones carecen de sustento.

Las lagartijas pueden morder si son sujetadas, lastimadas o acorraladas, pero su conducta normal es escapar. Las especies pequeñas no representan un riesgo significativo para una persona. Tampoco “pican” con la cola. Algunas desprenden voluntariamente una parte de ella —un fenómeno llamado autotomía— para distraer al depredador y huir.

La cola puede regenerarse parcialmente, pero perderla tiene un costo. El animal sacrifica reservas de grasa, reduce temporalmente su capacidad de movimiento y debe destinar energía a formar nuevo tejido. Por ello no deben atraparse por la cola ni manipularse para fotografías.

Otra confusión frecuente ocurre con los alicantes o lagartos cocodrilo, a los que se atribuyen propiedades venenosas. Aunque pueden defenderse mordiendo, no corresponden a los grandes lagartos venenosos del género Heloderma. La recomendación sigue siendo observarlos a distancia y evitar cualquier manejo innecesario.

Las amenazas avanzan sobre el suelo.

Las principales presiones identificadas por la literatura científica son la conversión del hábitat a campos agrícolas, el crecimiento urbano, la minería y extracción de materiales, la contaminación, el sobrepastoreo, las carreteras, el tráfico ilegal de fauna y el cambio climático.

La agricultura modifica la estructura del suelo, elimina vegetación y puede aislar pequeñas porciones de hábitat. Los agroquímicos afectan directamente a los reptiles o reducen los insectos que consumen. El sobrepastoreo intenso cambia la cobertura de hierbas y arbustos, aumenta la compactación y deja a algunas especies sin refugios frente a aves y mamíferos.

Las carreteras producen mortalidad directa, pero también dividen poblaciones. Para una lagartija de pocos centímetros, una vía pavimentada puede convertirse en una superficie caliente, sin refugios y con circulación mortal. Cercos, canales de paredes lisas, desarrollos urbanos y desmontes crean obstáculos adicionales.

La investigación de 2024 señala que, de los reptiles evaluados en el Desierto Chihuahuense, 19 especies estaban dentro de categorías de preocupación en la Lista Roja de la UICN; 39 aparecían como amenazadas o en peligro dentro de las categorías mexicanas consideradas por el estudio, y 86 de 200 reptiles evaluados —43%— obtuvieron una vulnerabilidad ambiental alta. Estas cifras abarcan reptiles en general, no exclusivamente lagartijas, pero revelan la magnitud del problema regional.

Los científicos también advierten una limitación: la lista mexicana de especies en riesgo ha permanecido sin una actualización integral desde 2010. Por ello, una especie que no aparezca formalmente como amenazada no necesariamente está segura. Algunas tienen distribuciones pequeñas, escasa información poblacional o amenazas recientes que todavía no quedan reflejadas en los instrumentos legales.

Cambio climático: cuando el refugio también se calienta.

Los modelos climáticos no predicen el mismo resultado para todas las especies. Algunas podrían ampliar su distribución hacia el norte o hacia elevaciones mayores; otras perderían superficie climáticamente adecuada. El problema será especialmente grave para las microendémicas, las especialistas de dunas y las habitantes de montañas aisladas.

La literatura revisada proyecta restricciones o contracciones para Uma exsul, Uma paraphygas, Crotaphytus antiquus y Sceloporus gadsdeni. También se ha planteado que Urosaurus ornatus podría tener dificultades para responder suficientemente rápido a las nuevas condiciones. Estas son proyecciones basadas en modelos, no certezas de extinción, pero permiten identificar zonas donde la conservación del hábitat resulta urgente.

El cambio no opera únicamente mediante el aumento de la temperatura. También modifica las lluvias, la producción de plantas, la abundancia de insectos, la humedad del suelo y los periodos reproductivos. Una lagartija puede tolerar una tarde extremadamente caliente y, sin embargo, declinar porque dispone de menos horas para alimentarse o porque las lluvias ya no coinciden con el nacimiento de sus crías.

Un desierto conectado por corredores invisibles.

La riqueza no se distribuye uniformemente. En la subprovincia norteña o Coahuilense se registraron 60 especies de lagartijas, mientras que en la Zacatecana se reportaron 58. La suma supera las 92 porque varias especies están presentes en ambas regiones.

