Donde Hierve el Agua: Un paraje termal en medio del desierto.

Los geólogos dicen que esta sierra es de origen volcánico, con un corazón aún caliente. De sus entrañas brotan dos nacimientos termales: Los Remedios y el Ojo del Caballo, ambos dentro del Ejido División del Norte, una comunidad donde apenas unas cuantas familias permanecen.

La vida que brota del desierto.

Reportaje Especial / HISTORIASMX. – En el extremo sur del municipio de Jiménez, donde los ejidos parecen vacíos y el aire seco se adhiere a la piel, se levanta una cordillera que rompe la monotonía del horizonte: la Sierra de los Remedios; una formación geológica de origen volcánico la cual tiene vario kilómetros de largo.
Su silueta rojiza se alza sobre el terreno seco y calichoso del Gran Desierto Chihuahuense, región compartida con Durango y Coahuila, dentro del enigmático Bolsón de Mapimí, una gran reserva de paisaje únicos y llena de una biodiversidad rica en flora y fauna.

Los geólogos dicen que esta sierra es de origen volcánico, con un corazón aún caliente. De sus entrañas brotan dos nacimientos termales: Los Remedios y el Ojo del Caballo, ambos dentro del Ejido División del Norte, una comunidad donde apenas unas cuantas familias permanecen.

Ahí, entre el polvo y el silencio, el agua caliente rompe la lógica del desierto. Es un fenómeno natural que parece un milagro.

Camino de polvo, viento y descubrimiento.

Para llegar, hay que desviarse en el kilómetro 165 de la Carretera Federal 49, rumbo a Durango.
El acceso no está señalizado; solo un camino de terracería que serpentea entre montículos de arena, rocas negras y matorrales.

Durante octubre de este año, la periodista Selene Ulate, originaria de Jiménez, visitó por primera vez este sitio. La acompañaba su cámara, una libreta y la curiosidad de quien busca historias en los rincones más olvidados.

—“Al principio pensé que era solo otro paraje seco,” cuenta Selene mientras recuerda el trayecto. “Pero conforme avanzas, algo cambia: el aire se vuelve más cálido, y de pronto… aparece el vapor. Es como si el desierto respirara.”

El camino termina frente a una pequeña arboleda. Desde ahí, el sonido del agua es tenue pero constante.
A lo lejos, se alzan las sierras y, en medio de ellas, las albercas rústicas del Ojo del Caballo, un lugar que parece suspendido en el tiempo.

El guardián del agua.

El sitio pertenece a Don Domitilo, un hombre de más de 70 años de edad, que ha dedicado su vida a cuidar este rincón del desierto, en conjunto con su esposa Doña Lencha, quienes viven en este oasis en medio del desierto.
Su piel está curtida por el sol y su voz conserva el tono pausado de quien ha aprendido a escuchar al viento.

Consulta la primera parte de la saga de documentales:Este reportaje forma parte de la saga: Un Ejido Turístico en medio del desierto jimenense. Las tumbas que nadie visita: el enigma del panteón antiguo en la Sierra de los Holanes
https://historiasmx.com/las-tumbas-que-nadie-visita-el-enigma-del-panteon-antiguo-en-la-sierra-de-los-holanes/

—“Mis padres llegaron hace más de sesenta años,” recuerda. “Entonces esto era parte de la Hacienda de los Remedios. Mi padre cavó con pico hasta que brotó el agua caliente. Desde entonces no ha dejado de correr.”

Las aguas termales fluyen a temperaturas entre 35 y 40 grados centígrados, ricas en minerales como azufre, calcio y magnesio.
El vapor cubre las albercas de piedra y el aire huele a tierra húmeda, una rareza en medio del desierto.

Selene observa con asombro y anota en su libreta.

—“Nunca había visto algo igual en Chihuahua,” dice con emoción. “Este lugar tiene alma. No solo es un balneario, es un refugio natural, un testigo del tiempo.”

Don Domitilo sonríe.

