El precio de contar la verdad sobre los mantos acuíferos: periodismo bajo amenaza en el desierto chihuahuense.

Detrás de los campos verdes que contrastan con el desierto, hay un modelo de producción sustentado en la extracción sin control. El nogal pecanero, emblema del agroexportador chihuahuense, consume más de 19 mil metros cúbicos de agua por hectárea al año. Y mientras las huertas crecen, los pozos rurales y los ejidos se secan.

HISTORIASMX. – Hablar del agua en Chihuahua es hablar del poder. Y escribir sobre la sobreexplotación de los mantos acuíferos, las perforaciones ilegales o el crecimiento desmedido del cultivo de nogal no es una tarea sencilla. Implica incomodar a quienes concentran la tierra, las bombas, los pozos y la influencia política detrás de cada hectárea de riego.

En los últimos años, quienes hacemos periodismo ambiental e hídrico en el estado hemos documentado, con base en evidencia científica y técnica, cómo los mantos freáticos del centro-sur de Chihuahua se agotan a un ritmo alarmante. El acuífero Jiménez-Camargo, por ejemplo, registra déficits superiores a los 200 millones de metros cúbicos anuales, mientras que los pozos ilegales siguen multiplicándose a la sombra de una institucionalidad que, o bien calla, o mira hacia otro lado.

El poder del agua y el miedo como método

Detrás de los campos verdes que contrastan con el desierto, hay un modelo de producción sustentado en la extracción sin control. El nogal pecanero, emblema del agroexportador chihuahuense, consume más de 19 mil metros cúbicos de agua por hectárea al año. Y mientras las huertas crecen, los pozos rurales y los ejidos se secan.

Quienes hemos decidido escribir sobre este desequilibrio, sobre el negocio del agua, sus redes y beneficiarios, lo sabemos bien: el costo personal es alto. En los últimos meses hemos recibido presiones, advertencias y quejas ante instituciones como la SADER estatal, que buscan “poner un alto” a nuestro trabajo. Se nos señala, se nos ubica, se nos nombra.

Los sectores nogalero y agrocapitalista saben quiénes somos, dónde escribimos y de qué hablamos. Saben que no hay sensacionalismo en nuestras notas, sino datos, estudios, y la voz de comunidades que ven morir sus pozos, sus parcelas y su esperanza. Y por eso nos temen. Porque el periodismo, cuando se sostiene en la verdad, es una forma de resistencia.

Elegir seguir escribiendo.

Cada artículo, cada reportaje, es una decisión. Sabemos los riesgos: la intimidación, la censura, el aislamiento, incluso la posibilidad de que la violencia alcance a quienes sólo cumplen su deber de informar. Pero elegimos continuar. No por valentía heroica, sino por coherencia ética.

El agua es el eje de la vida en Chihuahua. Y su crisis no se resolverá con silencios impuestos, sino con información pública, debate abierto y transparencia real. Callar ante los intereses que saquean los acuíferos sería concederles lo que más buscan: impunidad.

No callar es nuestra forma de cuidar.

A quienes hoy intentan amordazar al periodismo del agua, les recordamos algo: nuestra labor no es personal, es social. Si algo nos ocurre, si alguna vez nuestra voz se apaga, ya está escrito —con claridad y nombre— quiénes se sienten amenazados por la verdad.

Seguiremos visibilizando el deterioro de los mantos acuíferos, el abuso en la frontera agrícola del nogal y las fallas institucionales que permiten esta crisis. Porque el silencio también contamina.

No callar es nuestra forma de cuidar el agua.

Por: Gorki Rodríguez / HISTORIASMX-LABP.

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