Lejos de consolidar un gobierno eficiente y cercano a la ciudadanía, Calderón ha entrado en una espiral de crisis marcada por escándalos, renuncias, conflictos partidistas y acusaciones de nepotismo.
Hidalgo del Parral, Chih. — A menos de seis meses de haber asumido el cargo, el presidente municipal Salvador “Chava” Calderón se enfrenta a un severo deterioro en su imagen pública y en la conducción política de su administración. Las calles y redes de Parral lo resumen con un apodo que resuena cada vez más fuerte: “Chafa” Calderón.
Lejos de consolidar un gobierno eficiente y cercano a la ciudadanía, Calderón ha entrado en una espiral de crisis marcada por escándalos, renuncias, conflictos partidistas y acusaciones de nepotismo. Su reciente intento por imponer a un dirigente municipal afín dentro del Partido Acción Nacional (PAN) ha encendido una fuerte disputa interna que deja al descubierto las fracturas no solo de su administración, sino también de su influencia política.
Gobierno en ruinas: renuncias masivas y una administración sin rumbo
Desde el arranque de su gobierno, Calderón ha promovido una serie de cambios abruptos que han dejado al Ayuntamiento en una constante inestabilidad. En menos de medio año, más de la mitad de su gabinete ha sido sustituido, incluyendo áreas clave como Comunicación Social, Tesorería, Turismo y Seguridad Pública.
Funcionarios que en su momento fueron presentados como perfiles “profesionales y comprometidos” han salido por la puerta de atrás, algunos por diferencias irreconciliables con el alcalde y otros, simplemente, por incapacidad para operar ante un entorno político plagado de improvisaciones.
Nepotismo descarado: el clan Calderón toma el mando
Uno de los señalamientos más graves que enfrenta el edil es el uso del Ayuntamiento como una extensión familiar. Sus hermanos, Beto y Juan Calderón, operan abiertamente dentro del gobierno municipal, ya sea de forma oficial o a través de intermediarios. La ciudadanía y algunos regidores han señalado que estos familiares toman decisiones, presionan funcionarios y manipulan contratos, sin rendir cuentas a nadie.
A pesar de los intentos del equipo de comunicación de Calderón por maquillar estos hechos con anuncios de obras menores o actividades protocolarias, la percepción pública se inclina hacia el hartazgo y la desconfianza.
Voces internas se rebelan: síndica y regidores exponen las fallas
La síndica Dalila Villalobos ha emergido como una de las voces más críticas dentro del Ayuntamiento. A través de documentos, señalamientos públicos y sesiones de Cabildo, ha exhibido lo que califica como una administración errática, opaca y vertical. Algunos regidores han secundado sus reclamos, aunque enfrentan presiones y tácticas para acallar sus denuncias.
Estas tensiones se han agudizado con el paso de los meses, mientras Calderón insiste en minimizar la crítica y desviar la atención hacia disputas políticas dentro de su partido.
La guerra por el PAN: control político por encima del gobierno
En plena crisis de gobernabilidad, el alcalde ha optado por centrar su energía en controlar la dirigencia local del PAN. Su apuesta es Arturo Ruvalcaba, un personaje cercano y vinculado a su círculo más íntimo, respaldado además por el edil César Homero Armendáriz, otro de sus operadores de confianza.
La intención de imponer a Ruvalcaba ha generado rechazo dentro de la militancia tradicional panista, que no solo desconfía del perfil propuesto, sino que cuestiona la legitimidad de Calderón para influir en el partido cuando su gobierno carece de resultados tangibles y arrastra un creciente descrédito.
A esto se suma el pasado polémico de Ruvalcaba y Armendáriz, ambos involucrados en un altercado físico en un gimnasio local, lo que ha generado aún más divisiones internas.
Parral exige gobierno, no campañas internas
Mientras Calderón se concentra en las pugnas internas del PAN, la ciudad sufre los efectos de una gestión estancada y dividida. Las obras de impacto son escasas, el sector empresarial ha comenzado a marcar distancia y los ciudadanos se quejan de la falta de atención a servicios básicos.
Los problemas se acumulan: desorganización en eventos como las Jornadas Villistas, escándalos como la rifa de la motocicleta, decisiones cuestionables de gasto público y una creciente falta de transparencia.
¿Podrá Calderón recuperar la confianza ciudadana?
La pregunta que circula en calles, cafés y redes sociales es una sola: ¿tiene el alcalde la capacidad política y ética para corregir el rumbo? Por ahora, la respuesta parece negativa. Su popularidad se desploma, su liderazgo es cuestionado y su gestión es vista, cada vez más, como una oportunidad desperdiciada.
Parral, una ciudad históricamente exigente con sus gobernantes, esperaba más de Calderón. Hoy, lo apodan “Chafa” no por gusto, sino por decepción.