—“Eso mismo pienso yo, señorita. Aquí el agua no se apaga, ni aunque el mundo la olvide.”

Fotografía: Gorki Rodríguez / HISTORIASMX.

Entre el abandono y la resistencia.

El Ojo del Caballo se encuentra cerca de la Reserva de la Biósfera del Bolsón de Mapimí, pero carece de apoyo institucional, para desarrollar el potencial turístico que tiene -dado que sus dueños no cuentan con el recurso necesario para poder inyectarle el capital que requiere .


El camino está deteriorado, no hay señalización, ni promoción turística. Aun así, llegan visitantes guiados solo por la voz de quienes lo han descubierto y ahora por la maravilla del Google Maps, en donde puedes buscar el lugar ingresando desde un dispositivo móvil -aguas termales el Ojo del Cabalo-.

—“He pedido muchas veces que arreglen el acceso, pero no pasa nada,” lamenta Don Domitilo. “Aquí el gobierno no llega. Pero yo sigo, porque este lugar es mi vida.”

Selene recorre el área y mira alrededor.

—“Esto podría ser un destino emblemático del sur de Chihuahua,” comenta. “Tiene todo: paisaje, historia, silencio. Solo falta voluntad para rescatarlo.”

Durante la pandemia, Don Domitilo tuvo que cerrar el lugar. “Fue duro,” dice. “El agua seguía saliendo, pero ya no había risas.”
Sin embargo, con la reapertura en 2021, regresaron las familias. Y con ellas, la esperanza.

La amenaza del despojo.

En 2022, hombres ajenos a la comunidad intentaron despojarlo del terreno.
Llegaron con documentos, decían tener derechos sobre el agua.

—“Querían hacer negocio, poner cabañas. Pero esto no se vende,” afirma Don Domitilo. “Yo nací aquí, y aquí me voy a morir.”

Selene escucha en silencio. Luego agrega:

—“Estas historias duelen. Representan lo que pasa en muchas partes de México: la gente que cuida, termina siendo la más desprotegida.”

Gracias al apoyo de conocidos, Don Domitilo detuvo temporalmente el intento de despojo. Pero la incertidumbre persiste, dado que en su momento, personas ajenas a su propiedad; ingresaron a cortarle el chorro del agua -bajo consigna de quitarle su propiedad y derecho de agua, mediante papeles falsos-

El espejo del desierto.

Desde el balneario se observa una panorámica impresionante: los cerros de San Ignacio, las Tetas de Juana y, a lo lejos, la entrada a la Zona del Silencio.
En las rocas se aprecian depósitos minerales de tonos blancos y ocres, y en primavera florecen pequeñas especies del desierto como las biznagas y las gobernadoras.

Selene, cámara en mano, no deja de admirar el entorno.

—“No entiendo cómo este sitio puede estar tan poco valorado,” comenta. “Si estuviera en otro país, habría filas de turistas. Aquí, en cambio, reina el silencio. Y ese silencio es hermoso.”

Un llamado desde el corazón de Jiménez.

Antes de despedirse, Selene se sienta junto al manantial. El vapor sube lentamente mientras el sol se oculta detrás de la sierra.
Mira a Don Domitilo y sonríe.

—“Yo quiero invitar a la gente de Jiménez y de todo Chihuahua a venir,” dice con convicción. “A conocer, a respetar, a apoyar lugares como este. No hay que ir lejos para encontrar belleza. Está aquí, en nuestra tierra, en el desierto que muchos olvidan.”

Don Domitilo asiente en silencio.

—“Mientras la gente venga con respeto, el agua los va a recibir con gusto,” responde.

La tarde cae sobre el Ojo del Caballo. El vapor dorado del agua se mezcla con el viento frío del desierto, y la figura de Don Domitilo se recorta frente a la luz que se apaga.

El lugar respira.
El desierto, una vez más, guarda su secreto.

Por: Gorki Rodríguez / HISTORIASMX-LABP.

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