Cómo nació la Dirección Federal de Seguridad y se convirtió en el aparato de inteligencia más poderoso de México.
PARTE 1.
HISTORIASMX. – Durante más de tres décadas, miles de mexicanos pronunciaron su nombre en voz baja. Para estudiantes universitarios, líderes campesinos, maestros rurales, periodistas, sindicalistas e integrantes de organizaciones de izquierda, tres letras bastaban para provocar miedo: DFS.
La Dirección Federal de Seguridad no fue simplemente una corporación policiaca. Se convirtió en el principal órgano civil de inteligencia del Estado mexicano durante buena parte del siglo XX y desempeñó un papel central en la vigilancia política, la infiltración de organizaciones sociales y, de acuerdo con abundante evidencia documental y testimonios recopilados posteriormente, en la persecución de personas consideradas opositoras o vinculadas con movimientos armados.
Documentos oficiales, archivos desclasificados, investigaciones académicas y el reciente Informe Final del Mecanismo para el Esclarecimiento Histórico (MEH) coinciden en que, durante el periodo conocido como la Guerra Sucia, diversas instituciones del Estado mexicano participaron en graves violaciones a los derechos humanos, incluidas detenciones arbitrarias, tortura, desapariciones forzadas y ejecuciones extrajudiciales. La DFS aparece de forma recurrente dentro de ese entramado institucional, aunque su grado de responsabilidad varía según los casos documentados y las fuentes disponibles.
Esta investigación reconstruye el origen de esa institución, las razones de su creación y la manera en que pasó de ser un organismo de inteligencia concebido para proteger la seguridad nacional a convertirse, según numerosos estudios históricos, en una pieza clave del sistema de control político del régimen.
UN PAÍS QUE BUSCABA ESTABILIDAD DESPUÉS DE LA REVOLUCIÓN.
Al concluir la Revolución Mexicana, el nuevo Estado enfrentó un desafío que marcaría las siguientes décadas: consolidar el poder político y evitar que nuevas rebeliones armadas fragmentaran nuevamente al país.
Las décadas de 1920 y 1930 estuvieron marcadas por levantamientos militares, conflictos agrarios, enfrentamientos religiosos, disputas entre caudillos y una creciente actividad sindical. El gobierno federal entendió que, además del Ejército, necesitaba un aparato especializado capaz de reunir información sobre amenazas políticas antes de que estas se transformaran en conflictos abiertos.
El contexto internacional reforzó esa percepción. La Segunda Guerra Mundial había demostrado el valor estratégico de los servicios de inteligencia, mientras que el inicio de la Guerra Fría colocó a América Latina dentro de la disputa geopolítica entre Estados Unidos y la Unión Soviética. En ese escenario, la vigilancia de grupos considerados comunistas o revolucionarios pasó a ocupar un lugar central en las políticas de seguridad de numerosos gobiernos de la región.
En México, aunque el discurso oficial mantenía una política exterior de no intervención y cierta autonomía, internamente comenzó a fortalecerse una estructura de inteligencia dedicada a observar la actividad política, sindical, estudiantil y social.
1947: EL NACIMIENTO DE LA DIRECCIÓN FEDERAL DE SEGURIDAD.
La Dirección Federal de Seguridad fue creada en 1947 durante el gobierno de Miguel Alemán Valdés, mediante un acuerdo administrativo dentro de la entonces Secretaría de Gobernación.
Su creación respondió a varios objetivos:
- Centralizar la inteligencia política del gobierno federal.
- Detectar actividades consideradas amenazas a la estabilidad del Estado.
- Vigilar movimientos armados.
- Combatir el espionaje extranjero.
- Coordinar información con corporaciones policiales y militares.
En sus documentos fundacionales, la DFS fue presentada como un organismo destinado a proteger la seguridad interior. Sin embargo, con el paso de los años, sus funciones se ampliaron considerablemente hasta abarcar la observación sistemática de amplios sectores de la sociedad mexicana.
Los archivos hoy conservados en el Archivo General de la Nación muestran que la institución elaboró cientos de miles de reportes sobre personas, organizaciones, manifestaciones, reuniones políticas, actividades universitarias y movimientos campesinos. Muchos de esos documentos permanecieron clasificados durante décadas y solo comenzaron a abrirse al público tras el cambio político de principios del siglo XXI.
