La farmacia que crece entre espinas: las plantas medicinales del Desierto Chihuahuense

En uno de los territorios más secos de América del Norte, gobernadoras, hojasenes, nopales, damianas, mezquites y agaves conservan una memoria terapéutica transmitida durante generaciones. La ciencia ha comenzado a estudiar sus compuestos, pero también advierte que “natural” no significa necesariamente inocuo.

HISTORIASMX. – Cuando las primeras gotas golpean el suelo del desierto, la gobernadora desprende un olor intenso, terroso y resinoso. Para muchas familias del norte de México, ese aroma no anuncia solamente la lluvia: también evoca los remedios preparados por abuelas, parteras, campesinos y curanderos para lavar heridas, aliviar dolores o atender malestares digestivos.

En las comunidades rurales de Chihuahua, Coahuila, Durango, Zacatecas, Nuevo León y San Luis Potosí, las plantas del monte fueron durante siglos una de las pocas alternativas disponibles frente a la enfermedad. Antes de las clínicas, las farmacias y los caminos pavimentados, el conocimiento sobre una raíz, una corteza o una infusión podía significar la diferencia entre soportar una dolencia o quedar completamente desamparado.

Sin embargo, hablar de “plantas medicinales registradas en el Desierto Chihuahuense” exige una precisión importante: no existe hasta ahora un inventario único, definitivo y exclusivo para toda la ecorregión. Los registros se encuentran dispersos entre herbarios, estudios estatales, investigaciones etnobotánicas, colecciones universitarias y bases de datos de biodiversidad.

El conjunto disponible permite confirmar una riqueza extraordinaria, pero no autoriza a considerar todos los usos tradicionales como tratamientos clínicamente comprobados.

Un desierto que no está vacío.

El Desierto Chihuahuense se extiende desde Nuevo México y Texas hasta el altiplano del centro-norte de México. De acuerdo con el Servicio de Parques Nacionales de Estados Unidos, comprende aproximadamente 647 mil 500 kilómetros cuadrados, más de 90 % de ellos en territorio mexicano. Alberga hasta 3 mil 500 especies de plantas, cerca de mil consideradas propias o endémicas de la ecorregión y casi una cuarta parte de las especies de cactáceas conocidas en el mundo.

Sus paisajes no son uniformes. Incluyen llanuras cubiertas por gobernadora, pastizales, dunas de yeso, matorrales de lechuguilla, cañones, manantiales y sierras que funcionan como islas de vegetación. Esta diversidad explica por qué una planta conocida en Jiménez u Ojinaga puede no utilizarse de la misma manera en Saltillo, Real de Catorce o las comunidades rurales de Nuevo México.

La investigación más amplia localizada para el estado de Chihuahua, elaborada por Martha H. Royo Márquez y colaboradores, reunió información bibliográfica y registros botánicos sobre 605 especies medicinales, agrupadas en 375 géneros y 105 familias. El trabajo identificó mil 90 usos medicinales y encontró que 14 de las plantas documentadas estaban incluidas en alguna categoría de riesgo de la NOM-059-SEMARNAT-2010.

Esa cifra no equivale a 605 plantas exclusivas del desierto. Chihuahua también contiene bosques, barrancas y zonas de transición. El mismo estudio encontró mayor riqueza medicinal en bosques de encino y pino. No obstante, confirma la magnitud del patrimonio etnobotánico regional: el estado concentra aproximadamente 20.2 % de las especies medicinales reconocidas en México.

Los usos más numerosos estuvieron relacionados con el aparato digestivo, la piel y el tejido subcutáneo, y el sistema genitourinario. Esto refleja las necesidades históricas más inmediatas de las comunidades: tratar diarreas, cólicos, infecciones, heridas, inflamaciones y padecimientos urinarios cuando la atención médica formal se encontraba a horas o incluso días de distancia.

Las plantas que forman la botica del desierto.

La siguiente relación reúne algunas de las especies nativas, características o ampliamente presentes en ambientes áridos del Desierto Chihuahuense. Los usos mencionados corresponden a registros tradicionales; no deben interpretarse automáticamente como recomendaciones médicas.