El sur del desierto posee una combinación de ambientes áridos, templados y serranos que facilita la convivencia de especies con diferentes afinidades. El norte, por su parte, contiene dunas, bolsones y sistemas montañosos aislados con alto valor evolutivo. Los límites políticos entre estados o países no coinciden con los límites ecológicos.

El Desierto Chihuahuense comparte aproximadamente la mitad de su herpetofauna con algunas provincias vecinas, como la Sierra Madre Oriental, el Eje Transvolcánico y la Sierra Madre Occidental. Esta conexión demuestra la importancia de conservar corredores entre planicies y serranías. Una población aislada puede perder diversidad genética aun cuando su pequeño parche de hábitat permanezca aparentemente intacto.

La construcción de barreras fronterizas también amenaza esa conectividad. Para reptiles pequeños, las obras asociadas —caminos, iluminación, desmonte, nivelación y tránsito— pueden ser tan perjudiciales como la estructura física. Al dividir poblaciones, se reduce el intercambio genético y aumenta el riesgo de extinciones locales.

¿Qué puede hacerse?

La conservación de las lagartijas no requiere únicamente grandes reservas naturales. También depende de decisiones tomadas en ranchos, ejidos, ciudades, carreteras y parcelas agrícolas.

Entre las acciones prioritarias se encuentran:

  • Proteger dunas, afloramientos rocosos, pastizales y matorrales nativos.
  • Evitar desmontes innecesarios y conservar corredores de vegetación entre parcelas.
  • Reducir el uso indiscriminado de insecticidas.
  • Mantener piedras, troncos y vegetación nativa en espacios donde no representen peligro.
  • Instalar pasos o estructuras de escape en canales, pilas y depósitos donde los reptiles puedan quedar atrapados.
  • Regular la extracción de arena y otros materiales en sistemas de dunas.
  • Evitar la captura de ejemplares para mascotas o venta clandestina.
  • Implementar monitoreos científicos de largo plazo.
  • Actualizar los instrumentos mexicanos de evaluación y protección.
  • Enseñar a niñas, niños y trabajadores del campo a observar sin capturar ni matar.

En patios y terrenos urbanos, la presencia de una lagartija generalmente no representa un problema. Lo aconsejable es permitirle escapar, mantener alejadas a mascotas y evitar venenos o trampas adhesivas. Si un ejemplar entra a una vivienda, puede abrirse una salida y guiarlo suavemente sin tocarlo.

Las pequeñas guardianas que casi nadie mira.

Las lagartijas no tienen la fuerza simbólica del águila ni el misterio que rodea a los grandes felinos. Tampoco suelen movilizar campañas de conservación. Su desaparición puede ocurrir en silencio: primero deja de observarse una especie junto al camino; después desaparece de una parcela y finalmente queda confinada a una duna o cerro aislado.

Sin embargo, en sus cuerpos se encuentra escrita la historia del Desierto Chihuahuense. Sus colores reflejan el suelo; sus horarios siguen el movimiento del sol; sus ciclos reproductivos dependen de lluvias inciertas, y sus refugios revelan la importancia de cada grieta, arbusto y fragmento de pastizal.

Hablar de 92 especies de lagartijas no significa que el desierto posea una riqueza garantizada para siempre. Significa que aún existe un patrimonio biológico extraordinario, construido durante miles o millones de años, que puede perderse en unas cuantas décadas si sus hábitats son convertidos en superficies uniformes.

Conservarlas no implica detener toda actividad humana. Significa reconocer que la producción agrícola, ganadera, minera y urbana necesita límites, ordenamiento y conocimiento científico. También exige abandonar el miedo hacia animales que, lejos de representar una amenaza, sostienen parte de la vida cotidiana del desierto.

Cuando una lagartija se detiene sobre una piedra en las cercanías de Jiménez, Samalayuca, Mapimí o Cuatro Ciénegas, no está simplemente tomando el sol. Está regulando su temperatura, vigilando a sus depredadores, buscando alimento y manteniendo en movimiento una antigua red ecológica. En ese breve instante se concentra la resistencia de todo un territorio.

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