Los archivos desclasificados muestran que la DFS incrementó el seguimiento de esos sectores, elaborando informes periódicos y expedientes sobre dirigentes y organizaciones.
Parte 2.
HISTORIASMX. – Cuando terminó la Segunda Guerra Mundial en 1945, el mundo no entró en una etapa de paz duradera. Por el contrario, comenzó un enfrentamiento político, militar, económico e ideológico que durante casi medio siglo dividió al planeta en dos grandes bloques: uno encabezado por Estados Unidos y otro por la Unión Soviética. Aquel conflicto, conocido como la Guerra Fría, no se libró principalmente con enfrentamientos directos entre ambas potencias, sino mediante guerras indirectas, espionaje, operaciones encubiertas y una intensa competencia por ampliar sus respectivas zonas de influencia.
México quedó inmerso en ese nuevo escenario internacional. Aunque mantuvo una política exterior relativamente independiente, en el ámbito interno fortaleció sus aparatos de inteligencia para vigilar a quienes las autoridades consideraban una posible amenaza para la estabilidad política. En ese contexto, la Dirección Federal de Seguridad (DFS), creada en 1947, pasó de ser un organismo de inteligencia civil a desempeñar un papel cada vez más relevante en la vigilancia política del país.
Esta transformación no ocurrió de manera aislada. Fue el resultado de un entorno internacional marcado por el temor al avance del comunismo, la expansión de los servicios de inteligencia y la adopción de nuevas estrategias de seguridad nacional en todo el continente americano.
EL MUNDO SE DIVIDE EN DOS.
Al finalizar la guerra, Europa quedó devastada. Las antiguas potencias coloniales perdieron influencia y dos nuevos actores emergieron como protagonistas del orden internacional: Estados Unidos y la Unión Soviética.
Washington defendía un modelo basado en la economía de mercado y la democracia liberal; Moscú impulsaba un sistema socialista de partido único. Esa confrontación ideológica pronto se extendió a Asia, África y América Latina.
Aunque nunca hubo una guerra directa entre ambas superpotencias, la rivalidad se manifestó en la carrera armamentista, la competencia tecnológica, la propaganda y la expansión de los servicios de inteligencia.
EL NACIMIENTO DE LA CIA.
En 1947, el gobierno estadounidense aprobó la National Security Act, una reforma que reorganizó su estructura de seguridad y dio origen a la Central Intelligence Agency (CIA).
Su misión oficial consistía en recopilar y analizar inteligencia extranjera, coordinar operaciones encubiertas autorizadas por el gobierno de Estados Unidos y anticipar amenazas estratégicas.
Con el avance de la Guerra Fría, la CIA incrementó su presencia en diversas regiones del mundo. Numerosos documentos desclasificados muestran que participó en operaciones encubiertas, apoyó gobiernos aliados y mantuvo redes de inteligencia en distintos países latinoamericanos. El alcance y naturaleza de esas actividades variaron según el contexto y la época.
LA DOCTRINA DE CONTENCIÓN.
La política exterior estadounidense adoptó la llamada doctrina de contención, formulada para limitar la expansión de la influencia soviética.
En América Latina, esa estrategia se tradujo en una mayor atención hacia movimientos revolucionarios, partidos comunistas y organizaciones que, desde la perspectiva de Washington, pudieran favorecer la presencia soviética o cubana en la región.
Con el tiempo, la seguridad dejó de entenderse únicamente como defensa frente a agresiones externas. También comenzó a incluir amenazas internas percibidas, una idea que influiría en la formulación de políticas de seguridad en varios países.
MÉXICO: UNA POLÍTICA EXTERIOR DISTINTA, UNA POLÍTICA INTERNA DE VIGILANCIA.
México mantuvo una posición singular dentro del continente. A diferencia de otros gobiernos latinoamericanos, no rompió relaciones diplomáticas con Cuba tras la Revolución de 1959 y sostuvo una política exterior basada en los principios de no intervención y autodeterminación.
Sin embargo, en el ámbito interno, las autoridades reforzaron los mecanismos de vigilancia sobre organizaciones políticas, movimientos estudiantiles, sindicatos y grupos sociales que podían ser considerados focos de conflicto.
Los archivos desclasificados muestran que la DFS incrementó el seguimiento de esos sectores, elaborando informes periódicos y expedientes sobre dirigentes y organizaciones.
COOPERACIÓN EN INTELIGENCIA.
Diversas investigaciones académicas y documentos desclasificados muestran que existieron mecanismos de cooperación e intercambio de información entre autoridades mexicanas y estadounidenses en materia de seguridad e inteligencia durante la Guerra Fría.
Esa cooperación respondió a intereses compartidos en temas como el espionaje, la seguridad fronteriza, el combate al narcotráfico y el seguimiento de determinados movimientos considerados de interés para ambos gobiernos.
Sin embargo, los especialistas advierten que esa colaboración no implica que la DFS actuara como un órgano subordinado a la CIA. La relación fue cambiante, dependió de distintos gobiernos y estuvo marcada tanto por coincidencias como por tensiones derivadas de la defensa de la soberanía mexicana.
LA REVOLUCIÓN CUBANA CAMBIÓ EL PANORAMA.
El triunfo de la Revolución Cubana en 1959 modificó profundamente la percepción de seguridad en América Latina.
Para diversos gobiernos de la región, el surgimiento de movimientos armados dejó de verse como un fenómeno exclusivamente interno y comenzó a interpretarse dentro de la confrontación global entre capitalismo y socialismo.
En México, la existencia de organizaciones estudiantiles, campesinas y posteriormente grupos guerrilleros llevó a una intensificación de las labores de inteligencia y vigilancia por parte de la DFS y otras instituciones de seguridad.
EL CONCEPTO DEL «ENEMIGO INTERNO»
Uno de los cambios más importantes de la época fue la consolidación del concepto de «enemigo interno». Bajo esta lógica, la principal amenaza podía surgir desde dentro del propio país y no necesariamente de un ejército extranjero.
Ese enfoque influyó en las estrategias de seguridad y contribuyó a ampliar el universo de personas y organizaciones sujetas a observación por parte de los servicios de inteligencia.
Con el tiempo, esa visión tendría consecuencias profundas en la relación entre el Estado y diversos movimientos sociales.
EL PRELUDIO DE LA GUERRA SUCIA.
Durante la década de 1960 crecieron las movilizaciones estudiantiles, campesinas y sindicales, al tiempo que surgieron algunos movimientos armados en distintas regiones del país.
Frente a ese escenario, la producción de inteligencia adquirió una importancia creciente dentro de las políticas de seguridad del Estado mexicano.
Los archivos consultados por investigadores muestran que la DFS incrementó la elaboración de reportes, el seguimiento de organizaciones y la recopilación sistemática de información. En los años siguientes, esa estructura sería uno de los componentes del aparato estatal que enfrentó la creciente conflictividad política del periodo conocido como la Guerra Sucia.