Esta formación geológica que asimila una especie de cenote -pero en vez de ser uno de la Rivera Maya, esta en terrenos del gran Desierto Chihuahuense- esta ubicado en el faldeo de la Sierra del Diablo en el municipio de Jiménez, en área de un rancho privado.
HISTORIASMX. – En el extremo sur del municipio de Jiménez, Chihuahua, se localiza una de las formaciones geológicas más singulares del norte del país: el Cenote El Hundido, ubicado en la parte final sur de la Sierra el Diablo, una cavidad natural de origen kárstico que ha sido objeto de interés por su estructura, su microclima y la presencia documentada de colonias de murciélagos en su interior.

El Hundido forma parte de un conjunto de depresiones y fallas geológicas en las faldas de la Sierra del Diablo, caracterizadas por un subsuelo calizo que ha permitido la formación de cuevas, pozos y cámaras subterráneas. Estas condiciones generan un hábitat ideal para diversas especies de quirópteros, cuya presencia ha sido constatada en observaciones locales y publicaciones periodísticas recientes.
Esta formación geológica que asimila una especie de cenote -pero en vez de ser uno de la Rivera Maya, esta en terrenos del gran Desierto Chihuahuense- esta ubicado en el faldeo de la Sierra del Diablo en el municipio de Jiménez, en área de un rancho privado.

Aunque hasta la fecha no existe un estudio académico específico sobre la colonia de murciélagos del Hundido, sí se han identificado registros regionales que permiten comprender su relevancia ecológica. Los inventarios de la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (CONABIO) y los catálogos faunísticos de la Universidad Autónoma de Chihuahua (UACH) documentan la existencia de al menos 26 especies de murciélagos en el estado, varias de ellas asociadas a ambientes cavernícolas.
Entre las especies más probables en el área destacan Tadarida brasiliensis (murciélago de cola libre mexicana), Myotis velifer (murciélago cavernícola) y Leptonycteris yerbabuenae (murciélago magueyero menor), especies conocidas por su adaptabilidad a cuevas y su función ecológica como controladoras de insectos o polinizadoras de plantas xerófitas.
La estructura del Hundido proporciona condiciones microclimáticas estables. En su interior se mantiene una temperatura más baja que la del entorno superficial, y la humedad generada por la corriente de un rio subterráneo contribuye a crear un ecosistema cerrado y autorregulado. Esta combinación de factores favorece la permanencia de colonias reproductivas y refugios temporales durante los periodos de migración.

La salida masiva de murciélagos al atardecer, es un indicador de que el sitio alberga una población significativa. Este fenómeno, visible en la época cálida del año, tiene implicaciones ecológicas relevantes, para los cultivos de la zona del desierto -entre las glorias 1, carrillo y ranchos aledaños- cumplen funciones esenciales dentro del ciclo natural de la región: controlan insectos agrícolas, dispersan semillas y contribuyen a la polinización de plantas nativas y cultivadas.
La falta de estudios técnicos puntuales en el lugar no disminuye su valor ambiental. Al contrario, revela un vacío de información que impide dimensionar el papel que este cenote desempeña en la red ecológica del semidesierto chihuahuense. Documentar su fauna es una tarea pendiente para la ciencia regional.
Murciélagos del Hundido: biodiversidad y función ecológica.
Los murciélagos representan uno de los grupos más diversos y funcionalmente importantes dentro de los ecosistemas áridos del norte de México. En el caso del municipio de Jiménez, los registros biológicos disponibles ubican su presencia en zonas de cuevas, pozos y refugios naturales, entre ellos El Hundido, considerado un punto de alta actividad quiropterológica según reportes de observación y notas técnicas locales.
De acuerdo con la literatura especializada sobre quirópteros de Chihuahua (López-González et al., Acta Zoológica Mexicana, 2018), las especies más comunes en el estado pertenecen a las familias Molossidae, Vespertilionidae y Phyllostomidae, grupos que agrupan tanto especies insectívoras como nectarívoras. Esta diversidad funcional convierte a los murciélagos en componentes estratégicos de los ecosistemas desérticos.

