Ubicado a escasos kilómetros de la comunidad de Corralitos, municipio de Casas Grandes, este sitio no solo es un atractivo para la investigación arqueológica, sino una joya cultural que revela la interacción del ser humano con un medio ambiente hostil, donde cada recurso debía aprovecharse al máximo.
HISTORIASMX – En el árido pero fascinante paisaje del noroeste de Chihuahua, un cerro de apariencia modesta se alza como un guardián de historias que comenzaron hace miles de años. Se trata del Cerro Juanaqueña, un sitio arqueológico único en su tipo que combina impresionantes petrograbados con un complejo sistema de terrazas y fortificaciones, testimonio tangible de la creatividad, organización y espiritualidad de los antiguos pobladores de la región.
Ubicado a escasos kilómetros de la comunidad de Corralitos, municipio de Casas Grandes, este sitio no solo es un atractivo para la investigación arqueológica, sino una joya cultural que revela la interacción del ser humano con un medio ambiente hostil, donde cada recurso debía aprovecharse al máximo.
🌄 Un cerro que mira al horizonte
El Cerro Juanaqueña domina visualmente el valle que lo rodea. Desde su cima, la vista se extiende hasta perderse en el horizonte, abarcando rutas naturales de comunicación y zonas fértiles para la agricultura. Para los antiguos pobladores, esta ubicación no era casual: desde aquí podían vigilar los movimientos de grupos vecinos, proteger sus recursos y planificar la siembra y cosecha en función del ciclo de lluvias.
El clima semiárido, con inviernos fríos y veranos intensamente calurosos, condicionaba la vida diaria. La presencia de agua en temporadas específicas y la disponibilidad de suelos cultivables eran factores que determinaban cuándo y cómo trabajar la tierra.
🪨 Petrograbados: el lenguaje de la piedra
En distintas laderas y afloramientos rocosos del cerro, decenas de bloques volcánicos fueron grabados con símbolos que han desafiado el paso del tiempo. Círculos concéntricos, espirales, líneas onduladas, figuras geométricas y representaciones de animales conforman un repertorio visual cuya interpretación sigue siendo materia de estudio.
Algunos investigadores sugieren que los círculos y espirales simbolizaban el sol y los ciclos de la naturaleza, esenciales para la planificación agrícola. Otros, que eran marcas territoriales o puntos de referencia astronómica. También se ha planteado que estas imágenes funcionaban como relatos visuales para transmitir mitos, enseñanzas y advertencias a las nuevas generaciones.
El proceso de elaboración era lento y laborioso: con herramientas de piedra más dura que la roca a grabar, se percutía o desgastaba la superficie, generando surcos que hoy, siglos después, aún se perciben con nitidez.
🏺 Una ciudad fortificada del pasado
El Cerro Juanaqueña no es únicamente un espacio de arte rupestre: es un asentamiento planificado. Las investigaciones del INAH documentan la existencia de más de 400 terrazas, construidas mediante muros de piedra sin argamasa, que servían tanto para la agricultura como para levantar viviendas y almacenes.
Estas terrazas estaban conectadas por senderos y escalones que facilitaban el tránsito en las laderas empinadas. La disposición de los muros sugiere que también cumplían una función defensiva, formando una especie de fortificación natural complementada con la arquitectura humana.
En las excavaciones se han encontrado metates, manos de moler, fragmentos cerámicos y puntas de proyectil, lo que indica que los habitantes cultivaban maíz, frijol y calabaza, complementando su dieta con la caza de venado y la recolección de plantas silvestres.
📜 Simbolismo y cosmovisión
Para comprender los petrograbados y el contexto de su producción, es necesario adentrarse en la cosmovisión de los pueblos que los crearon. En estas comunidades, el entorno natural no era visto solo como un recurso, sino como un ser vivo con el que había que mantener un equilibrio.
Los petrograbados podían marcar lugares sagrados, registrar eventos astronómicos como solsticios y equinoccios, o representar a seres míticos que protegían a la comunidad. La repetición de ciertos motivos sugiere la existencia de un lenguaje visual compartido, que posiblemente se transmitía de generación en generación como parte de rituales comunitarios.
🔍 Investigación y hallazgos recientes
El documento del INAH que detalla la riqueza de este sitio indica que el estudio de los petrograbados y las terrazas ha permitido identificar fases constructivas y ocupacionales, así como rutas de interacción con otras regiones del norte de México y el suroeste de Estados Unidos.
El análisis de la cerámica, por ejemplo, muestra influencias culturales de la tradición Mogollón y de pueblos de Oasisamérica, lo que revela que el Cerro Juanaqueña era parte de una red de intercambio de bienes, ideas y símbolos.
🛡️ Amenazas y desafíos para su conservación
A pesar de su valor histórico, el sitio enfrenta múltiples amenazas:
Erosión natural causada por el viento y la lluvia, que desgasta lentamente los grabados.
Vandalismo, incluyendo grafitis modernos que han dañado algunas rocas.
Saqueo de piezas arqueológicas, motivado por el mercado ilegal.
Ausencia de un plan integral de manejo y vigilancia que permita regular el acceso.
El INAH propone acciones como la instalación de señalética educativa, la restricción de acceso a áreas vulnerables, el monitoreo constante y la elaboración de réplicas de los petrograbados para fines turísticos y pedagógicos, evitando así la exposición directa de los originales.
📍 Un patrimonio que nos pertenece a todos
El Cerro Juanaqueña es mucho más que un conjunto de piedras grabadas. Es una memoria viva de la resistencia y creatividad de los pueblos originarios frente a un entorno exigente. Su preservación no es solo un deber institucional, sino una responsabilidad colectiva.
Como señala uno de los especialistas citados por el INAH:
“Estos petrograbados no son adornos ni simples dibujos: son mensajes que cruzaron siglos para llegar a nosotros. Si no los cuidamos, perderemos páginas enteras de la historia de Chihuahua.”