Entre murciélagos y fosas: la otra cara de Santa Eulalia

Semanas después de celebrarse el “Bat Weekend” para promover el turismo ecológico y la conservación de murciélagos, Aquiles Serdán volvió a ser noticia por razones muy distintas: la localización de dos tiros de mina usados como fosas clandestinas con al menos treinta cuerpos.

HISTORIASMX. – En los primeros días de octubre, Santa Eulalia, en el municipio de Aquiles Serdán, fue escenario de una iniciativa universitaria cargada de entusiasmo y esperanza. Estudiantes, profesores y visitantes participaron en el Bat Weekend, un evento impulsado por la Universidad Autónoma de Chihuahua (UACH) y el Ayuntamiento, con apoyo de los gobiernos estatal y municipal.

El propósito era noble: promover la conservación de los murciélagos y difundir el valor ecológico y turístico de las cuevas de la región, además de impulsar la actividad vinícola como alternativa económica para las comunidades del desierto chihuahuense.

La Callejoneada Cultural Universitaria, la cata de vinos “Entre Vinos y Alas” y el encuentro “Guardianes de la Noche” se llevaron a cabo con música, recorridos y discursos sobre la vida silvestre, en una de las zonas más emblemáticas de la minería colonial. Durante esos días, Santa Eulalia pareció reconciliarse con su historia: de la oscuridad de las minas a la luz del turismo cultural.

Nadie imaginaba que, apenas semanas después, los titulares volverían a colocar el nombre de Aquiles Serdán en el mapa, pero esta vez bajo un contexto devastador: la localización de fosas clandestinas al interior de tiros de mina abandonados.

Los tiros de la muerte.

De acuerdo con la Fiscalía General del Estado (FGE), al menos treinta cuerpos han sido recuperados en dos minas ubicadas en distintos puntos del municipio. Las autoridades llegaron hasta esos lugares tras una serie de rastros telefónicos vinculados a víctimas desaparecidas y denuncias anónimas que alertaban sobre actividades criminales.

En los reportes oficiales aparece el nombre de Luis Carlos V. R., alias “El Topo”, señalado como presunto líder criminal en la región, ligado por años al Cártel de Sinaloa y actualmente enfrentado a una facción identificada como Los Cabrera.

Las investigaciones revelan que los tiros de mina de Santa Eulalia y Santo Domingo fueron utilizados durante varios años como puntos de inhumación clandestina. En uno de ellos se encontraron restos de personas desaparecidas desde 2017 y 2019, entre ellas Yaqueline Almader Carrasco, Luis Martín Perea y su hija Gloria Ivanna, así como los jóvenes Antonio Mendoza Leal, José Antonio Maldonado Payán, Adrián Omar Aldaz, Ever Iván Muruato y Martín Refugio Piñón.

Todos fueron privados de la libertad en distintos puntos de la ciudad de Chihuahua. Sus restos fueron localizados años después, en las mismas minas que siglos atrás habían extraído plata y plomo, y que hoy devuelven huesos y silencios.

El segundo tiro y la historia que se repite.

En un segundo punto, localizado recientemente, las autoridades han rescatado diez cuerpos más. Los primeros análisis periciales indican que los cadáveres fueron arrojados a más de cien metros de profundidad, y que las muertes ocurrieron en distintos momentos.

Los investigadores creen que en ese lugar se depositaron al menos tres grupos distintos de víctimas, correspondientes a fechas de muerte entre agosto y octubre de 2025. Uno de los cuerpos identificados pertenece a Jair Núñez Gandarilla, originario de Durango, desaparecido el 29 de octubre, junto con Ezequiel y Juan Corral Acuña, quienes siguen sin ser localizados.

Los hallazgos confirman un patrón que se remonta por lo menos a ocho años atrás, cuando la misma organización criminal utilizó minas de Santa Eulalia para desaparecer personas.

Dos realidades, un mismo territorio.

Mientras los visitantes degustaban vino y admiraban el vuelo masivo de murciélagos en la Caverna de Santa Eulalia, bajo sus pies, el subsuelo guardaba otro relato: el de los desaparecidos.

El contraste resulta doloroso y simbólico. En la superficie, el discurso académico celebraba la vida y el turismo sustentable; bajo tierra, la realidad criminal exhibía las cicatrices de un territorio fragmentado entre la cultura y la violencia.

Lejos de responsabilizar a la universidad o a las instituciones promotoras, el episodio revela la brecha abismal entre la narrativa institucional y la vida cotidiana en muchas regiones del estado, donde los esfuerzos de divulgación científica y cultural conviven con los rastros de la desaparición forzada.

Entre la ciencia, la memoria y la violencia.

El Bat Weekend fue concebido como un acto de educación ambiental y apropiación del espacio público. Pero el hallazgo posterior en la misma zona abre un debate más amplio: ¿cómo hablar de turismo, de ciencia y de biodiversidad en territorios donde las heridas de la violencia siguen abiertas?

La Fiscalía mantiene las labores de rescate en los tiros de mina, mientras las familias de las víctimas esperan la confirmación de más identificaciones a través de pruebas genéticas.

El silencio de Santa Eulalia —ese pueblo que alguna vez fue símbolo de riqueza minera y hoy de fosas ocultas— es también el reflejo de un estado que oscila entre la vida y la muerte, entre la educación y la impunidad.

La historia de los murciélagos y la de los cuerpos hallados no deberían pertenecer al mismo lugar, pero en Chihuahua lo hacen. Y eso, quizá, es lo que más duele.

Por: HISTORIASMX-LABP.

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