Los murciélagos insectívoros desempeñan un papel central en el control biológico de plagas agrícolas. Estudios regionales estiman que un solo individuo puede consumir entre 50 % y 100 % de su peso corporal en insectos cada noche, lo que se traduce en una reducción significativa de poblaciones de lepidópteros y dípteros dañinos para los cultivos. En regiones productoras de nuez y forraje —actividades predominantes en Jiménez—, este servicio ambiental tiene un valor económico tangible.
Por su parte, los murciélagos nectarívoros y frugívoros, como Leptonycteris yerbabuenae, cumplen una función clave en la polinización de plantas del género Agave y Cereus, características de los matorrales del desierto chihuahuense. Su interacción ecológica garantiza la reproducción de especies vegetales que sostienen a otros organismos del ecosistema, incluidos insectos, aves y pequeños mamíferos.
La estabilidad del microambiente dentro del Hundido sugiere que podría actuar como un refugio de maternidad y descanso, especialmente durante los meses cálidos. Las condiciones constantes de temperatura y humedad dentro del cenote lo convierten en un sitio óptimo para el desarrollo de crías y para la hibernación de algunas especies durante el invierno.
Sin embargo, la ausencia de monitoreo científico limita la comprensión de la dinámica poblacional y del estado de conservación de estas colonias. A diferencia de otras cuevas monitoreadas en el norte del país —como las de la Sierra de Órganos (Durango) o la Cueva del Diablo (Coahuila)—, El Hundido no cuenta con registros acústicos, censos visuales ni estudios de captura y liberación, que son métodos estándar para el seguimiento de quirópteros.
La información actual disponible se basa en observaciones directas y testimonios de visitantes, además de reportajes locales que destacan la salida masiva de murciélagos al atardecer. Este comportamiento es un indicador de actividad estable, pero no sustituye la evaluación científica necesaria para determinar la composición de especies, la estacionalidad y las amenazas que enfrentan.
Un estudio técnico permitiría conocer el papel exacto del Hundido dentro de la red de refugios naturales de la región, así como su conexión con los corredores biológicos del Bolsón de Mapimí y la Sierra Madre Oriental. Estos vínculos son esenciales para la migración de especies y la continuidad genética de las poblaciones de murciélagos en el norte del país.
Conservación, amenazas y perspectivas del Hundido.
La conservación de los murciélagos del Hundido se enfrenta a diversos desafíos que reflejan las tensiones entre la actividad humana y los ecosistemas subterráneos del desierto. Aunque el sitio no forma parte de un área natural protegida, su importancia biológica y geológica lo coloca dentro del interés potencial para programas de monitoreo y manejo ambiental.
Entre las amenazas más identificadas se encuentran la perturbación humana, la contaminación lumínica, el turismo no regulado y la acumulación de desechos en la zona perimetral. Durante los últimos años, el Hundido fue promovido como atractivo turístico, lo que en su momento incremento el flujo de visitantes y la exposición de las colonias a ruidos, luces y residuos que alteran su comportamiento natural.
Además de estos factores de riesgo, para los quirópteros que se encuentran habitando en el cenote del hundido -se desconoce si actualmente se les dejo esa estancia, derivado a la intervención humana- le sigue el de los pesticidas, agroquímicos e invasión del territorio, dado que en áreas limítrofes del hundido se desarrolla una siembra de cultivo de nogal. Esta siembra de nogal, pone en peligro la disponibilidad de agua de este río subterráneo que atraviesa el hundido .
La alteración de los ciclos de vuelo y descanso puede afectar los procesos de alimentación, reproducción y migración de los murciélagos. Estudios de referencia en cuevas del norte de México indican que los niveles elevados de ruido y luz artificial pueden reducir la actividad nocturna y provocar el abandono temporal de los refugios.
Adicionalmente, el cambio climático y la variación de temperatura en el subsuelo amenazan la estabilidad del microclima del Hundido. Un aumento sostenido de la temperatura ambiental podría modificar los patrones de humedad y ventilación interna, reduciendo la capacidad del sitio para albergar grandes colonias.
Frente a estas presiones, especialistas en biodiversidad han propuesto que El Hundido sea considerado para programas de monitoreo comunitario y conservación preventiva. Esto incluiría la instalación de equipos de grabación ultrasónica, registros fotográficos de salida de colonias, análisis de guano para identificación de especies, y la elaboración de un inventario faunístico inicial en colaboración con instituciones académicas.

La recomendación es que este tipo de refugios naturales sean integrados en redes de conservación locales, especialmente en municipios con actividad agrícola, donde la función ecológica de los murciélagos tiene repercusiones directas sobre la producción y la salud del ecosistema.
El papel de la comunidad local también es determinante. La educación ambiental y la difusión científica accesible pueden transformar la percepción social de los murciélagos, históricamente asociados con mitos o riesgos sanitarios. En contextos rurales, la información clara y técnica sobre su función ecológica permite reducir la persecución y promover su coexistencia.
La gestión responsable del Hundido requiere coordinación institucional. La Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT), el Instituto de Ecología de la UNAM y las universidades regionales cuentan con programas de monitoreo de quirópteros que podrían extenderse hacia esta zona. La participación del municipio de Jiménez sería clave para establecer protocolos de visita, señalización ambiental y protección perimetral.
El Hundido representa un microcosmos de la biodiversidad del norte mexicano. Su valor no se limita a lo visual o geológico; es, ante todo, un laboratorio natural que resume los equilibrios ecológicos de la región. Conocerlo y protegerlo no es un acto simbólico, sino una necesidad científica y ambiental.
Importancia.
Los murciélagos del Hundido son un componente esencial del patrimonio natural de Jiménez. Constituyen una población activa en un ecosistema subterráneo de alta sensibilidad ecológica.
El registro de su presencia es evidencia de que incluso en los ambientes más áridos del norte de México persisten procesos biológicos complejos que merecen estudio y protección.
La ausencia de investigaciones científicas específicas no debe interpretarse como desconocimiento, sino como una invitación a iniciar proyectos de exploración y monitoreo que permitan integrar al Hundido dentro de los mapas de biodiversidad regional.
El resguardo de este sitio —y de las especies que lo habitan— representa una oportunidad para fortalecer la cultura ambiental en Chihuahua y consolidar un modelo de conservación sustentado en conocimiento técnico y responsabilidad.
Fotografía: Antonio Holguín.