Entre la precariedad laboral, la presión editorial y la falta de garantías, ejercer el periodismo en el estado se ha convertido en una profesión tan necesaria como desprotegida
HISTORIASMX. — En Chihuahua —como en buena parte de México— el periodismo vive una paradoja profunda: es una de las profesiones más relevantes para la vida pública, pero también una de las peor pagadas, menos protegidas y más vulnerables. Detrás de cada nota, cobertura o transmisión, hay reporteros que trabajan con salarios insuficientes, jornadas extendidas y presiones constantes, en un entorno donde la estabilidad laboral es la excepción y no la regla.
Una profesión mal pagada en todos los formatos
En prensa escrita, radio y televisión, las condiciones suelen converger en un mismo punto: bajos ingresos frente a altas exigencias. Reporteros que cubren jornadas completas —y muchas veces horas extra no pagadas— reciben remuneraciones que apenas alcanzan para lo básico, sin esquemas claros de crecimiento profesional.
A esto se suma una práctica recurrente en diversas empresas: contrataciones informales o esquemas precarios, falta de prestaciones completas y, en no pocos casos, ausencia de reparto de utilidades, aun cuando los medios mantienen operaciones sostenidas.
Presión, hostigamiento y desgaste
La precariedad económica se combina con dinámicas laborales desgastantes. En múltiples redacciones, los reporteros enfrentan:
- Metas editoriales rígidas (volumen de notas, inmediatez, exclusivas)
- Disponibilidad permanente (coberturas fuera de horario, fines de semana)
- Presión jerárquica para publicar sin margen suficiente de verificación
- Hostigamiento laboral en forma de descalificaciones, amenazas de despido o cambios arbitrarios de condiciones
Este entorno no solo impacta la calidad de vida, también erosiona la calidad del trabajo periodístico, al privilegiar la velocidad sobre la profundidad.
Precariedad que incrementa el riesgo
En un estado con retos de seguridad como Chihuahua, la falta de condiciones dignas no es un asunto menor. La combinación de bajos salarios y alta exposición puede traducirse en mayor vulnerabilidad:
- Menos recursos para coberturas seguras (traslados, equipo, protocolos)
- Mayor dependencia de fuentes de riesgo sin respaldo institucional
- Dificultad para negar coberturas peligrosas ante el temor de perder el empleo
La precariedad, en este contexto, no es solo un problema laboral: es un factor que agrava el riesgo.
Universidades: la promesa y la realidad
Mientras tanto, diversas universidades en Chihuahua continúan promoviendo la carrera de periodismo y comunicación como una vía de desarrollo profesional. Sin embargo, pocas veces se expone con claridad el escenario real al egresar: mercado saturado, sueldos bajos y alta inestabilidad.
Informar con honestidad no desincentiva vocaciones; al contrario, permite decisiones más conscientes. La formación académica debería incluir no solo habilidades técnicas, sino también panoramas laborales, derechos del trabajador y estrategias de inserción profesional en un entorno adverso.
El círculo de la desvalorización
La consecuencia es un círculo difícil de romper:
- Se paga poco →
- Se normaliza la rotación y el desgaste →
- Se reduce la calidad y la profundidad →
- Se devalúa el trabajo periodístico →
- Se justifica pagar poco
Romper esta dinámica requiere voluntad empresarial, regulación efectiva y organización gremial.
¿Qué tendría que cambiar?
- Salarios dignos y contratos formales, con prestaciones completas
- Respeto a la jornada laboral y pago de horas extra
- Protocolos de seguridad para coberturas de riesgo
- Políticas contra el hostigamiento laboral
- Transparencia en utilidades y esquemas de incentivos
- Vinculación real entre academia y mercado laboral
No se trata de romantizar la precariedad como “vocación”, sino de reconocer el valor del trabajo y garantizar condiciones mínimas para ejercerlo con dignidad.
Conclusión
El periodismo en Chihuahua no necesita discursos grandilocuentes; necesita condiciones justas. Mientras la profesión siga siendo mal pagada y altamente presionada, la sociedad también pierde: menos tiempo para investigar, menos independencia para publicar y más riesgos para quienes informan.
Reivindicar el periodismo no es solo una causa del gremio. Es, en el fondo, una exigencia democrática.