Desde cuchillos faraónicos hasta yunques indígenas en Chihuahua, México guarda un legado oculto de meteoritos usados como herramientas, símbolos sagrados y objetos científicos. Un recorrido entre códices, exploradores y rocas caídas del cielo.
Rocas del cielo: el origen místico de un legado metalúrgico
HISTORIASMX / Reportaje Especial. – En México, antes de que la palabra meteorito existiera, las piedras caídas del cielo ya eran parte de la vida y del imaginario colectivo. Las culturas prehispánicas no concebían su origen astronómico y las asociaban directamente con dioses vinculados al Sol, la Luna, la lluvia y las estrellas. La caída de un objeto incandescente era más que un fenómeno: era presagio, guía espiritual o anuncio de un desastre inminente. Las crónicas indígenas describen estos sucesos con precisión simbólica. Ejemplo de ello, el registro náhuatl de los citlalin popoca —“estrellas que humean”— y los citlalin tlamina —“estrellas flechadoras”— vinculados a señales políticas y religiosas.
Los códices sobrevivientes, como el Mexicanus y el Telleriano-Remensis, confirmaron que la caída de meteoritos era interpretada como señal de muerte o hambruna, similar a la superstición europea. El llamado “cometa de Moctezuma”, visto diez años antes de la llegada española, fue considerado el anuncio del fin del imperio mexica. Según el Códice Durán, el astrónomo Nezahuapilli advirtió al tlatoani que “vendrían calamidades y desventuras… que perdería sus señoríos”.
Un hierro más valioso que el oro
Meteoritos como materia prima ancestral
Durante milenios, las civilizaciones consideraron el hierro meteorítico como recurso divino. En México, pobladores de Toluca lo utilizaron para fabricar arados, cuchillos y yunques; los aztecas forjaron puntas de flecha que atribuían directamente al cielo al ser cuestionados por Hernán Cortés. Este metal era más valioso que el oro y su posesión otorgaba rango y poder.
Al mismo tiempo, otros meteoritos hallados en San Luis Potosí, Oaxaca y Chihuahua se convirtieron en utensilios domésticos o herramientas agrícolas. En la Sierra de Adargas, en Chihuahua, un meteorito fue incluso intentado fundir por herreros coloniales sin éxito, antes de ser llevado siglos después al Palacio de Minería en la Ciudad de México.
Siglo XIX: la fiebre del meteorito
Humboldt, la minería y el inicio de la ciencia mexicana
En 1803, Alexander von Humboldt llegó a la Nueva España e impulsó la búsqueda científica de estas rocas. Su trabajo y el de Antonio del Castillo cambiaron el enfoque nacional: de objetos místicos a piezas de estudio geológico. Meteoritos como los de Toluca, Zacatecas y Chupaderos fueron catalogados, pesados y trasladados a la capital.
Del Castillo impulsó su exposición pública; los bloques de Chupaderos —uno de 14 toneladas— sirvieron como base material para crear el primer mapa meteorítico del país, publicado en 1889.
Entre Chihuahua y Sinaloa: gigantes en silencio
Baracubirito y Casas Grandes, los colosos olvidados
México posee ejemplares que figuran entre los más singulares del planeta.
- Meteorito Baracubirito (Sinaloa)
Descubierto en 1863 y trasladado en 1959. Con 4.2 metros de longitud, es químicamente anómalo: no existe otro igual en la Tierra. Es el quinto meteorito metálico más grande conservado en el mundo. - Meteorito Casas Grandes (Chihuahua)
Hallado en una cámara mortuoria de Paquimé, envuelto en fibras de maguey, revela el estatus ceremonial que los pueblos del desierto otorgaban a estos materiales.
Estos hallazgos conectan el norte de México con una historia poco contada: la de comunidades indígenas que moldearon herramientas celestes mucho antes de que la ciencia confirmara su origen.
México en el mapa astronómico mundial
Del territorio mítico al laboratorio moderno
Con el siglo XX llegaron nuevos descubrimientos: el meteorito Acapulco, en 1979, reveló una composición inédita dentro de los registros científicos, mientras que el descubrimiento del cráter de Chicxulub, en la península de Yucatán, evidenció la capacidad de México para transformar la comprensión global de la historia del planeta. El hallazgo confirmó un impacto ocurrido hace 65 millones de años, asociado a la extinción de los dinosaurios.
Desde los códices mexicas hasta la investigación petrolera y la geología moderna, la historia mexicana de los meteoritos es también la historia del conocimiento científico.
El patrimonio celeste: entre museos, despojos y memoria
Hoy, muchos de estos meteoritos están en museos nacionales, aunque algunos terminaron en manos privadas o en colecciones extranjeras. La falta de protección legal específica, aunada a la venta irregular de fragmentos, abre interrogantes sobre la necesidad de declarar estas rocas como patrimonio cultural inalienable.
Los meteoritos en México no solo son piezas científicas: son capítulos de identidad histórica. Desde la advertencia de Nezahuapilli hasta Humboldt cargando piedras al Atlántico, el país parece mirarse siempre en el cielo para entender su propio destino.
FUENTE
Lara Lima, O. A. (s.f.). Meteoritos a la mexicana. Cienciorama. Universidad Nacional Autónoma de México. https://www.cienciorama.unam.mx/ (Documento proporcionado por el usuario).