Una revisión de bases de biodiversidad, inventarios estatales, estudios ecológicos y normas de conservación revela una región con 209 especies nativas de reptiles en su provincia mexicana, pero también vacíos de información y amenazas que no caben en una sola cifra.
Por Gorki Belisario Rodríguez Ávila | HISTORIASMX
Periodismo del Norte, Periodismo con Carácter
| HALLAZGO CENTRALEl recuento más reciente y amplio para la provincia biogeográfica mexicana del Desierto Chihuahuense registra 209 reptiles nativos: 92 lagartijas, 102 serpientes y 15 tortugas. No significa que las 209 especies vivan en cada estado ni en cada paraje. |
DESIERTO CHIHUAHUENSE.— Al amanecer, cuando la arena todavía conserva el frío de la noche, una lagartija puede asomar entre la gobernadora y desaparecer en segundos. Más tarde, una tortuga del Bolsón permanecerá casi inmóvil junto a su madriguera, y bajo una piedra quizá descanse una serpiente que nunca será vista por quien atraviese el camino. La mayor parte de la vida reptil del desierto ocurre así: discreta, fragmentada y a una escala que el ojo humano suele pasar por alto.
Durante mucho tiempo, el paisaje árido fue descrito como vacío. Los inventarios científicos cuentan otra historia. El Desierto Chihuahuense no es una planicie uniforme, sino un mosaico de pastizales, matorrales, sierras aisladas, dunas de yeso o cuarzo, ríos, manantiales y humedales. Ese relieve produce refugios térmicos, corredores y también islas ecológicas donde algunas especies evolucionaron con distribuciones diminutas.
La pregunta aparentemente sencilla —¿cuántos reptiles hay?— exige una respuesta con límites. Un catálogo depende del polígono estudiado, de la fecha, de la evidencia aceptada y de la taxonomía vigente. Por ello, este reportaje toma como eje el estudio de Lemos-Espinal, Smith y McCain publicado en Diversity en diciembre de 2024, el inventario regional más reciente localizado para la provincia biogeográfica mexicana, y lo contrasta con bases de CONABIO/SNIB, inventarios estatales, literatura ecológica, la Lista Roja de la UICN y la NOM-059 mexicana.
1. La cifra que encabeza el catálogo.
Bajo la delimitación biogeográfica empleada por el estudio de 2024, la porción mexicana del Desierto Chihuahuense cubre 578,002 kilómetros cuadrados. Su borde occidental se relaciona con la Sierra Madre Occidental y el oriental con la Sierra Madre Oriental; hacia el sur llega, según ese marco, hasta el Eje Volcánico Transmexicano. Los propios autores advierten que los límites norte y sur no son universalmente aceptados. Esa decisión cartográfica explica parte de la amplitud del catálogo.
Dentro de ese polígono se reconocieron 209 especies nativas de reptiles, distribuidas en 69 géneros y 20 familias. Las serpientes representan 48.8% del total; las lagartijas, 44.0%; y las tortugas, 7.2%. No se registran cocodrilianos como integrantes nativos de esta provincia. Además, el estudio separa del total nativo a cuatro reptiles introducidos: los gecos caseros Hemidactylus frenatus y H. turcicus, la serpiente ciega Indotyphlops braminus y la tortuga Graptemys pseudogeographica.
| Grupo | Géneros | Especies nativas | Proporción |
| Lagartijas (Squamata) | 23 | 92 | 44.0% |
| Serpientes (Squamata) | 39 | 102 | 48.8% |
| Tortugas (Testudines) | 7 | 15 | 7.2% |
| Total | 69 | 209 | 100% |
Cuadro 1. Composición del catálogo nativo. Cálculos porcentuales propios con datos de Lemos-Espinal, Smith y McCain (2024).
