El proyecto contempla la creación de un banco comunitario para conservar variedades de maíz, frijol, papa, haba y tejómar, además de recuperar prácticas ancestrales de intercambio
Bocoyna, Chihuahua.— Habitantes indígenas de San Ignacio de Arareco comenzaron un proyecto para preservar las semillas nativas de la Sierra Tarahumara ante la llegada de granos cuyo origen, composición y método de producción desconocen.
La iniciativa es impulsada por la asociación civil Dejando Huella, organización integrada por comunidades indígenas de la región de Bocoyna que trabaja en la preservación de la cultura, el desarrollo humano y el rescate de las tradiciones serranas.
Vicky Nevares, representante de la asociación, explicó que uno de sus principales objetivos es crear un banco comunitario de semillas que permita conservar variedades de papa, frijol, maíz, haba y tejómar, este último considerado un alimento característico de la zona montañosa.
De acuerdo con la representante, la preocupación surgió después de que las comunidades recibieran semillas de diferentes programas y apoyos sin contar con información suficiente sobre su procedencia, composición o tratamiento.
“A veces no sabemos realmente de dónde vienen las semillas, no sabemos si son transgénicas o si vienen fertilizadas; no sabemos qué estamos comiendo”, expresó.
Nevares señaló que la falta de información ha generado incertidumbre entre las familias, aunque aclarar si se trata efectivamente de semillas genéticamente modificadas requeriría información oficial, trazabilidad o análisis especializado.
La preocupación de la comunidad se concentra también en el posible desplazamiento de sus variedades tradicionales. Estas semillas no solamente forman parte de la alimentación cotidiana, sino que guardan una estrecha relación con la historia, la identidad y la cosmovisión de los pueblos originarios de la Sierra Tarahumara.
Comienzan la siembra en parcelas comunitarias
Como primera etapa del proyecto, se sembraron al menos cuatro parcelas en San Ignacio de Arareco con algunos de los principales alimentos consumidos por las familias serranas.
La cosecha está prevista para diciembre. Una parte de las semillas obtenidas será seleccionada y resguardada para conformar el futuro banco comunitario, mientras que posteriormente buscarán incorporar nuevas variedades.
El objetivo es contar con reservas que permitan mantener los ciclos de siembra y garantizar que las familias conozcan la procedencia de los alimentos cultivados dentro de sus propias comunidades.
La organización también pretende documentar el comportamiento de las semillas tradicionales y compararlo con el de otras variedades recibidas mediante programas externos. De esta manera esperan observar diferencias en adaptación, productividad y respuesta a las condiciones ambientales de la región.
Un banco inspirado en el intercambio ancestral
Una vez concluida la primera cosecha, la intención es ampliar el proyecto hacia más terrenos y comunidades para aumentar la cantidad y diversidad de semillas disponibles.
El funcionamiento del banco estaría inspirado en las prácticas ancestrales de trueque. Las familias podrían entregar una variedad y recibir otra, manteniendo un intercambio comunitario que favorezca la conservación y circulación de las semillas.
Más allá de almacenar granos, el proyecto busca recuperar conocimientos relacionados con la selección, siembra, cuidado y conservación de los cultivos. Estos saberes han sido transmitidos entre generaciones y constituyen una parte importante del patrimonio biocultural de la Sierra Tarahumara.
Nevares indicó que la iniciativa cuenta con el respaldo de habitantes de San Ignacio de Arareco y que posteriormente será difundida en otras zonas serranas de Chihuahua.
Para las comunidades participantes, preservar las semillas significa proteger mucho más que una fuente de alimento: representa conservar su autonomía, su memoria colectiva y una relación con la tierra construida durante generaciones.
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