“El maíz que camina con el pueblo: Susana Benjamín y el renacer del pinole rarámuri”

Llegó hace 13 años a Jiménez, y aunque su vida ha transcurrido entre la sierra y el llano, nunca dejó atrás su raíz rarámuri. Hoy vende pinole de maíz azul casa por casa, negocio por negocio, cargando su cultura en frascos y bolsas que anuncia con orgullo como 100% orgánico, libre de químicos y rico en calcio y fósforo.

HISTORIASMX. – Bajo el sol de la mañana, entre el ir y venir de personas y patrullas, una mujer rarámuri sostiene bolsas de pinole azul como si sostuviera un pedazo de su territorio. No está sola: camina acompañada de la memoria de su pueblo, de su lengua, de los maíces antiguos que han alimentado a los corredores más resistentes del mundo. Ella es Susana Luisa Benjamín Espino, originaria de Pahuichique, municipio de Guachochi, Chihuahua, y ha convertido el pinole —el alimento ancestral de los rarámuri— en un emprendimiento con propósito: rescatar su cultura, dignificar el maíz y volver a conectar a la sociedad con un alimento que no es solo bebida, sino identidad, medicina y energía de vida.

El origen de un sueño: rescatar el maíz y la cultura.

Susana cuenta que la idea no surgió por negocio, sino por convicción:

“Siempre he tenido la idea de dar a conocer o rescatar lo que es la grandeza y la belleza de la cultura rarámuri. El pinole es nuestro alimento, nuestra fuerza, trae muchas proteínas, vitaminas… es parte de lo que somos, del maíz que nos da vida.”

Llegó hace 13 años a Jiménez, y aunque su vida ha transcurrido entre la sierra y el llano, nunca dejó atrás su raíz rarámuri. Hoy vende pinole de maíz azul casa por casa, negocio por negocio, cargando su cultura en frascos y bolsas que anuncia con orgullo como 100% orgánico, libre de químicos y rico en calcio y fósforo.

El proceso ancestral del pinole.

Susana explica con detalle —como si enseñara un secreto sagrado— cómo se elabora el verdadero pinole rarámuri:

  1. Selección del maíz azul, sembrado sin fertilizantes, heredado de generación en generación.
  2. Desgranado manual de la mazorca.
  3. Remojo durante tres días para limpiar e hidratar el grano.
  4. Secado al sol, elemento fundamental para preservar su energía natural.
  5. Cocción y tostado lento en olla tradicional.
  6. Molienda: originalmente en metate, aunque en Jiménez utiliza molino por falta de piedra ceremonial.

“El metate le da más fuerza, más espíritu al pinole. Pero aquí no hay, entonces usamos molino. Lo importante es conservar el maíz, que no se pierda.”

Migración, identidad y resistencia.

Susana ha vivido entre dos mundos: la Sierra Tarahumara y el norte agrícola de Chihuahua. En Jiménez lucha por establecer un punto de venta fijo, pero aún trabaja de forma ambulante.

“Mi trabajo es andar casa por casa ofreciendo el pinole de maíz azul. Busco un espacio para ya estar establecida. La gente que quiera comprarme me puede marcar y yo voy hasta ellos.”

Contacto directo: 629-127-7174

El pinole: alimento que camina, que cura, que da fuerza.

Para el pueblo rarámuri, el pinole no es simple harina: es energía para correr, es alimento de batalla, es símbolo espiritual. Se consume seco, soplado directamente a la boca, o mezclado con agua para formar una bebida poderosa que da resistencia.

Los corredores rarámuri, reconocidos mundialmente por su capacidad para recorrer kilómetros sin descanso, obtienen su fuerza principal del pinole y del tesgüino (bebida fermentada de maíz).

Mientras Susana ofrece su pinole en las calles de Jiménez, no solo vende un producto: camina como sus antepasados, llevando en cada bolsa la memoria viva de su pueblo. Su emprendimiento no es moda ni tendencia… es resistencia cultural.

El pinole rarámuri no solo alimenta el cuerpo: alimenta la historia.
Y hoy, gracias a mujeres como Susana, sigue vivo.

¿Deseas apoyar esta tradición o probar el pinole ancestral?

Comunícate con Susana Benjamín al número: 629-127-7174

El renacimiento de un alimento milenario.

En un mundo dominado por los productos ultraprocesados, hay un alimento que camina a contracorriente. No necesita refrigeración, no caduca en semanas, no viene en empaques llamativos ni requiere publicidad de televisión. Viaja en pequeñas bolsas de manta, en manos de mujeres indígenas que lo ofrecen con la misma dignidad con que sus abuelos lo entregaban como tributo a los dioses: el pinole.

