La Secretaría de Seguridad Pública del Estado de Chihuahua mantiene un discurso de profesionalización, pero los hechos recientes muestran un vacío estructural. No hay programas sólidos de atención psicológica preventiva para policías, ni estudios rigurosos que midan la evolución emocional y mental de los agentes.
HISTORIASMX. – El asesinato de mujeres a manos de policías en Chihuahua, ocurrido en tres episodios violentos en menos de una semana, expone con crudeza no solo la persistencia del feminicidio en la entidad, sino también la fragilidad psicológica y emocional de quienes integran las corporaciones encargadas de proteger a la ciudadanía.
El feminicidio agravado cometido presuntamente por Ricardo D. R., director de Seguridad Pública Municipal en Gran Morelos, el asesinato de la cadete Teresa R. M. en un hotel de Chihuahua capital a manos de un policía estatal en activo que luego se suicidó, y el caso de Nuevo Triunfo, donde un hombre relacionado con la muerte de una joven se quitó la vida, configuran un patrón inquietante: la violencia ejercida desde dentro de las instituciones de seguridad pública, combinada con un alarmante vacío de atención psicológica y control emocional.
El crimen desde la autoridad: feminicidio en Gran Morelos.
Ricardo D. R., con apenas 27 años de edad, ocupaba la máxima jefatura policial de Gran Morelos. Sin embargo, esa posición de poder no lo frenó de presuntamente disparar contra su esposa de 25 años tras una discusión. Cuatro balazos la arrancaron de la vida.
Su detención en flagrancia y la imputación por feminicidio no borran la inquietante pregunta: ¿cómo alguien con responsabilidad de mando en seguridad pública no fue detectado como un potencial agresor antes de llegar al cargo?
Muerte diádica en un hotel: la cadete y el agente estatal.
Un día después, el 14 de septiembre, la tragedia volvió a sacudir al estado. La cadete Teresa R. M., en formación como analista de la Secretaría de Seguridad Pública Estatal (SSPE), fue hallada sin vida en un cuarto de hotel junto al cuerpo de Alexandro Vladimir N. M., policía estatal en activo.
La hipótesis apunta a que el agente asfixió a la cadete y posteriormente se disparó en la cabeza con un arma larga. Se trata de un caso de muerte diádica, fenómeno creciente en México, donde la violencia de pareja culmina con el suicidio del agresor.
Nuevo Triunfo: otra historia que conecta violencia y suicidio.
Apenas el 8 de septiembre, Manuel A. A., de 49 años, fue hallado muerto en una brecha al norte de la ciudad de Chihuahua. Horas antes se le había vinculado con el asesinato de Karla C. E. C., de 28 años, en la colonia Nuevo Triunfo. Una vez más, violencia letal y suicidio se enlazaron.
El trasfondo psicológico: policías bajo estrés extremo.
Estos hechos no pueden analizarse de forma aislada. Expertos en criminalística como el doctor José Carlos Hernández, presidente de la Federación Mexicana de Criminología, advierten que el fenómeno de la muerte diádica y los feminicidios ligados a policías son consecuencia de altos niveles de estrés, neurosis, depresión severa y violencia interpersonal.
Los policías están sometidos a presiones laborales extremas: largas jornadas, exposición constante a la violencia, falta de estabilidad familiar y ausencia de redes de apoyo. Sin embargo, en Chihuahua —y en gran parte del país— no existen protocolos psicológicos continuos ni evaluaciones periódicas profundas que permitan identificar riesgos de agresividad, impulsividad o trastornos de conducta.
El abandono institucional: corporaciones sin control ni salud mental.
La Secretaría de Seguridad Pública del Estado de Chihuahua mantiene un discurso de profesionalización, pero los hechos recientes muestran un vacío estructural. No hay programas sólidos de atención psicológica preventiva para policías, ni estudios rigurosos que midan la evolución emocional y mental de los agentes.
El caso del director de Seguridad Pública de Gran Morelos es paradigmático: un joven al mando de toda una corporación local que, sin supervisión psicológica adecuada, terminó acusado de asesinar a su esposa.
Esto evidencia no solo fallas en los filtros de ingreso, sino también en el seguimiento emocional de quienes portan armas, ejercen autoridad y están llamados a garantizar la seguridad ciudadana.
Una crisis que exige reformas inmediatas.
Los recientes feminicidios perpetrados por policías no son hechos aislados, sino síntomas de una crisis más amplia: un Estado que no cuida a sus agentes ni a la ciudadanía.
Las medidas urgentes deberían incluir:
- Evaluaciones psicológicas periódicas y obligatorias para todo el personal policial, con especial énfasis en quienes ejercen mando.
- Programas de acompañamiento emocional para agentes expuestos a violencia crónica.
- Controles estrictos en el uso y portación de armas, vinculados a la estabilidad mental de los policías.
- Supervisión externa y autónoma en los procesos de selección y seguimiento del personal de seguridad pública.
Un Estado que no protege ni desde adentro.
Los feminicidios y muertes diádicas ocurridos en Chihuahua en menos de una semana son un espejo de la descomposición institucional. Cuando quienes deben proteger terminan asesinando, el mensaje para la sociedad es devastador: la violencia se ha infiltrado en el corazón mismo de las corporaciones de seguridad.
Mientras no existan controles psicológicos reales ni acompañamiento emocional para policías, la violencia seguirá incubándose en silencio hasta estallar en tragedias que, como las de este septiembre negro, dejan cicatrices imborrables en la confianza social.
Por: Gorki Rodríguez.