2. Veinte familias, cientos de estrategias.
La riqueza no está repartida de manera uniforme. La familia Phrynosomatidae —que reúne a lagartijas espinosas, falsos camaleones y lagartijas de arena— concentra 54 especies, más de una cuarta parte de todos los reptiles catalogados. Entre las serpientes, Colubridae aporta 46 especies. En las tortugas, Emydidae reúne siete. Estas cifras muestran que el desierto favoreció múltiples linajes terrestres, pero también conserva una fauna acuática que depende de oasis, ríos y ciénegas.
| Grupo | Familia | Especies |
| Lagartijas | Phrynosomatidae | 54 |
| Lagartijas | Teiidae | 10 |
| Lagartijas | Anguidae | 9 |
| Lagartijas | Scincidae | 8 |
| Lagartijas | Crotaphytidae | 3 |
| Lagartijas | Xantusiidae | 3 |
| Lagartijas | Eublepharidae | 2 |
| Lagartijas | Anolidae | 1 |
| Lagartijas | Dibamidae | 1 |
| Lagartijas | Iguanidae | 1 |
| Serpientes | Colubridae | 46 |
| Serpientes | Dipsadidae | 21 |
| Serpientes | Natricidae | 15 |
| Serpientes | Viperidae | 12 |
| Serpientes | Leptotyphlopidae | 5 |
| Serpientes | Elapidae | 3 |
| Tortugas | Emydidae | 7 |
| Tortugas | Kinosternidae | 5 |
| Tortugas | Testudinidae | 2 |
| Tortugas | Trionychidae | 1 |
Cuadro 2. Catálogo por familia. La grafía Xantusiidae se presenta con su forma taxonómica de uso actual; la tabla fuente emplea “Xantusidae”.
3. Por qué otros catálogos ofrecen cifras distintas.
Las cifras históricas no se contradicen necesariamente: con frecuencia están contando territorios diferentes. El Servicio de Parques Nacionales de Estados Unidos señala más de 170 especies de herpetofauna —anfibios y reptiles juntos— para el desierto en sentido estricto y cerca de 217 especies nativas para una ecorregión más amplia. Un estudio estatal de Coahuila, publicado en 2017, utilizó una referencia de al menos 177 tipos de reptiles para la ecorregión. La síntesis de 2024, en cambio, identifica 209 reptiles nativos únicamente en la provincia mexicana delimitada por sus autores.
El caso de Chihuahua ilustra cómo cambia una lista. El Estudio de Estado de CONABIO reportó 143 reptiles; una revisión científica de 2017 registró 137; y el inventario publicado a finales de 2024 elevó el total estatal a 146 reptiles: 53 lagartijas, 80 serpientes y 13 tortugas. El territorio no produjo nueve especies nuevas de un día para otro. Cambiaron la información disponible, los registros confirmados y, en ciertos casos, la forma de reconocer o nombrar linajes.
| CLAVE DE LECTURAUn inventario biológico es una fotografía fechada del conocimiento, no una lista eterna. Los nombres científicos cambian, aparecen registros documentados y las fronteras ecológicas rara vez coinciden con las políticas. |
Un catálogo sólido exige ejemplares de referencia en colecciones, observaciones verificables, localidades georreferenciadas, publicaciones y revisiones taxonómicas. El trabajo de 2024 armonizó los nombres con The Reptile Database y confrontó el estado de conservación con UICN 2024, SEMARNAT y el Environmental Vulnerability Score (EVS). Bases como el SNIB de CONABIO y GBIF agregan millones de registros, pero un punto en el mapa no equivale por sí solo a una población estable: puede corresponder a un ejemplar antiguo, una coordenada imprecisa o una identificación que después cambió.
4. Un desierto de altura, dunas y humedales.
Buena parte del Desierto Chihuahuense se encuentra entre 1,000 y 2,000 metros de altitud, aunque desciende aproximadamente a 350 metros cerca del río Bravo. La gran meseta está interrumpida por sierras que funcionan como islas de clima y vegetación. Entre ellas aparecen dunas aisladas —Samalayuca, Bolsón de Mapimí, Bilbao y Cuatro Ciénegas— capaces de separar poblaciones durante largos periodos.
El estudio distingue una subprovincia Coahuilense, más árida y septentrional, y una Zacatecana, al sur. La primera alberga 130 reptiles y la segunda 146; no deben sumarse, porque numerosas especies viven en ambas. La subprovincia sureña combina afinidades neárticas y neotropicales y mantiene conexiones con la Sierra Madre Oriental, el Eje Volcánico y la Sierra Madre Occidental. Casi la mitad de las especies del desierto también aparece en provincias vecinas, evidencia de que las transiciones y corredores son parte de la identidad biológica regional.
