El crecimiento de las huertas en López y la presión sobre el acuífero del sur de Chihuahua
HISTORIASMX / Reportaje. – En el corazón del desierto chihuahuense, donde la lluvia anual apenas alcanza los 340 milímetros, el agua subterránea se ha convertido en el recurso más disputado del territorio. En municipios como López, Jiménez y Camargo, el desarrollo agrícola ha dependido históricamente de la extracción de agua del subsuelo.
En los últimos años, sin embargo, una actividad ha ganado protagonismo en el uso intensivo del agua: la expansión de las huertas de nogal.
El nogal pecanero se ha consolidado como uno de los cultivos más rentables del norte de México, pero también como uno de los más demandantes en consumo hídrico. En regiones áridas como el sur de Chihuahua, una sola hectárea de nogal requiere alrededor de 19 mil metros cúbicos de agua al año, volumen que generalmente se obtiene mediante bombeo de pozos profundos.
El problema es que esa agua proviene de un acuífero que ya presenta déficit estructural.
De acuerdo con el Estudio Técnico del Acuífero Jiménez-Camargo (clave 0832) elaborado por la Comisión Nacional del Agua, la recarga anual del acuífero es de 173.3 millones de metros cúbicos, mientras que la extracción total alcanza 303.1 millones de metros cúbicos anuales, lo que genera un déficit de más de 142 millones de metros cúbicos cada año.
Esto significa que el agua que se bombea del subsuelo supera ampliamente la capacidad natural de recarga, provocando un proceso de abatimiento progresivo del manto freático.
El crecimiento del nogal en el municipio de López.
El municipio de López forma parte de la superficie del acuífero Jiménez-Camargo, que abarca una extensión de 9,947 kilómetros cuadrados y comprende territorios de los municipios de Jiménez, Camargo, López, Allende, Coronado y otros de la región sur del estado.
Durante los últimos años, el cultivo del nogal se ha extendido en la zona agrícola del municipio, impulsado por la demanda internacional de nuez pecanera y por el valor económico del cultivo.
Sin embargo, el crecimiento de las plantaciones implica un incremento proporcional en el volumen de agua extraída del subsuelo.
Para dimensionar el impacto, se realizó un cálculo tomando como base el requerimiento hídrico promedio del nogal:
1 hectárea = 19,000 m³ de agua por año
Consumo anual de agua del nogal en López (2020-2025).
Año 2025.
- Superficie: 960 hectáreas
- Consumo por hectárea: 19,000 m³
Consumo total:
18,240,000 m³ de agua al año
Año 2024.
- Superficie: 1,125 hectáreas
Consumo total:
21,375,000 m³ de agua
Año 2023.
- Superficie: 1,158 hectáreas
Consumo total:
22,002,000 m³ de agua
Año 2022.
- Superficie: 1,374 hectáreas
Consumo total:
26,106,000 m³ de agua
Año 2021.
- Superficie: 1,015 hectáreas
Consumo total:
19,285,000 m³ de agua
Año 2020.
- Superficie: 1,290 hectáreas
Consumo total:
24,510,000 m³ de agua
Concentrado del consumo de agua (2020-2025).
Si se suman los volúmenes anuales estimados, el resultado revela el enorme impacto hídrico del cultivo en el municipio.
| Año | Hectáreas | Consumo de agua (m³) |
|---|---|---|
| 2025 | 960 | 18,240,000 |
| 2024 | 1,125 | 21,375,000 |
| 2023 | 1,158 | 22,002,000 |
| 2022 | 1,374 | 26,106,000 |
| 2021 | 1,015 | 19,285,000 |
| 2020 | 1,290 | 24,510,000 |
Consumo total en seis años:
131,518,000 metros cúbicos de agua
Para poner la cifra en perspectiva:
Ese volumen equivale aproximadamente a tres cuartas partes de la recarga anual total del acuífero Jiménez-Camargo.
Agricultura de alto consumo en un territorio de escasez.
