En julio de 2018, Andrés Manuel López Obrador anunció el nacimiento de Sembrando Vida, su programa estrella para combatir la pobreza y reforestar el campo mexicano. Pero tras la promesa de un millón de hectáreas sembradas y miles de campesinos beneficiados, se tejió una red de intereses que alcanza a sus propios hijos, a empresarios cercanos, y a una élite chocolatera que hoy exporta cacao gourmet a Europa desde Tabasco.
Una promesa desde la selva
HISTORIASMX.- Desde la exuberante Selva Lacandona, López Obrador declaraba en 2018: “El cacao tarda tres años en producir. Yo lo que quiero es que antes de que termine mi gobierno, ya dejemos en producción el millón de hectáreas. Que se produzca cacao”.
Esa frase no solo marcó una promesa agraria. Para entonces, su hijo, Andrés Manuel López Beltrán, ya preparaba su incursión en el mundo empresarial con una marca: Rocío Chocolate. En noviembre de ese mismo año, había solicitado el registro del nombre “Rocío” ante el IMPI.
Un viejo amigo con nuevos cultivos
La apuesta por el cacao no fue casual. Aquel día en Chiapas, AMLO presentó a Hugo Chávez Ayala, un agrónomo tabasqueño, exportador de cacao fino y viejo conocido de la familia. Ambos vivieron en el mismo fraccionamiento en Villahermosa y sus hijos fueron compañeros en la primaria.
Chávez Ayala, hoy de 35 años, formó parte del Consejo Consultivo de Sembrando Vida y fue clave en el diseño técnico del programa. Su empresa, Agrofloresta Mesoamericana, ya exportaba a 12 países antes de la pandemia.
Pero la relación con los hijos del presidente va más allá de lo profesional. Chávez Ayala asesora desde 2014 la Finca El Rocío —herencia materna de los López Beltrán— donde se cultiva el cacao usado para producir el chocolate de la marca Rocío.
Cacao por decreto
En teoría, los productores de Sembrando Vida decidirían qué sembrar en sus tierras. Pero en Tabasco, la instrucción fue clara: cacao. Esto, a pesar de que el consenso priorizaba otros 25 cultivos.
Documentos obtenidos vía transparencia no muestran sustento técnico para esta decisión. Aun así, técnicos y funcionarios impusieron el cacao en viveros y parcelas que no cumplían con condiciones de sombra, altura o drenaje.
Miles de plantas murieron por desconocimiento o por terrenos inundables. Varios campesinos talaron árboles nativos para cumplir con el plan. Hoy, muchos lamentan haber perdido sus cultivos tradicionales por una apuesta ajena y riesgosa.
Un negocio redondo
Durante la pandemia, técnicos del programa compraron a Hugo Chávez Ayala dos millones de semillas de cacao en Papantla, Veracruz. Además, su empresa dio talleres, capacitaciones y pagó certificaciones orgánicas a campesinos, quienes ahora se sienten moralmente obligados a venderle su producción.
El precio que ofrece —20 pesos por kilo— es más alto que el de otras compañías. Pero existe una condición tácita: “solo podemos venderle a Hugo”, reconocen campesinos entrevistados que pidieron anonimato.
Chávez Ayala afirma que su mercado es pequeño y que no puede garantizar que comprará toda la producción futura. Sin embargo, la lógica es clara: él pagó las certificaciones, capacitó a los productores y diseñó parte del programa. Es el socio natural… aunque sea el único.
Rocío Chocolate, entre premios y opacidad
En 2018, el cacao de la finca El Rocío ganó un premio internacional. Tanto Rocío Chocolate como Agrofloresta se han apropiado de ese logro en redes sociales y sitios web, usando las mismas imágenes y videos.
Aunque Chávez niega vínculos comerciales, empleados de Agrofloresta trabajan directamente en la finca y aparecen como responsables en los certificados orgánicos tanto de la empresa como de los hijos del presidente.
Rocío Chocolate se vende en restaurantes de lujo de la CDMX y en tiendas como La Europea, pero sus empaques incumplen con la normativa NOM-051-SCFI: no hay razón social ni domicilio fiscal. Tampoco aparece en el padrón comercial de la Secretaría de Economía, y su tienda física —en el exclusivo hotel Círculo Mexicano— no entrega facturas.
Seguridad presidencial y negocios familiares
Durante su campaña, AMLO eliminó los escoltas del Estado Mayor Presidencial. Pero la Finca El Rocío está custodiada por la patrulla estatal 73663. La Policía de Tabasco reservó por cinco años la información sobre esa vigilancia, solicitada vía transparencia.
Las nuevas semillas del poder
Consciente de que el cacao de la finca presidencial se contaminaba con agroquímicos de las plantaciones vecinas, Chávez Ayala buscó nuevos proveedores. En 2018 convenció a más de 80 campesinos de la sierra de Tabasco para producir cacao orgánico y vendérselo.
Muchos de ellos hoy son beneficiarios de Sembrando Vida. Sembraron cacao en el 100 % de sus parcelas. La empresa les pagó la certificación y les ofrece un mejor precio. Pero los productores saben que el negocio verdadero está en manos de su comprador: “nosotros le vendemos, él se lleva la parte buena. No somos socios de la empresa, solo de la materia prima”.
Una semilla sembrada en lo público, cosechada en lo privado
Sembrando Vida fue concebido como un programa social. Pero en la práctica, ha servido también como semillero de negocios privados con vínculos políticos.
El cacao —una planta sagrada en Mesoamérica— se volvió símbolo de un experimento agrícola, comercial y político. En el corazón de la selva tabasqueña, la semilla que debía reforestar y rescatar al campo mexicano también alimenta las raíces de una historia de poder, privilegio y chocolate gourmet.