5. Lagartijas: termómetros con patas.
Los reptiles son ectotermos: regulan su temperatura mediante el comportamiento. Se asolean, buscan sombra, se refugian bajo rocas o utilizan madrigueras. Esa economía energética les permite sobrevivir con menos alimento que aves o mamíferos de tamaño similar, pero también los hace dependientes de ventanas térmicas precisas. Si el suelo es demasiado frío, no pueden moverse con eficacia; si se calienta en exceso, la actividad diurna se reduce y con ella el tiempo disponible para alimentarse y reproducirse.
Las lagartijas de arena del género Uma resumen el grado de especialización. Sus dedos presentan escamas en forma de flecos que mejoran la tracción; el hocico ayuda a penetrar el sustrato y el cuerpo puede “nadar” bajo la arena. Uma paraphygas y Uma exsul están restringidas a sistemas arenosos del centro del Desierto Chihuahuense. El conjunto de datos SNIB/GBIF dedicado a ambas documenta muestreos entre 1997 y 1999 y advierte una variabilidad genética particularmente baja en las especies mexicanas.
6. Serpientes: el miedo frente a los datos.
Las serpientes son el grupo más numeroso del catálogo, pero la cifra no debe confundirse con peligrosidad. De las 102 especies, 46 pertenecen a Colubridae y 21 a Dipsadidae; muchas son inofensivas para las personas y cumplen funciones como consumidoras de roedores, lagartijas, anfibios e invertebrados. Las familias de mayor importancia médica son Viperidae, con 12 especies en el catálogo, y Elapidae, con tres. Incluso en esos grupos, la prevención parte de una regla sencilla: observar a distancia y no capturar, acorralar ni intentar matar al animal.
La persecución humana forma parte de la vulnerabilidad. En la metodología EVS, el grado de persecución es un componente de riesgo; las cascabeles suelen recibir una penalización alta por la matanza deliberada. El miedo es comprensible en comunidades rurales donde el acceso a atención médica puede quedar lejos, pero eliminar indiscriminadamente serpientes no distingue especies y empobrece la red trófica. La respuesta pública más eficaz combina educación, protocolos de reubicación realizados por personal capacitado y atención médica oportuna ante una mordedura.
7. Tortugas: el grupo pequeño con la mayor alarma.
Solo 15 tortugas aparecen en el catálogo, pero como grupo presentan la vulnerabilidad promedio más alta: EVS medio de 15.4, frente a 13.2 en lagartijas y 11.6 en serpientes. Su longevidad, madurez tardía, baja reposición poblacional y dependencia de humedales o pastizales específicos hacen que la muerte de adultos tenga consecuencias prolongadas.
La tortuga del Bolsón, Gopherus flavomarginatus, concentra esa fragilidad. Es microendémica del Bolsón de Mapimí y la Lista Roja la coloca en Peligro Crítico; la evaluación citada por Lemos-Espinal y colegas identifica pérdida de hábitat, cambio climático y consumo humano entre sus presiones. La tortuga de caja de Coahuila, Terrapene coahuila, depende de las ciénegas de Cuatro Ciénegas y fue elevada a “En peligro de extinción” en la modificación de 2019 de la NOM-059. Trachemys taylori enfrenta además hibridación con tortugas introducidas; Trachemys gaigeae, contaminación y comercio como mascota.
8. Endemismo: riqueza que también significa fragilidad.
De las 209 especies nativas, 99 son endémicas de México —47.4%— y 16 son microendémicas de la propia provincia desértica. Una especie microendémica puede existir en pocas dunas, una sierra o una cuenca. Eso la vuelve irremplazable, pero también significa que una carretera, un desarrollo urbano, una mina, la extracción de agua o el cambio de uso del suelo pueden afectar una fracción importante de toda su distribución.
Uma paraphygas constituye un ejemplo cercano. La especie ocupa dunas del Bolsón de Mapimí en Chihuahua, Coahuila y Durango; su localidad tipo se ubica cerca de Carrillo, Chihuahua. Estudios de captura y recaptura en la Reserva de la Biosfera de Mapimí encontraron que su densidad y biomasa variaban con la precipitación acumulada. La conclusión no es que la lluvia sea el único factor, sino que una población de distribución estrecha responde con sensibilidad a las oscilaciones ambientales.