El problema es que la expansión del nogal ocurre en una región que ya enfrenta condiciones naturales de escasez hídrica.
El estudio de CONAGUA señala que la región presenta clima seco y muy seco, con lluvias concentradas en verano y altos niveles de evaporación, lo que limita la infiltración y la recarga natural del acuífero.
Además, los registros históricos indican que las precipitaciones han disminuido gradualmente, fenómeno asociado a la sequía regional y al cambio climático.
Esto significa que mientras la disponibilidad de agua disminuye, la demanda agrícola continúa creciendo.
Y en esa ecuación, los cultivos intensivos como el nogal se convierten en uno de los factores más influyentes en el equilibrio hídrico del territorio.
Un cultivo rentable… pero sediento.
El nogal es considerado un cultivo estratégico para el norte de México debido a su alto valor comercial.
La nuez pecanera mexicana se exporta principalmente a Estados Unidos, China y Europa, lo que ha incentivado la expansión de huertas en estados como Chihuahua, Coahuila, Sonora y Durango.
Sin embargo, esa rentabilidad tiene un costo ambiental considerable.
Un solo árbol adulto puede requerir más de mil litros de agua por día en temporada de riego, dependiendo de las condiciones climáticas.
En regiones áridas, esto obliga a extraer agua de pozos profundos durante largos periodos del año, aumentando la presión sobre los acuíferos.
El agua invisible del desierto.
A diferencia de los ríos o presas, el agua subterránea es un recurso invisible, almacenado durante miles de años en los sedimentos del subsuelo.
Pero cuando se extrae a un ritmo mayor del que puede recargarse, el acuífero comienza a vaciarse.
Ese proceso ya ha sido documentado en el acuífero Jiménez-Camargo.
Los estudios técnicos muestran que la explotación intensiva ha provocado abatimiento del nivel del agua subterránea, desaparición de flujos naturales hacia los ríos y aumento en los costos de bombeo.
Y este fenómeno no solo afecta a la agricultura.
También pone en riesgo el abastecimiento de agua para las ciudades y comunidades rurales del sur del estado.
El crecimiento de las huertas en López y la presión sobre el acuífero del sur de Chihuahua.
Bajo las tierras agrícolas del sur de Chihuahua existe un sistema hídrico subterráneo que durante décadas ha sostenido el desarrollo económico de la región. Se trata del acuífero Jiménez-Camargo, una reserva de agua que abastece a ciudades, comunidades rurales y a la mayor parte de la agricultura en municipios como Jiménez, Camargo, López, Allende y Coronado.
Sin embargo, los estudios técnicos realizados por la Comisión Nacional del Agua muestran que este sistema hídrico lleva décadas sometido a una extracción superior a su capacidad natural de recarga, lo que ha provocado un descenso progresivo del nivel del agua subterránea.
El abatimiento del manto freático.
Uno de los indicadores más claros de la sobreexplotación del acuífero es el abatimiento del nivel estático, es decir, la profundidad a la que se encuentra el agua en el subsuelo.
Los registros históricos incluidos en el estudio técnico del acuífero muestran una tendencia clara:
- 1971: el nivel del agua subterránea se encontraba entre 5 y 80 metros de profundidad.
- 1988: el nivel descendió hasta 5 a 90 metros.
- 1997: el agua ya se encontraba entre 10 y 110 metros de profundidad.
- 2008: en algunas zonas el nivel alcanzaba hasta 100 metros bajo tierra.
Este descenso progresivo significa que los pozos deben perforarse cada vez más profundo para alcanzar el agua, lo que incrementa los costos de extracción y reduce la disponibilidad del recurso.
En términos hidrológicos, este fenómeno se conoce como cono de abatimiento, una depresión en el nivel del agua subterránea provocada por la extracción intensiva.
Un acuífero que se vacía más rápido de lo que se recarga.
El problema estructural del acuífero Jiménez-Camargo radica en un desequilibrio entre recarga natural y extracción.
