Familias enteras huyen de la sierra por miedo a los enfrentamientos entre grupos criminales; sobreviven en condiciones precarias en Parral y Chihuahua capital
HISTORIASMX.— En las montañas profundas de la Sierra Tarahumara, donde antes se escuchaban los cantos de los gallos y el rumor del río, hoy reina un silencio que duele. Las casas quedaron vacías, los cultivos abandonados y los caminos desiertos. Alrededor de 20 comunidades del municipio de Guadalupe y Calvo están prácticamente solas a causa de la violencia desatada entre grupos criminales, según informó el Colectivo Nuevo Amanecer, organización integrada por víctimas de desplazamiento forzado de la región serrana.
Éxodo forzado: familias que huyen sin mirar atrás
Los integrantes del colectivo explicaron que, en los últimos meses, los enfrentamientos armados en la zona fronteriza entre Chihuahua y Sinaloa han provocado la salida masiva de familias rarámuri y mestizas, que buscan sobrevivir lejos del fuego cruzado.
“Es un problema muy grave debido a que son alejados de sus tierras. El miedo de ser asesinados, el temor por sus niños, los hace huir, pero el camino es difícil y sin esperanza de tener una mejor vida”, relataron los representantes de la organización.
Entre las localidades más afectadas se encuentran Baborigame, El Durazno, Santa Rita, Mesa de San Rafael y San Juan Nepomuceno, todas pertenecientes a Guadalupe y Calvo y limítrofes con Badiraguato, Sinaloa, una de las zonas más violentas del país por la disputa de rutas y territorios criminales.
El Colectivo Nuevo Amanecer ha documentado más de cien personas desplazadas recientemente, aunque reconocen que la cifra real podría ser mayor, ya que muchos huyen sin reportarse ante las autoridades. “Si la violencia continúa, las comunidades van a seguir quedándose solas. Es urgente que las autoridades atiendan con acciones más concretas”, advirtieron.
Parral, refugio temporal en medio de la incertidumbre
De acuerdo con el colectivo, al menos 90 personas —en su mayoría mujeres, niñas y niños— se han asentado temporalmente en Hidalgo del Parral, buscando techo, comida y atención médica. Sin embargo, la vida en el exilio no ha sido fácil.
“Aparte de ser víctimas de desplazamiento, las familias también vienen con situaciones más difíciles. Tenemos el caso de dos pequeñas, una de ellas con un problema en su pierna, que necesita atención urgente con un angiólogo”, explicó una de las voceras del grupo.
Gracias a las gestiones del colectivo, algunas familias reciben una comida al día en el Centro Comunitario de La Almanceña, administrado por el DIF Municipal. No obstante, no todas las personas desplazadas logran acceder al apoyo. “Hay quienes viven en colonias lejanas y no saben cómo llegar; además, no tienen dinero para el transporte”, lamentaron.
Sobrevivir sin documentos, sin empleo y sin hogar
Los testimonios recogidos por HistoriasMX reflejan una vida marcada por la carencia. Las familias desplazadas huyeron con lo puesto, dejando atrás sus pertenencias, animales y cosechas. “Una despensa realmente no cubre todas sus necesidades. Vienen muchos menores, no tienen empleo, no tienen casa, no tienen dinero, y no pueden volver a sus hogares porque no existe la seguridad”, dijo un miembro del colectivo.
Algunos padres de familia han conseguido trabajo temporal en ladrilleras o talleres, donde no se les exige documentación oficial. Son apenas seis los que han logrado conseguir un ingreso constante. Los demás dependen de donaciones, apoyos esporádicos y de la solidaridad ciudadana.
Camino sin retorno: la esperanza en Chihuahua capital
Mientras unas familias intentan reconstruir su vida en Parral, otras setenta personas han continuado su trayecto hacia la ciudad de Chihuahua, con la esperanza de encontrar mayores oportunidades y seguridad.
“Algunas familias víctimas de desplazamiento continuaron su camino, ya que tienen la esperanza de que al ser Chihuahua más grande puedan comenzar con una nueva vida”, detalló el Colectivo Nuevo Amanecer.
Sin embargo, la realidad suele ser cruel. Muchas de estas familias llegan sin redes de apoyo, sin vivienda estable y con niños que no pueden inscribirse en la escuela por falta de documentos. La pérdida del hogar y la ausencia de acompañamiento institucional agravan su vulnerabilidad.
Comunidades fantasma: la Sierra que se queda vacía
En Guadalupe y Calvo, los efectos del desplazamiento son visibles. Las escuelas permanecen cerradas, las iglesias vacías y las tierras de cultivo abandonadas. En los caminos que conducen a las comunidades de la sierra, apenas se observan algunos perros hambrientos o casas con puertas abiertas, como si sus dueños fueran a regresar.
“Tal vez las balas ya no los alcanzan, pero el hambre les cala hasta lo más profundo”, expresaron los integrantes del colectivo.
El éxodo forzado no solo desintegra comunidades, sino también fractura la identidad y el tejido social de la Sierra Tarahumara. Muchos de los desplazados son personas mayores o niños pequeños que no conocen otro lugar más que el monte y sus caminos, hoy convertidos en territorios prohibidos.
Llamado urgente: “La paz no puede seguir esperando”
El Colectivo Nuevo Amanecer ha pedido acciones inmediatas del Estado mexicano para detener la ola de violencia que azota la región y garantizar condiciones de retorno seguro para las familias desplazadas.
“La sierra se está vaciando. La gente huye por miedo, no por voluntad. Es urgente que se recupere la paz y que las autoridades garanticen el derecho a vivir sin miedo”, insistieron los representantes.
De no intervenir con rapidez, advirtieron, más comunidades podrían desaparecer, dejando una Sierra despoblada y marcada por el abandono.
Mientras tanto, las familias refugiadas en Parral y Chihuahua capital luchan por sobrevivir día a día, con la esperanza de que algún día puedan regresar a sus tierras, sembrar nuevamente y escuchar los sonidos que la violencia les arrebató.