9. Tres sistemas de alerta que no dicen lo mismo.
El estado de conservación depende de la escala y del método. La UICN evalúa el riesgo global; la NOM-059 establece categorías legales en México; y el EVS pondera distribución geográfica, amplitud ecológica y vulnerabilidad biológica o presión humana. Sus resultados no son intercambiables.
| Sistema | Cobertura | Resultado | Lectura |
| UICN | 182 evaluadas | 19 en VU, EN o CR; 7 casi amenazadas; 9 con datos deficientes; 27 sin evaluación en la síntesis | Escala global |
| NOM-059 | 209 contrastadas | 44 en protección especial, 33 amenazadas y 6 en peligro; 126 no listadas | Efecto legal en México |
| EVS | 200 evaluadas | 86 con puntuación alta (43.0%) | Vulnerabilidad biológica y ecológica |
Cuadro 3. La categoría “amenazada” de la NOM y la palabra “amenazada” usada en sentido general no son equivalentes. VU = Vulnerable; EN = En Peligro; CR = En Peligro Crítico.
La diferencia más reveladora aparece entre los 19 reptiles clasificados por la UICN en Vulnerable, En Peligro o En Peligro Crítico y los 86 que el EVS considera de alta vulnerabilidad. No prueba que un sistema esté equivocado. Muestra que muchas especies de distribución pequeña o ecología especializada aún no cruzan el umbral formal de una lista global, o carecen de información suficiente. La ausencia en una categoría de amenaza no equivale a ausencia de riesgo.
En México, las 44 especies bajo protección especial también forman parte de la lista legal de riesgo. El estudio de 2024 destacó por separado las categorías más severas de la NOM: 33 amenazadas y seis en peligro de extinción, 39 especies en total —18.7% del catálogo—. Si se incorporan las de protección especial, 83 de 209 reptiles aparecen en alguna categoría de la NOM usada por los autores.
10. Las amenazas no llegan solas.
La revisión científica identifica una combinación de urbanización, conversión de hábitat a agricultura, extracción de recursos, deforestación, ganadería extensiva, contaminación, colecta ilegal y cambio climático. En los pastizales del norte, la agricultura modifica cobertura, suelo e hidrología; en las ciénegas, los agroquímicos y las actividades industriales afectan agua y salinidad; en las dunas, vehículos fuera de camino y compactación destruyen microhábitats.
Las carreteras producen mortalidad directa y pueden cortar el flujo genético. No todas las especies responden igual: una lagartija que evita el asfalto enfrenta un problema distinto de otra que lo cruza con frecuencia. La investigación en el norte del Desierto Chihuahuense ha mostrado precisamente esa necesidad de evaluar especie por especie, sin convertir “las carreteras dañan” en una explicación única.
El muro fronterizo añade una fractura binacional. La síntesis de 2024 advierte que anfibios y reptiles del Trans-Pecos dependen de la conectividad para dispersarse, mantener flujo génico y alcanzar agua y refugios. Un análisis publicado en 2025 contabilizó 231 especies de herpetofauna compartidas a lo largo de toda la frontera México-Estados Unidos y 62 de alta vulnerabilidad; Chihuahua y Texas concentraron la mayor riqueza fronteriza. La cifra incluye otras ecorregiones, pero refuerza que la conservación no puede detenerse en una línea política.
El cambio climático actúa sobre todos esos impactos. Un modelo ecofisiológico para 30 especies desérticas de reptiles y anfibios de Estados Unidos y México proyectó la pérdida local de 38% de las poblaciones durante los siguientes 50 años bajo sus escenarios. No significa que desaparecerá 38% de los reptiles del Desierto Chihuahuense; es una proyección para un conjunto específico de especies y poblaciones. Sí muestra que superar límites térmicos y perder conectividad puede volver insuficiente el simple desplazamiento hacia zonas más frescas.
11. Chihuahua y Jiménez: una responsabilidad a escala mundial.
El inventario estatal de 2024 reconoce 146 reptiles en Chihuahua. Dentro de sus áreas naturales protegidas, la Reserva de la Biosfera de Mapimí registra 37 especies de herpetofauna en conjunto y resguarda tres endemismos nacionales. La reserva abarca territorios de Jiménez, en Chihuahua; Sierra Mojada, en Coahuila; y Mapimí y Tlahualilo, en Durango. CONANP la identifica como la principal zona de distribución de la tortuga del Bolsón y como hábitat de la lagartija arenera de Chihuahua.