LA GUERRA FRÍA CAMBIÓ LAS REGLAS.
A partir de finales de los años cuarenta, la confrontación entre Washington y Moscú transformó profundamente las políticas de seguridad en todo el continente.
Para numerosos gobiernos latinoamericanos, cualquier organización de izquierda podía interpretarse como una posible amenaza comunista. Esa visión llevó a fortalecer los servicios de inteligencia y a ampliar la vigilancia sobre movimientos sociales.
México no fue la excepción.
Aunque el país conservó relaciones diplomáticas con Cuba después de 1959 y mantuvo una política exterior distinta a la de otros gobiernos latinoamericanos, internamente las instituciones de seguridad incrementaron el seguimiento de organizaciones consideradas radicales.
Investigaciones históricas muestran que la DFS desarrolló redes de información que alcanzaban universidades, sindicatos, organizaciones campesinas, partidos políticos, colectivos estudiantiles y grupos culturales. La producción cotidiana de informes se convirtió en una de sus principales actividades.
UNA POLICÍA QUE SABÍA MÁS DE LO QUE LA GENTE IMAGINABA.
Uno de los aspectos que más sorprenden al revisar los expedientes desclasificados es el nivel de detalle que alcanzaban los informes.
Los agentes registraban:
- Asambleas universitarias.
- Reuniones sindicales.
- Conferencias políticas.
- Conversaciones públicas.
- Marchas.
- Huelgas.
- Discursos.
- Viajes.
- Relaciones personales.
- Publicaciones.
- Distribución de propaganda.
- Contactos internacionales.
En muchos casos, los reportes eran elaborados por agentes infiltrados o por una extensa red de informantes civiles.
Cada informe era integrado en expedientes individuales que podían seguir la actividad de una persona durante años. Profesores, estudiantes, periodistas, dirigentes sociales, intelectuales, artistas y políticos aparecieron en esos archivos, independientemente de que existiera evidencia de actividades delictivas.
La lógica predominante consistía en recopilar información preventiva sobre cualquier actor que pudiera influir en la movilización social o representar un desafío para el orden político establecido.
LA DIFERENCIA ENTRE INTELIGENCIA Y REPRESIÓN.
En cualquier Estado moderno, los servicios de inteligencia cumplen funciones legítimas relacionadas con la protección de la seguridad nacional frente a amenazas como el espionaje extranjero, el terrorismo o el crimen organizado.
Sin embargo, diversos estudios históricos sostienen que, durante determinados periodos del siglo XX mexicano, la frontera entre inteligencia y represión política se volvió cada vez más difusa.
El Informe Final del Mecanismo para el Esclarecimiento Histórico concluye que entre 1965 y 1990 existió una política de violencia estatal contra sectores considerados opositores, documentando la participación de distintas instituciones de seguridad en graves violaciones a los derechos humanos. La DFS figura entre las dependencias analizadas por su intervención en labores de inteligencia y coordinación durante ese periodo. Es importante señalar que las responsabilidades específicas dependen de cada caso investigado y de la evidencia disponible, y no todos los agentes o funcionarios actuaron de la misma manera.
Esa transformación no ocurrió de un día para otro. Fue el resultado de cambios políticos, del contexto de la Guerra Fría y de la creciente confrontación entre el Estado y diversos movimientos sociales y armados.
EL INICIO DE UNA MAQUINARIA QUE MARCARÍA A MÉXICO.
Lo que comenzó en 1947 como un organismo encargado de producir inteligencia estratégica terminó convirtiéndose, según una amplia literatura especializada y los archivos hoy disponibles, en una institución con enorme influencia política, acceso privilegiado a información y capacidad de coordinar acciones con otras corporaciones de seguridad.
Durante décadas, miles de expedientes permanecieron ocultos. Solo con la apertura parcial de los archivos y la creación de mecanismos de esclarecimiento histórico fue posible reconstruir una parte de su funcionamiento.
Sin embargo, muchos documentos siguen sin conocerse y numerosas familias continúan buscando respuestas sobre personas desaparecidas durante la Guerra Sucia. El acceso incompleto a la documentación y la falta de investigaciones judiciales exhaustivas han dejado preguntas abiertas sobre la dimensión total de las operaciones realizadas por los aparatos de seguridad del Estado.