PlantaNombre científicoUso tradicional documentadoEstado general de la evidencia
GobernadoraLarrea tridentataDolor, inflamación, reumatismo, heridas, trastornos digestivos, renales y biliaresNumerosos estudios químicos y preclínicos; su ingestión se relaciona con daño hepático y renal
HojasénFlourensia cernuaIndigestión, diarrea, malestares respiratorios y lavados externosActividad antimicrobiana observada principalmente en laboratorio; evidencia clínica insuficiente
NopalOpuntia spp.Diabetes, inflamación, heridas y problemas digestivosAlgunas pruebas en humanos sobre glucosa; faltan ensayos amplios y estandarizados
DamianaTurnera diffusaFatiga, ansiedad, debilidad y estimulación sexualEfectos preclínicos prometedores; evidencia clínica limitada
MezquiteProsopis glandulosa y especies relacionadasDiarrea, inflamación de garganta, heridas y afecciones ocularesUso etnobotánico extenso; poca validación clínica
EstafiateArtemisia ludovicianaCólicos, diarrea, dolor abdominal y parásitosEstudios farmacológicos preliminares; dosis y seguridad no están suficientemente estandarizadas
MariolaParthenium incanumDolor de estómago, fiebre, inflamación y padecimientos de la pielEvidencia principalmente tradicional y experimental
Sangre de dragoJatropha dioicaFortalecimiento de encías, caída del cabello, heridas y problemas cutáneosActividad biológica investigada en laboratorio; puede ser irritante
OcotilloFouquieria splendensCongestión, inflamación y trastornos circulatorios o pélvicosTradición regional; evidencia clínica muy escasa
LechuguillaAgave lechuguillaLavados externos, dolor e inflamación; también empleada como jabónSus saponinas pueden ser irritantes o tóxicas por vía interna
Palma o yucaYucca spp.Dolor articular, inflamación, heridas y usos higiénicosInvestigaciones sobre saponinas; beneficios clínicos no concluyentes
Chaparro amargosoCastela erecta subsp. texanaDiarrea, disentería y amibiasisExisten antecedentes farmacológicos, pero requiere supervisión y estandarización
Orégano mexicanoLippia graveolensTos, resfriados y molestias digestivasAceites esenciales con actividad antimicrobiana in vitro; no sustituye antibióticos
Agrito o limoncilloBerberis trifoliolataFiebre, malestares digestivos y tónicos tradicionalesContiene alcaloides como berberina; posibles interacciones con medicamentos
PeyoteLophophora williamsiiUso ceremonial y terapéutico indígenaContiene mescalina; es psicoactivo y está sujeto a protección y restricciones legales

A estas plantas se suman especies como el cenizo, la escobilla, distintas salvias, quelites, nopales, biznagas y hierbas temporales que aparecen después de las lluvias. Algunas son originarias del desierto; otras fueron incorporadas a huertos, patios y mercados hasta integrarse en la medicina doméstica del norte.

Gobernadora: la planta emblemática y su doble rostro.

Pocas especies representan al Desierto Chihuahuense como la gobernadora. Domina extensas planicies y puede sobrevivir bajo temperaturas extremas gracias a sus hojas pequeñas, resinosas y resistentes a la pérdida de agua.

La medicina tradicional la ha empleado mediante cocimientos, emplastos y lavados para una larga lista de padecimientos: reumatismo, artritis, infertilidad, cálculos, dolor, inflamación, heridas e infecciones. Una revisión científica identificó en la planta ácido nordihidroguayarético —NDGA— y numerosos compuestos con actividad antioxidante y biológica.

El interés de laboratorio, sin embargo, no convierte automáticamente a la gobernadora en un medicamento seguro. Se han documentado casos de lesiones hepáticas asociadas con productos elaborados con chaparral o gobernadora, desde hepatitis aguda hasta insuficiencia hepática grave.

Revisiones toxicológicas también señalan riesgo de daño renal y hepático, especialmente con consumo prolongado, concentraciones elevadas o preparados sin estandarizar. Esa contradicción resume uno de los grandes desafíos de la herbolaria: una misma planta puede contener moléculas útiles y sustancias capaces de producir toxicidad.

La dosis, la parte utilizada, la vía de administración, la duración del tratamiento, la edad del paciente y las enfermedades preexistentes cambian radicalmente el resultado.

El hojasén: conocimiento del norte bajo el microscopio.

El hojasén, Flourensia cernua, es otro arbusto representativo del Desierto Chihuahuense. Crece asociado con la gobernadora y puede dominar amplias zonas de matorral. Sus hojas y flores se han utilizado en comunidades del norte para preparar infusiones contra indigestión, diarrea y algunos problemas respiratorios.

Diversos experimentos han detectado actividad antifúngica y antimicrobiana en sus extractos. También se han estudiado compuestos con posible acción contra microorganismos resistentes. Sin embargo, la mayoría de estos resultados procede de pruebas in vitro, es decir, realizadas sobre células o microorganismos en condiciones de laboratorio.

Que un extracto destruya bacterias en una placa no significa que beber una infusión produzca el mismo efecto en una persona. El cuerpo humano transforma los compuestos, limita su absorción y puede sufrir efectos adversos antes de alcanzar una concentración terapéutica.