De acuerdo con el balance hídrico:
- Recarga anual del acuífero:
173.3 millones de m³ - Extracción anual total:
303.1 millones de m³ - Déficit anual:
142 millones de m³
En otras palabras, cada año se extrae del subsuelo casi el doble del agua que la naturaleza logra reponer.
Ese déficit se compensa con el agua almacenada en el acuífero durante miles de años, lo que significa que el sistema funciona actualmente a costa de reservas no renovables.
La agricultura: el principal consumidor de agua.
El análisis de los aprovechamientos del acuífero muestra que el uso agrícola es el principal responsable de la extracción.
Según el estudio técnico:
- 96.4 % del agua subterránea se destina a uso agrícola
- 3.1 % corresponde a uso público urbano
- 0.4 % al sector industrial
- 0.1 % a uso doméstico y ganadero
Esto significa que prácticamente todo el volumen extraído del acuífero se utiliza para la producción agrícola, lo que convierte al sector rural en el principal actor en el equilibrio hídrico de la región.
En este contexto, el crecimiento de cultivos de alto consumo hídrico —como el nogal— adquiere una dimensión estratégica.
Cuando el acuífero deja de alimentar a los ríos.
Antes del desarrollo intensivo de la agricultura, el acuífero Jiménez-Camargo tenía un comportamiento hidrológico distinto.
El agua subterránea descargaba naturalmente hacia los ríos de la región, particularmente hacia el Río Florido, uno de los principales afluentes del Río Conchos.
Ese flujo natural se conoce como flujo base.
Pero la extracción intensiva ha modificado ese equilibrio.
Los estudios indican que el flujo base del Río Florido prácticamente ha desaparecido, debido a que el nivel del acuífero ha descendido tanto que ya no alimenta al río de manera natural.
Esto tiene consecuencias directas en el ecosistema regional, ya que los ríos dependen parcialmente del agua subterránea para mantener su caudal durante los periodos secos.
Sequía, agricultura y desertificación.
El sur de Chihuahua se encuentra en una región de clima seco y muy seco, caracterizada por precipitaciones escasas y altas tasas de evaporación.
El estudio del acuífero señala que la precipitación media anual es de 340 milímetros, una cantidad insuficiente para sostener una agricultura intensiva sin recurrir al bombeo de agua subterránea.
Además, los análisis climáticos indican que las lluvias han disminuido gradualmente en la región, fenómeno asociado a sequías prolongadas y a los efectos del cambio climático.
Cuando a esta condición natural se suma la extracción intensiva de agua subterránea, el resultado puede ser un proceso progresivo de desertificación.
La desertificación no significa necesariamente que el territorio se convierta en un desierto, sino que pierde su capacidad productiva debido al agotamiento del agua, la degradación del suelo y la pérdida de vegetación.
El riesgo para el futuro de la región.
La sobreexplotación del acuífero no es solo un problema ambiental.
También representa un riesgo económico y social.
Si el abatimiento del manto freático continúa, las consecuencias pueden incluir:
- Incremento en el costo de bombeo
- Inutilización de pozos agrícolas
- Disminución de la producción agrícola
- Conflictos por el acceso al agua
- Riesgos para el abastecimiento urbano
De hecho, el propio estudio técnico concluye que no existe disponibilidad de agua subterránea adicional para nuevas concesiones, lo que obliga a establecer controles más estrictos sobre la extracción.
El dilema del agua en el desierto.
El caso del nogal en el municipio de López refleja una contradicción cada vez más visible en el norte de México.
Por un lado, la agricultura intensiva ha impulsado la economía rural y ha convertido a Chihuahua en uno de los principales productores de nuez pecanera del país.
Pero al mismo tiempo, esa expansión depende de un recurso que cada año se vuelve más escaso: el agua subterránea.
En un territorio donde la lluvia es limitada y el acuífero ya muestra signos de agotamiento, la pregunta que comienza a surgir entre especialistas, productores y autoridades es inevitable: