El Profesor Belisario y la guerra por el agua en Jiménez: la voz que denunció cómo el nogal comenzó a secar el acuífero Jiménez–Camargo

Durante décadas, el sur de Chihuahua vivió una extracción intensiva de agua subterránea mientras el acuífero descendía año con año. Entre denuncias, protestas y persecución, el profesor Belisario Rodríguez convirtió la crisis hídrica de Jiménez en un tema estatal.

HISTORIASMX. — La crisis del agua en Jiménez, Chihuahua, no apareció de un día para otro. Tampoco fue consecuencia exclusiva de la sequía. Detrás del agotamiento progresivo del acuífero Jiménez–Camargo existe una historia larga de extracción intensiva, expansión agrícola, perforación de pozos y crecimiento acelerado de cultivos de alto consumo hídrico que durante décadas transformaron el paisaje productivo del sur del estado.

Entre las voces que comenzaron a denunciar públicamente esta problemática destacó la del Profesor Belisario Rodríguez López, activista y docente jimenense que desde hace años advirtió sobre el colapso hídrico que enfrentaba la región. Mientras gran parte del discurso oficial seguía promoviendo el crecimiento agrícola como sinónimo de desarrollo económico, Belisario comenzó a sostener públicamente que el modelo basado en la expansión nogalera estaba acelerando la desertificación del estado y agotando los mantos acuíferos del sur de Chihuahua.

Su discurso incomodó porque señalaba directamente uno de los temas más sensibles de la economía regional: el uso masivo de agua subterránea para la producción de nuez pecanera.

El acuífero Jiménez–Camargo: una de las zonas más sobreexplotadas de Chihuahua.

Los propios documentos técnicos de la Comisión Nacional del Agua revelan que el acuífero Jiménez–Camargo presenta desde hace años condiciones severas de sobreexplotación. El acuífero, identificado oficialmente con la clave 0832, cubre aproximadamente 9,948 kilómetros cuadrados y abarca municipios como Jiménez, Camargo, López, Coronado, Allende y San Francisco de Conchos.

Los estudios oficiales muestran que los niveles del agua subterránea comenzaron a descender desde hace décadas. Un acuerdo publicado en el Diario Oficial de la Federación señala que ya en 1971 la profundidad del nivel estático oscilaba entre 5 y 80 metros, pero posteriormente comenzaron abatimientos progresivos asociados a la extracción intensiva.

La propia CONAGUA reconoce un balance deficitario en el acuífero Jiménez–Camargo. En los registros oficiales de disponibilidad hídrica aparece un déficit superior a los 167 millones de metros cúbicos anuales, una cifra que coloca a este acuífero entre los más presionados de Chihuahua.

La gravedad del problema también ha sido documentada por investigaciones universitarias y estudios de gestión hídrica realizados en Chihuahua. Diversos análisis académicos señalan que los descensos piezométricos y la extracción superior a la recarga natural han provocado deterioro progresivo de los sistemas acuíferos del estado.

El auge nogalero y la transformación del desierto.

La expansión del nogal en el sur de Chihuahua modificó profundamente la dinámica hídrica regional. La nuez pecanera se convirtió en uno de los cultivos más rentables del norte del país, impulsando la apertura de nuevas huertas y el incremento de la extracción subterránea.

El problema central radica en el enorme consumo de agua que requiere este cultivo. Diversos especialistas y activistas han advertido que una hectárea de nogal puede consumir volúmenes extremadamente altos de agua al año, especialmente en regiones áridas donde prácticamente toda la producción depende del bombeo subterráneo.

Belisario Rodríguez comenzó a denunciar que mientras las huertas crecían, los pozos urbanos y rurales mostraban deterioro progresivo. Sus declaraciones insistían en que el agua estaba siendo concentrada para beneficiar a ciertos sectores agrícolas mientras la población enfrentaba escasez y deterioro en la calidad del suministro.

En entrevistas y reportajes periodísticos, el activista sostuvo que desde la década de los noventa comenzó un proceso acelerado de sobreexplotación del acuífero Jiménez–Camargo.

El fenómeno no sólo implicó disminución del nivel del agua. También comenzaron a aparecer problemas relacionados con la calidad hídrica. Belisario denunció reiteradamente que parte del agua disponible para uso público urbano presentaba contaminación con arsénico, obligando a muchas familias a depender simultáneamente de la red pública y de agua purificada para consumo humano.

El descenso del agua subterránea y la desertificación.

Uno de los conceptos más repetidos por Belisario Rodríguez fue el de “desertificación”. Su argumento sostenía que la sobreexplotación de los acuíferos estaba alterando irreversiblemente el equilibrio ecológico del sur de Chihuahua.

El desierto del Bolsón de Mapimí y la región de Jiménez poseen condiciones climáticas extremadamente delicadas. Las lluvias son escasas, la evaporación es alta y la recarga natural del acuífero es limitada. Cuando la extracción supera constantemente la capacidad de recuperación del sistema, el agua subterránea comienza a descender de forma sostenida.