El hojasén también contiene sustancias defensivas que reducen su consumo por animales. Algunas partes pueden resultar tóxicas para el ganado en cantidades elevadas. Este dato recuerda que las plantas del desierto no desarrollaron sus compuestos para curar seres humanos: muchos surgieron evolutivamente para defenderlas de insectos, herbívoros, hongos y competidores.

El nopal: de alimento cotidiano a objeto de investigación.

El nopal ocupa una posición distinta porque es, al mismo tiempo, alimento, recurso agrícola y remedio tradicional. Algunas especies del género Opuntia han sido utilizadas para controlar la glucosa, proteger el estómago, reducir inflamaciones y cubrir heridas.

Pequeños estudios clínicos realizados con Opuntia streptacantha observaron una disminución de glucosa en personas con diabetes tipo 2. Uno de ellos encontró reducciones significativas después del consumo de tallos cocinados.

No obstante, las revisiones más amplias consideran que todavía faltan ensayos clínicos de mayor tamaño, duración y calidad metodológica. Además, no todos los nopales poseen la misma composición ni un producto en cápsulas equivale a consumir nopal fresco. Una revisión de 2024 concluyó que se requieren estudios más sólidos y prolongados antes de formular recomendaciones terapéuticas definitivas.

Para una persona que utiliza insulina u otros medicamentos, combinar tratamientos sin vigilancia puede ocasionar una disminución excesiva de glucosa. El hecho de que el nopal sea alimento no elimina todas las posibles interacciones.

Damiana: entre la reputación popular y la evidencia incompleta.

La damiana ha construido su fama alrededor de sus supuestas propiedades afrodisiacas, estimulantes y ansiolíticas. Durante generaciones se ha preparado en té, extractos y bebidas. Hoy aparece en suplementos comercializados dentro y fuera de México.

Las revisiones fitoquímicas reportan flavonoides, terpenos y otros compuestos con actividad biológica. Algunos experimentos con animales sugieren efectos sobre la conducta sexual o el sistema nervioso. Pero las investigaciones clínicas controladas siguen siendo escasas.

La literatura científica advierte, además, que los suplementos combinados pueden dificultar la identificación de la dosis real y aumentar el riesgo de interacciones. Un producto “natural” que mezcla damiana con estimulantes, medicamentos o varias plantas no tiene necesariamente el mismo perfil de seguridad que una infusión tradicional ocasional.

La medicina guardada en la memoria.

Los inventarios botánicos cuentan especies, géneros y familias, pero detrás de cada registro existe una historia humana.

Durante décadas, buena parte del conocimiento fue conservado por mujeres: madres, abuelas, parteras y cuidadoras que reconocían las plantas, seleccionaban la parte adecuada y decidían si el remedio debía beberse, aplicarse sobre la piel o utilizarse en baños y lavados. Los hombres vinculados con la ganadería, la agricultura y la recolección aportaron conocimientos sobre localización, temporadas y manejo del monte.

La información raramente se transmitía como una receta escrita. Se aprendía acompañando a otra persona, observando el color de una rama o reconociendo el momento exacto de la floración. La medida podía ser un puño, una ramita o “lo que agarre el agua”; expresiones culturalmente comprensibles, pero difíciles de reproducir en un laboratorio.

Esa falta de estandarización no invalida el conocimiento tradicional. Muestra que pertenece a un sistema diferente de observación, memoria y experiencia. El trabajo científico debe documentarlo con respeto, identificar correctamente las especies y estudiar tanto sus posibles beneficios como sus daños.

También debe reconocer la autoría colectiva. Extraer conocimiento de una comunidad, patentar un compuesto y dejar fuera a quienes conservaron ese saber plantea un problema ético de apropiación y reparto desigual de beneficios.

Cuando el nombre común se convierte en riesgo.

Uno de los peligros más serios es la identificación incorrecta. Un mismo nombre común puede referirse a especies distintas según la comunidad. “Sangre de drago”, “árnica”, “estafiate” o “chaparro amargoso” no siempre designan la misma planta.

Dos especies parecidas pueden contener sustancias completamente diferentes. También cambia la composición dependiendo del suelo, la sequía, la época de recolección y la parte utilizada. La raíz puede concentrar compuestos distintos de las hojas; una infusión suave no equivale a un extracto alcohólico ni a un aceite esencial.

Los riesgos aumentan en:

  • Mujeres embarazadas o en lactancia.
  • Niñas, niños y adultos mayores.
  • Personas con enfermedades hepáticas o renales.
  • Pacientes que toman anticoagulantes, medicamentos para diabetes, presión arterial, epilepsia o trastornos psiquiátricos.
  • Preparados de origen desconocido o mezclas sin etiqueta.
  • Tratamientos prolongados y dosis concentradas.

