¿Porque el AGUA de Allende se esta agotando? Sobreexplotación y el sector nogalero detrás del problema.

El acuífero Jiménez–Camargo, del cual depende el Valle de Allende, ha sido catalogado por la Comisión Nacional del Agua (Conagua) como uno de los más sobreexplotados del estado. Su déficit anual supera los 167,374,574 m³ anuales, lo que significa que se extrae más agua de la que naturalmente se recarga.

HISTORIASMX / Reportaje especial. – En el mapa del sur de Chihuahua, el Valle de Allende se extiende como una planicie fértil que alguna vez fue símbolo de abundancia. Por sus tierras pasa el río Florido, uno de los afluentes más importantes del sistema hidrológico del Conchos, que a su vez alimenta el Bravo y sostiene la vida agrícola de una vasta región. Pero hoy, ese río y su valle enfrentan una de las crisis hídricas más severas de las últimas décadas.

La historia del agua en Allende está marcada por la contradicción: una zona que fue decretada de protección forestal y de recarga hídrica en 1952, bajo la orden del entonces presidente Miguel Alemán, es hoy un escenario de sobreexplotación del acuífero, deforestación acelerada y expansión agrícola sin control.

Un valle en transformación.

El decreto de 1952, emitido por la Secretaría de Recursos Hidráulicos, estableció la cuenca de alimentación del río Florido como zona protectora forestal y de repoblación. El objetivo era claro: preservar los bosques de encino, álamo y mezquite que actuaban como filtros naturales, recargando los mantos freáticos y regulando el caudal del río.

La medida incluía porciones de los municipios de Villa López, Jiménez, Coronado, Camargo y Allende, que compartían la responsabilidad de mantener viva una cuenca estratégica para el equilibrio hidrológico del sur del estado. Sin embargo, con el paso de los años, el decreto quedó relegado frente a la presión de la agricultura comercial y la apertura de nuevas tierras para cultivo.

La expansión del nogal: un cultivo sediento.

De acuerdo con registros del Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera (SIAP) y la Secretaría de Agricultura, el municipio de Allende cuenta actualmente con 4,881.31 hectáreas de nogal, un cultivo de alto valor comercial pero también de altísima demanda hídrica.

Cada hectárea de nogal requiere en promedio 19,000 metros cúbicos de agua por año, lo que significa que el cultivo consume más de 92 millones de metros cúbicos anuales, cifra equivalente a la dotación anual de agua potable para una ciudad de más de 800,000 habitantes.

La expansión nogalesca, impulsada por el alto precio de exportación de la nuez pecanera, ha transformado radicalmente el paisaje del Valle de Allende: donde antes había pastizales, huertos mixtos o zonas de recarga, hoy predominan los monocultivos alineados y los sistemas de riego por goteo alimentados desde pozos profundos.

El acuífero en jaque.

El acuífero Jiménez–Camargo, del cual depende el Valle de Allende, ha sido catalogado por la Comisión Nacional del Agua (Conagua) como uno de los más sobreexplotados del estado. Su déficit anual supera los 167,374,574 m³ anuales según la CONAGUA, lo que significa que se extrae más agua de la que naturalmente se recarga.

Estudios del Instituto Mexicano de Tecnología del Agua (IMTA) y de la Universidad Autónoma de Chihuahua indican que la sobreexplotación se agrava por la falta de control en la perforación de pozos y por la existencia de puntos de extracción no registrados que operan sin concesión oficial.

Aunque no existen datos oficiales actualizados para Allende, reportes de organizaciones agrícolas estiman que en el conjunto del sur de Chihuahua hay al menos 400 pozos ilegales o sin permiso, muchos de ellos vinculados a la expansión del nogal.

La huella invisible: deforestación y pérdida de humedales.

A la presión subterránea se suma el deterioro visible en la superficie. La tala ilegal y el cambio de uso de suelo han reducido drásticamente la cobertura vegetal de la cuenca. En las márgenes del río Florido, donde antaño abundaban álamos, sauces y carrizales, hoy predominan zonas erosionadas, parcelas agrícolas y suelos compactados que impiden la infiltración.

Los expertos locales advierten que el avance de la frontera agrícola, la construcción de la presa Pico del Águila en Coronado y la sobreexplotación de los pozos han fragmentado los ecosistemas ribereños. Con ello, no solo se pierde biodiversidad, sino también la capacidad natural del valle para almacenar agua.

Consecuencias sociales y riesgo futuro.

El impacto ya se percibe en la vida cotidiana. Agricultores medianos y pequeños enfrentan restricciones de riego, mientras que los pozos domésticos muestran niveles de abatimiento de hasta 10 metros en algunas zonas.

La creciente competencia por el agua está generando tensiones sociales, especialmente entre productores tradicionales y los nuevos inversionistas agrícolas con sistemas intensivos. Además, el municipio enfrenta una creciente incertidumbre sobre la disponibilidad futura de agua potable, especialmente en las comunidades rurales del valle.

De la protección a la extinción.

Setenta años después del decreto que buscaba proteger la cuenca, el Valle de Allende representa el reverso de aquella promesa. El desarrollo agrícola, la ausencia de planeación y el descuido institucional han llevado a la región de la protección a la extinción, de la conservación a la sobreexplotación.

La cuenca del río Florido, concebida como zona protectora, hoy agoniza entre pozos profundos, tierras agrietadas y árboles ausentes. Y mientras las estadísticas se acumulan en los escritorios institucionales, el agua —la verdadera riqueza del valle— sigue desapareciendo bajo el suelo.

En la superficie, el paisaje del Valle de Allende aún parece fértil. Pero bajo la tierra, los números hablan de un futuro incierto: un acuífero en crisis, un ecosistema degradado y una sociedad que se debate entre la producción y la supervivencia.

La historia del agua en Allende es, en el fondo, la historia de cómo una zona creada para proteger el recurso terminó devorándoselo.

Por: Gorki Rodríguez.

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