Diversos reportes periodísticos retomaron declaraciones donde se afirmaba que algunos pozos registraban disminuciones de entre ocho y doce metros por año.

Aunque la desertificación es un fenómeno complejo que también involucra cambio climático, degradación de suelo y pérdida de vegetación, la extracción intensiva de agua subterránea puede acelerar procesos de deterioro ecológico en regiones áridas. En términos hidrológicos, la disminución del nivel freático reduce la disponibilidad para ecosistemas, agricultura tradicional y abastecimiento humano.

Belisario planteaba que Chihuahua avanzaba hacia una crisis hídrica estructural mientras continuaba privilegiándose un modelo agrícola intensivo basado en bombeo profundo y expansión de monocultivos de alto consumo.

La criminalización y la represión.

La lucha de Belisario Rodríguez trascendió el debate técnico y se convirtió en una confrontación política y social. Conforme aumentaban las denuncias públicas sobre el agua, también crecieron las tensiones con distintos sectores de poder.

En 2015 medios nacionales documentaron detenciones relacionadas con protestas y movimientos sociales en Jiménez. Entre los detenidos se encontraba Belisario Rodríguez y su hijo, Gorki Belisario Rodríguez Ávila.

El caso fue retomado por organizaciones y medios que denunciaron persecución contra activistas y opositores políticos en la región. Para muchos habitantes de Jiménez, estos hechos simbolizaron la dificultad de cuestionar públicamente intereses económicos vinculados al agua y al modelo agroindustrial dominante.

La figura de Belisario comenzó entonces a representar algo más amplio que una denuncia ambiental. Se convirtió en símbolo regional de resistencia social frente al control del agua y frente a un sistema donde, según sus críticos, la extracción intensiva continuaba avanzando mientras las autoridades reaccionaban lentamente.

Los datos oficiales terminaron confirmando la crisis.

Con el paso de los años, gran parte de lo que activistas y especialistas venían denunciando comenzó a aparecer reflejado en documentos oficiales.

Los registros de CONAGUA muestran balances deficitarios, sobreexplotación y abatimiento continuo del acuífero Jiménez–Camargo.

Medios estatales y regionales comenzaron a publicar reportajes sobre desabasto, deterioro de calidad del agua y sobreexplotación del manto freático.

Incluso investigaciones académicas sobre sistemas acuíferos en Chihuahua identificaron al Jiménez–Camargo como uno de los acuíferos más presionados del estado.

Esto provocó que el tema dejara de ser visto únicamente como discurso activista y comenzara a entenderse como un problema estructural de gestión hídrica en el sur de Chihuahua.

Una lucha que cambió la conversación pública.

Más allá de cifras técnicas, la importancia histórica del Profesor Belisario Rodríguez radica en haber colocado el problema del agua en la conversación pública regional cuando pocos hablaban de ello.

Durante años, la discusión sobre los acuíferos permaneció confinada a documentos técnicos, balances hidrológicos y reportes especializados. Belisario trasladó ese debate a las calles, a los medios y a la conciencia social de Jiménez.

Su discurso conectó la sobreexplotación hídrica con la vida cotidiana de las personas: pozos que se secaban, agua de mala calidad, incremento del arsénico, desertificación y desigualdad en el acceso al recurso.

Con el tiempo, sus denuncias ayudaron a construir una narrativa regional donde el agua dejó de verse como un recurso infinito y comenzó a entenderse como el centro de una crisis ambiental, económica y social.

El futuro del acuífero Jiménez–Camargo.

Actualmente, el sur de Chihuahua enfrenta uno de los escenarios hídricos más complejos de su historia reciente. La combinación de sequía prolongada, altas temperaturas, expansión agrícola y sobreexplotación subterránea mantiene bajo presión constante a los acuíferos.

Especialistas coinciden en que la recuperación de sistemas sobreexplotados puede tardar décadas y requiere medidas estructurales: regulación efectiva de pozos, control de extracción, tecnificación real del riego, protección de zonas de recarga y planeación hídrica de largo plazo.

Mientras tanto, la historia de Belisario Rodríguez permanece como uno de los episodios más importantes del activismo ambiental y social en Jiménez. Su lucha documentó una realidad que durante años fue minimizada: que el agua del desierto no era infinita y que el modelo extractivo podía llevar al colapso de los acuíferos del estado.

Hoy, cuando el descenso del agua ya aparece reconocido en estudios oficiales y reportes técnicos, aquella voz que durante años denunció la crisis hídrica adquiere una dimensión histórica distinta. Ya no se trata solamente de una protesta local. Se trata de uno de los primeros llamados de alerta sobre el futuro del agua en el sur de Chihuahua.

Por: Gorki Belisario Rodríguez Ávila / HISTORIASMX.

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