Esa geografía conecta la ciencia con la vida cotidiana. La conservación no ocurre solamente en laboratorios o decretos: pasa por ejidos, caminos ganaderos, pozos, cercos y decisiones de uso del suelo. En 2017, comunidades, CONANP y organizaciones instalaron 16.5 kilómetros de cercos para excluir ganado en sitios con colonias de tortuga y trabajaron 40 hectáreas con microcuencas para recuperar pastizal nativo. La medida buscó alimento y refugio para Gopherus flavomarginatus, pero también infiltración de agua y resiliencia para el paisaje.
El enfoque es importante porque evita presentar a la población local como una amenaza abstracta. La agricultura, la ganadería y la extracción tienen actores, necesidades y escalas distintas. Las soluciones duraderas requieren vigilancia contra cambios ilegales de uso del suelo, pero también apoyos, alternativas productivas, restauración y participación comunitaria. El programa federal PROREST vigente en 2026 mantiene precisamente la participación de habitantes y academia como principio para restaurar ecosistemas en áreas protegidas.
12. Lo que todavía no sabemos.
La precisión del número 209 no debe ocultar vacíos. Veintisiete especies del catálogo no contaban con evaluación UICN en la síntesis; nueve aparecían con datos deficientes. Muchas localidades han sido muestreadas una sola vez o durante estaciones favorables. Las especies nocturnas, fosoriales o de actividad breve después de las lluvias son especialmente fáciles de subregistrar.
También persiste un sesgo territorial. Las áreas cercanas a carreteras, ciudades, estaciones biológicas o sitios turísticos suelen acumular más observaciones que ranchos remotos. Por eso, un mapa con pocos puntos puede significar rareza real, poca búsqueda o ambas cosas. Los inventarios deben actualizarse con monitoreo repetido, fotografías verificables, grabación de coordenadas responsable y ejemplares de referencia cuando los protocolos científicos y permisos lo justifiquen.
13. Convivir sin romantizar el riesgo.
Proteger reptiles no implica negar que algunas serpientes son venenosas ni pedir a una familia que acepte un animal dentro de su vivienda. Significa diferenciar encuentro, emergencia y conservación. En campo, la conducta más segura es mantener distancia, no manipular y permitir una ruta de escape. En una zona habitada, debe recurrirse a Protección Civil, bomberos o personal autorizado; una mordedura requiere atención médica inmediata.
La fotografía y la ciencia ciudadana pueden ampliar el catálogo si no revelan públicamente la ubicación exacta de especies sensibles ni promueven su captura. Un registro útil incluye fecha, ambiente y una imagen tomada sin acosar al ejemplar. La colecta, posesión o comercio de especies protegidas sin autorización puede constituir infracción o delito. La curiosidad pública aporta más cuando se convierte en documentación responsable.
Conclusión: un catálogo que obliga a mirar.
El Desierto Chihuahuense no puede resumirse en cascabeles ni en una cifra. Su catálogo reúne 209 reptiles nativos bajo una delimitación científica amplia de la provincia mexicana: especies comunes y microendemismos, habitantes de dunas y de ciénegas, depredadores discretos y tortugas que pueden vivir décadas. El número es una línea base, no un inventario terminado.
La lección más humana está en la escala. Para una comunidad, una duna puede parecer un terreno disponible; para Uma paraphygas, puede ser casi todo el mundo. Un pastizal puede verse improductivo; para la tortuga del Bolsón, es alimento, refugio y continuidad. Catalogar no consiste solo en nombrar animales: es reconocer qué perderíamos antes de que la ausencia se vuelva costumbre.
Nota metodológica.
Este reportaje realizó una revisión documental de artículos científicos arbitrados, inventarios de biodiversidad, bases de registros biológicos y fuentes oficiales consultadas hasta el 2 de septiembre de 2026. El eje cuantitativo es Lemos-Espinal, Smith y McCain (2024), cuya Tabla Suplementaria S1 contiene la lista especie por especie. Las cifras de conservación se reproducen según la versión y categorías usadas por ese trabajo. Al cierre de la revisión, la plataforma oficial de normalización seguía reportando vigente la NOM-059-SEMARNAT-2010, modificada en su anexo de especies en 2019; el documento publicado en abril de 2025 era todavía un proyecto de nueva norma. Los nombres y categorías deben verificarse nuevamente antes de emplearse en trámites legales o planes de manejo.