En México, los remedios herbolarios comercializados deben cumplir requisitos de fabricación y calidad establecidos por la regulación sanitaria. La NOM-248-SSA1-2011 fija condiciones mínimas para su procesamiento, pero la existencia de una norma no significa que cualquier producto vendido como té o suplemento posea eficacia clínica demostrada.

Peyote: medicina, identidad y conservación.

El peyote ocupa una categoría especial. Para pueblos indígenas como el wixárika no es simplemente una planta medicinal: forma parte de un sistema ceremonial, espiritual y comunitario.

Su utilización no puede reducirse a la presencia de mescalina ni separarse de los derechos culturales de los pueblos que lo han protegido. Al mismo tiempo, la extracción ilegal, el comercio clandestino, la transformación del hábitat y el turismo irresponsable presionan sus poblaciones.

Lophophora williamsii se encuentra bajo protección especial dentro de la normativa ambiental mexicana. La NOM-059 también incluye diversas cactáceas del Desierto Chihuahuense, algunas amenazadas o en peligro de extinción. La condición medicinal o ceremonial de una especie no autoriza su recolección indiscriminada.

Además del peyote, biznagas de crecimiento extremadamente lento sufren saqueo para coleccionismo, ornamentación o usos alimentarios. Un ejemplar extraído en minutos puede haber tardado décadas en alcanzar su tamaño.

Una farmacia amenazada.

La pérdida de plantas medicinales no ocurre únicamente por recolección. El Desierto Chihuahuense enfrenta sobrepastoreo, agotamiento de acuíferos, expansión agrícola y urbana, minería, incendios, caminos, plantas invasoras y alteraciones del clima.

El Servicio de Parques Nacionales considera a esta ecorregión una de las zonas áridas con mayor diversidad biológica, pero también una de las más amenazadas. La extracción excesiva puede ser especialmente destructiva cuando se arranca la raíz o se elimina toda la planta antes de que produzca semillas.

La desaparición biológica va acompañada de una desaparición cultural. Cuando una persona mayor muere sin transmitir lo que sabe, puede perderse información que ninguna colección botánica conserva: dónde crecía la planta, cuándo se cortaba, qué parte se evitaba y en qué casos se consideraba peligrosa.

Por ello, conservar la herbolaria no significa promover el consumo indiscriminado. Significa proteger el hábitat, registrar el conocimiento con consentimiento de las comunidades, formar nuevas generaciones de botánicos y realizar estudios farmacológicos y clínicos responsables.

Lo que sabemos y lo que aún falta conocer.

La investigación revisada permite establecer cuatro conclusiones principales:

Primero, el norte de México posee un patrimonio medicinal vegetal mucho más amplio de lo que su paisaje aparentemente austero sugiere. El inventario de Chihuahua, con 605 especies y mil 90 usos, demuestra la profundidad del conocimiento acumulado.

Segundo, la mayoría de los usos continúa respaldada principalmente por tradición oral, estudios etnobotánicos o experimentos de laboratorio. Son relativamente pocas las plantas evaluadas mediante ensayos clínicos rigurosos en personas.

Tercero, la actividad farmacológica y la toxicidad no son conceptos opuestos. Una planta puede producir ambas dependiendo de su concentración y modo de empleo. La gobernadora es el ejemplo más claro.

Cuarto, proteger este conocimiento requiere reconocer a las comunidades como poseedoras de un patrimonio biocultural, no como simples fuentes de información para investigadores o empresas.

El porvenir de una sabiduría antigua.

En las rancherías del desierto todavía hay personas capaces de reconocer una planta incluso antes de verla, por el olor que deja en las manos o por el sitio donde crece. Ese saber nació de siglos de observación directa y de una relación con el territorio que la vida urbana ha ido debilitando.

La ciencia puede analizar moléculas, medir concentraciones e identificar mecanismos. La medicina tradicional aporta preguntas, memoria y experiencia histórica. Ninguna debe utilizarse para anular a la otra.

El verdadero desafío consiste en construir un puente: investigar sin apropiarse, conservar sin congelar la cultura y aprovechar las plantas sin destruir las poblaciones silvestres.

El Desierto Chihuahuense no es una extensión vacía. Bajo el sol, entre suelos salinos, espinas y lluvias breves, sobrevive una farmacia viva. Su riqueza merece ser estudiada, pero también tratada con prudencia. Porque cada planta guarda dos historias: la de las sustancias que produce para sobrevivir y la de las personas que aprendieron a convivir con ella.

Nota sanitaria: este reportaje documenta usos tradicionales e investigación científica; no prescribe tratamientos. Ante una enfermedad, intoxicación o posible interacción con medicamentos, debe consultarse a personal médico calificado.

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