Este polvo fino, elaborado a base de maíz tostado y molido, ha dejado de ser un alimento “del pasado” para convertirse en una alternativa real frente a la crisis alimentaria, el cambio climático y la pérdida de identidad cultural. Lo que antes fue alimento de guerreros y corredores, hoy se perfila como el nuevo símbolo de soberanía alimentaria y emprendimiento indígena.

El maíz que resiste: herencia genética y orgullo rarámuri.

El pinole que elaboran los rarámuri no se hace con cualquier maíz. Es un maíz azul criollo, cultivado sin fertilizantes químicos, sembrado en terrazas naturales y protegido como un tesoro genético. Cada mazorca representa una historia: fue plantada siguiendo la luna, regada por las lluvias de la sierra, cuidada con danzas y cantos que piden permiso a la tierra.

Los científicos lo confirman: el maíz azul tiene un 30% más antioxidantes que el maíz industrial blanco o amarillo. Sus pigmentos naturales, llamados antocianinas, ayudan a prevenir enfermedades cardiovasculares y fortalecen el sistema inmunológico.

Pero para los rarámuri, su valor va más allá de lo nutricional. Es alimento para el cuerpo y para el espíritu.

“El pinole tiene corazón —dicen los mayores—. Quien lo toma puede seguir caminando, aunque la tierra esté cansada.”

El pinole como motor económico de comunidades indígenas.

En la Sierra Tarahumara y en ciudades como Jiménez, Chihuahua, está creciendo un movimiento silencioso: mujeres indígenas se convierten en emprendedoras culturales. Ya no solo elaboran pinole para autoconsumo, sino que lo venden como producto de identidad y salud.

El nuevo mercado indígena.

  • Consumidores locales buscan alimentos naturales y libres de químicos.
  • Atletas y corredores urbanos compran pinole como suplemento energético.
  • Turistas adquieren el pinole como símbolo cultural y gastronómico.

Impacto económico directo.

Una mujer rarámuri puede producir 10 kilos de pinole a la semana. Cada kilo se vende entre 120 y 180 pesos. Esto representa ingresos económicos que antes eran inexistentes en comunidades con alta marginación.

Pero no es solo dinero: el pinole está reactivando el orgullo de ser indígena.

El superalimento de los corredores más resistentes del mundo.

Los rarámuri son conocidos internacionalmente por su capacidad para correr más de 100 kilómetros sin descanso, usando solo sandalias de cuero y bebiendo pinole mezclado con agua.

Organizadores de ultramaratones de Estados Unidos y Europa han viajado a Chihuahua para estudiar su alimentación. Atletas de renombre han comenzado a incorporar el pinole en sus dietas de alto rendimiento.

Lo que la ciencia confirma:

  • Aporta energía de liberación lenta.
  • No provoca picos de azúcar en la sangre.
  • Favorece la resistencia física.
  • Mejora el rendimiento cardiovascular.

En palabras simples: el pinole es el combustible humano perfecto para la resistencia y la vida activa.

¿Puede el pinole cambiar el futuro alimentario de México?

Hoy, México enfrenta una crisis de salud vinculada al consumo de refrescos y harinas refinadas. En contraste, el pinole ofrece una alternativa accesible, energética y culturalmente significativa.

Diversas instituciones, como la FAO, el INPI y universidades nacionales, analizan su potencial como estrategia de alimentación sustentable.

Ventajas clave del pinole frente a los alimentos industriales:

CaracterísticaPinole RarámuriProductos industriales
Conservación naturalHasta 1 añoDías o meses con químicos
Origen del maízCriollo, azulTransgénico o híbrido
AditivosNingunoConservadores, azúcares
Beneficio culturalAltoNulo

Soberanía alimentaria: el pinole como resistencia cultural.

El pinole no solo se vende: se cuenta, se comparte, se celebra. Es símbolo de orgullo indígena.

Para los rarámuri, conservar el pinole es conservar la forma de ver el mundo, la espiritualidad del maíz y la conexión con la tierra. Su producción fortalece la identidad y frena la pérdida cultural.

“Si el pinole se acaba, se acaba nuestra fuerza. El maíz es nuestro camino”, dice una leyenda rarámuri.

Un alimento del pasado que pertenece al futuro.

El renacimiento del pinole no es una moda gastronómica. Es un evento histórico. Representa el regreso a nuestras raíces, el reconocimiento de la sabiduría indígena y una oportunidad real para construir una economía con identidad.

El pinole ancestral está destinado a convertirse en uno de los alimentos más importantes del siglo XXI. No porque sea una novedad… sino porque ha sobrevivido a todo.

Por: Gorki Rodríguez / HISTORIASMX-LABP.

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