Explotación moderna: jornaleros indígenas atrapados entre surcos, camiones viejos y la indiferencia de la STPS

El transporte es indigno y peligroso: camiones escolares viejos, sin ventilación, o camionetas donde hombres, mujeres y niños viajan amontonados como ganado. Varios accidentes mortales han marcado esta práctica. A ello se suman viviendas improvisadas con hule o cartón, salarios miserables y la ausencia de seguridad social.

HISTORIASMX. – En los valles fértiles del centro-sur de Chihuahua —una región reconocida históricamente por su producción de chile, cebolla, papa, tomate y alfalfa— se esconde una realidad que contrasta con la abundancia de sus cosechas: miles de jornaleros agrícolas, en su mayoría indígenas, trabajan en condiciones precarias que recuerdan más a prácticas de terratenientes del siglo pasado que a un sector regulado del siglo XXI.

Fotografía: Gorki Rodríguez / HISTORIASMX

Entre surcos interminables y bajo un sol inclemente, es común ver a familias enteras, incluidos niños y adolescentes, doblar el lomo desde el amanecer hasta el anochecer. A los patrones poco parece importarles: los menores no generan facturas a la hora del pago, lo que los convierte en “mano de obra gratis”.

El transporte es indigno y peligroso: camiones escolares viejos, sin ventilación, o camionetas donde hombres, mujeres y niños viajan amontonados como ganado. Varios accidentes mortales han marcado esta práctica. A ello se suman viviendas improvisadas con hule o cartón, salarios miserables y la ausencia de seguridad social.

En pleno 2025, las condiciones de muchos jornaleros agrícolas en Chihuahua recuerdan a un feudalismo encubierto, tolerado por omisión y a veces amparado por la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS).

Herencia de una tierra fértil.

Chihuahua se convirtió en referente agrícola en el siglo XX gracias al riego del Distrito de Camargo y Delicias y a los suelos propicios para hortalizas de exportación. Sin embargo, el modelo agrícola intensivo siempre dependió de mano de obra barata y temporal.

Cada temporada llegan familias de Oaxaca, Chiapas, Guerrero y de la Sierra Tarahumara, que abandonan sus comunidades en busca de ingresos. Al no haber contratos formales, los trabajadores quedan en manos de enganchadores o directamente de los patrones.

Infancias que trabajan.

La Ley Federal del Trabajo prohíbe el trabajo infantil en la agricultura, considerada una de las actividades más riesgosas. Sin embargo, en Chihuahua siguen apareciendo casos.

Fotografía: Gorki Rodríguez / HISTORIASMX

En 2022, se documentó la detección de adolescentes laborando en campos agrícolas durante operativos de la STPS. Un año después, reportajes nacionales denunciaron la explotación en la pizca de chile, donde menores acompañaban a sus padres en jornadas extenuantes.

Si dejo a mis hijos en la casa del rancho, no hay quién los cuide; si los llevo al campo, al menos me ayudan a juntar y comemos un poco más”, relata un jornalero.

Transporte: hacinamiento y muerte en el camino.

Los jornaleros son trasladados en condiciones deplorables: camionetas sin asientos, camiones escolares en desuso, incluso remolques.

En 2023 se reportaron accidentes en carreteras de Jiménez y Camargo, donde jornaleros viajaban “amontonados como vacas”. Hubo lesionados y víctimas mortales.

Vivienda y salud: casas de hule, sin IMSS.

Los jornaleros suelen vivir en casas improvisadas de hule y cartón, sin servicios básicos. La exposición a agroquímicos, el calor extremo y la falta de acceso al IMSS agravan la vulnerabilidad.

Aunque existe un esquema de aseguramiento especial para trabajadores agrícolas, la mayoría no está afiliada porque los patrones evaden esta obligación.

La “vista gorda” de la STPS.

La STPS insiste en que realiza inspecciones y que impulsa el distintivo “Empresa Agrícola Libre de Trabajo Infantil”. Sin embargo, cada año se detectan casos de menores y pocas sanciones trascienden.

El problema es estructural: hay pocos inspectores para un territorio agrícola enorme, y los jornaleros temen denunciar por miedo a perder su único ingreso.

Voces en resistencia.

Organizaciones civiles y el Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI) reconocen que los jornaleros tarahumaras enfrentan una explotación sistemática.

Estamos en pleno siglo XXI y todavía se trata a los jornaleros como peones de hacienda”, denuncia un activista.

Factores que perpetúan la explotación.

  1. Pobreza estructural: las familias dependen del jornal como único ingreso.
  2. Enganchadores: intermediarios que controlan transporte, vivienda y salarios.
  3. Estacionalidad: la cosecha requiere mano de obra intensiva en poco tiempo.
  4. Fiscalización débil: pocos inspectores y sanciones blandas.
  5. Brecha educativa: escuelas insuficientes para los hijos de jornaleros.

Accidentes y rescates: el rostro extremo de la explotación.

En 2021, jornaleros originarios de Chihuahua fueron rescatados de condiciones de semiesclavitud en Sinaloa: jornadas interminables, pago retenido y explotación infantil.

En 2023, el Departamento de Trabajo de EE. UU. incluyó a México en su lista de países con peores formas de trabajo infantil en agricultura.

Marco legal.

  • Constitución mexicana: derecho al trabajo digno.
  • Ley Federal del Trabajo: prohíbe emplear a menores de 15 años.
  • Convenios de la OIT: México firmó el Convenio 182 sobre peores formas de trabajo infantil.
  • Obligaciones patronales: afiliar al IMSS, garantizar transporte seguro y vivienda digna.

En la realidad, estas leyes existen, pero rara vez se cumplen en el campo.

Hacia una agenda de derechos.

  1. Inspecciones sorpresa en temporada de cosecha.
  2. Transporte regulado y certificado con sanciones ejemplares.
  3. Albergues dignos y escuelas de ciclo flexible para hijos de jornaleros.
  4. Afiliación obligatoria al IMSS para todos los trabajadores eventuales del campo.
  5. Campañas de sensibilización contra la normalización del trabajo infantil.

Conclusión.

La riqueza agrícola del centro-sur de Chihuahua sigue sosteniéndose en la explotación de los más pobres.

Mientras los patrones se benefician de exportaciones millonarias, jornaleros indígenas y sus hijos trabajan sin derechos, sin seguridad y sin futuro.

En la práctica, el feudalismo agrícola nunca se fue de Chihuahua: simplemente cambió de rostro.

Por: Gorki Rodríguez.

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