En los pastizales áridos del norte mexicano, bajo la sombra de la extinción, un pequeño roedor endémico resiste al olvido, a las balas del exterminio agrícola y al despojo de su hogar natural. En Jiménez y el Bolsón de Mapimí, la vida subterránea clama por ser escuchada.
HISTORIASMX.- A ras del suelo, entre el pasto quebrado por el sol y los remolinos de polvo que recorren los llanos de Jiménez, un pequeño centinela asoma la cabeza. Con sus ojos brillantes y postura alerta, el Cynomys mexicanus, más conocido como perrito de la pradera mexicano, observa su entorno antes de lanzarse a un nuevo día de búsqueda de alimento y supervivencia.
Este carismático roedor, emparentado con las ardillas y los marmotas, ha habitado desde hace miles de años los valles semiáridos de Coahuila, Nuevo León, San Luis Potosí, Zacatecas y parte del suroeste de Chihuahua, particularmente en la zona de Jiménez y el Bolsón de Mapimí. Hoy, sin embargo, su existencia se encuentra gravemente amenazada. El avance de la agricultura, la ganadería intensiva y la fragmentación de su hábitat lo tienen en un estado crítico: en peligro de extinción.
🌾 Donde la tierra respira: hábitat y comportamiento
El perrito de la pradera mexicano no vive en árboles ni en madrigueras improvisadas: habita en complejas colonias subterráneas que construye en suelos libres de rocas, con preferencia por elevaciones entre 1,600 y 2,200 metros. Las extensiones semiáridas del Bolsón de Mapimí y los llanos de Jiménez son uno de sus últimos refugios en el norte del país.

Estos animales son de hábitos diurnos, viven en sociedad y emiten vocalizaciones similares a ladridos —de ahí su nombre— para advertir de peligros. Su dieta consiste principalmente en pastos y hierbas nativas, de las cuales obtienen no solo alimento, sino también la mayor parte del agua que necesitan. También consumen insectos de forma ocasional.
🐾 La vida bajo amenaza: de guardianes del ecosistema a “plaga agrícola”
A pesar de su importancia ecológica, estos roedores han sido por décadas tratados como plaga por productores agrícolas, quienes los consideran enemigos del forraje y los cultivos. En muchas regiones, los exterminios masivos mediante trampas, venenos y balas fueron promovidos por autoridades y asociaciones ganaderas, ignorando el papel fundamental que juegan como ingenieros del ecosistema: airean el suelo, favorecen la infiltración del agua y son presa clave para especies superiores.
Su área de distribución ha colapsado a menos de 600 km², fuertemente fragmentada y degradada. En regiones como Jiménez, los pastizales nativos han sido sustituidos por monocultivos o invadidos por pasto buffel, una especie forrajera introducida que altera el equilibrio ecológico, seca los suelos y expulsa a especies como el perrito llanero.
“Se pierde un ecosistema completo cuando se pierde una colonia de perritos de la pradera”, explica un biólogo local. “Con ellos se va una cadena alimenticia, un equilibrio de suelo, una forma de vida silenciosa pero imprescindible”.
🦅 Presa y protector: su papel en la red ecológica
Aunque pesa apenas un kilo, el perrito de la pradera es pieza central en la vida silvestre del norte mexicano. Es presa de coyotes, linces rojos, águilas reales, halcones, tejones y comadrejas, y su existencia favorece la presencia de todos ellos.

Sus túneles también benefician a otras especies de la región como serpientes, búhos cavadores y pequeños mamíferos. En el ecosistema del Bolsón de Mapimí, cada cueva de estos roedores representa un nodo de vida en una tierra cada vez más erosionada y fragmentada.
🛑 Cifras de alarma y esfuerzos de conservación
El panorama es crítico. Según especialistas, la pérdida de hábitat, la fragmentación y la percepción negativa del perrito de la pradera han llevado a un colapso poblacional. Sus colonias se reducen, desaparecen o quedan aisladas, impidiendo el flujo genético entre subpoblaciones.
| Indicador | Estado actual |
|---|---|
| Área total de distribución | < 600 km² |
| Estados con presencia histórica | 5 (incluyendo Chihuahua) |
| Fragmentación del hábitat | Alta |
| Tendencia poblacional | En descenso |
| Categoría en la NOM-059 | En peligro |
| Protección estatal destacada | Nuevo León (3 zonas ecológicas) |
En 2002, el gobierno de Nuevo León decretó las Zonas Sujetas a Conservación Ecológica La Trinidad, La Hediondilla y Llano La Soledad, donde se encuentran colonias de Cynomys mexicanus bien estructuradas. Sin embargo, en Chihuahua y particularmente en Jiménez, no existen programas formales de conservación para esta especie.
📍 El caso de Jiménez: entre el olvido y la posibilidad
En los alrededores de Jiménez, aún sobreviven pequeñas colonias dispersas de perritos de la pradera en ejidos semiabandonados y zonas de agostadero que no han sido completamente transformadas por la agricultura. Sin embargo, la falta de vigilancia ambiental, la presión del cambio de uso de suelo y el desconocimiento de su valor ecológico los pone en riesgo inmediato.
Los pocos investigadores que han monitoreado la región aseguran que si no se actúa ahora, la extinción local podría ocurrir en menos de una década.
“La gente los ve y piensa que hacen hoyos nada más, pero lo que no ven es que ahí empieza todo: desde la salud del suelo hasta la presencia de depredadores que controlan plagas reales”, afirma un ingeniero agrónomo de la región.
✊🏼 ¿Y ahora qué? Conservación desde lo comunitario
Salvar al perrito de la pradera en Jiménez y el Bolsón de Mapimí no depende únicamente de decretos oficiales. Requiere una revolución en la percepción social, educación ambiental, y la revaloración del territorio como red viva.
Organizaciones locales, escuelas rurales, ejidatarios y grupos de jóvenes ambientalistas podrían jugar un rol crucial si se les brinda apoyo para:
- Establecer zonas comunitarias de conservación.
- Impulsar proyectos de ciencia ciudadana para monitoreo de colonias.
- Promover educación ambiental y talleres escolares.
- Desarrollar estrategias de turismo ecológico responsable.
📌 Conclusión: escuchemos al subsuelo antes de que guarde silencio
En los llanos de Jiménez, el canto del viento se mezcla con los ladridos diminutos de un animal que representa mucho más que su tamaño. El perrito de la pradera mexicano es símbolo de un ecosistema resiliente, una conexión ancestral con la tierra, y un llamado urgente a repensar nuestra relación con el paisaje que habitamos.
Porque salvar a este pequeño roedor no es solo salvar una especie. Es salvar la historia biológica del norte de México, el alma de sus pastizales y el futuro de una tierra que, aún viva, resiste desde abajo.
📍 HistoriasMX continuará documentando la lucha por los ecosistemas invisibles de Chihuahua.