Del nogal y la alfalfa a cultivos que beben menos: las alternativas agrícolas para el sur de Chihuahua ante la crisis del agua

La región de Jiménez, Camargo y el centro-sur de Chihuahua enfrenta una contradicción cada vez más difícil de sostener: buena parte de su economía depende de la agricultura de riego, pero varios de los acuíferos que permiten mantenerla presentan déficits severos. Estudios técnicos, investigaciones agronómicas y experiencias en regiones áridas muestran que existe una ruta distinta basada en diversificar hacia cultivos como dátil, nopal, cártamo, garbanzo, sorgo y algunos frutales tolerantes al déficit hídrico. Sin embargo, cambiar de cultivo no bastará: el verdadero ahorro sólo llegará si la transición se acompaña de límites de extracción, riego tecnificado y una producción diseñada alrededor del agua disponible.

Por Gorki Rodríguez | HISTORIASMX

HISTORIASMX. – En las tierras agrícolas del sur de Chihuahua, durante décadas el agua pareció formar parte permanente del paisaje productivo. Se perforaron pozos, se extendieron tuberías, crecieron huertas y se consolidó una agricultura que hizo del desierto un territorio capaz de producir nuez, alfalfa, maíz, chile y forrajes. Pero debajo de esos campos ocurrió otra historia. El agua almacenada durante años en el subsuelo comenzó a ser extraída a un ritmo que, en algunas zonas, supera ampliamente la capacidad estimada de recuperación de los acuíferos. Hoy, pensar en qué sembrar ya no puede ser solamente una decisión determinada por el precio del mercado o por lo que tradicionalmente ha cultivado una familia; cada hectárea nueva obliga también a preguntarse cuánta agua demandará durante los siguientes veinte o treinta años.

El caso del acuífero Jiménez-Camargo es particularmente contundente. La actualización de disponibilidad publicada por la Comisión Nacional del Agua en 2024 estima una recarga media anual de 174.9 millones de metros cúbicos, una descarga natural comprometida de 5.5 millones y un volumen de extracción registrado de aproximadamente 336.8 millones de metros cúbicos anuales. El resultado oficial es una disponibilidad media anual negativa de 167.37 millones de metros cúbicos. Dicho de manera sencilla: el volumen comprometido y concesionado supera ampliamente lo que CONAGUA calcula que entra anualmente al sistema. El acuífero abarca territorios de Jiménez, Camargo, Allende, López, Coronado, Matamoros y San Francisco de Conchos, por lo que no se trata de un problema aislado de una comunidad agrícola.

La presión no termina al norte de Jiménez. El inventario de disponibilidad de CONAGUA reporta para el acuífero Meoqui-Delicias una disponibilidad negativa de alrededor de 167.12 millones de metros cúbicos anuales, mientras que Parral-Valle del Verano aparece con un déficit de aproximadamente 20.74 millones. Estas cifras no significan que mañana vaya a desaparecer toda el agua subterránea, pero sí revelan una incompatibilidad estructural entre los volúmenes reconocidos para extracción y la capacidad calculada de renovación natural de varios sistemas subterráneos.

La pregunta que Chihuahua tendrá que hacerse: ¿qué producir con cada metro cúbico?

Ante este escenario, sustituir simplemente un cultivo por otro puede convertirse en una falsa solución. No existe una planta agrícola que produzca comercialmente sin agua y un cultivo tolerante a la sequía no necesariamente equivale a un cultivo de bajo consumo cuando se maneja intensivamente. El pistache es un buen ejemplo: posee una extraordinaria capacidad para sobrevivir al estrés hídrico y puede producir bajo esquemas deficitarios, pero investigaciones realizadas en huertas comerciales advierten que, cuando se pretende obtener producción intensiva con riego completo, sus requerimientos pueden ser elevados. Un estudio de Agricultural Water Management registró alrededor de 842 milímetros de agua aplicada durante una temporada bajo riego completo y 669 milímetros bajo riego deficitario regulado; la evapotranspiración también disminuyó significativamente con la estrategia deficitaria. Por ello, presentar al pistache simplemente como un árbol que “casi no necesita agua” sería incorrecto.

La verdadera pregunta para Chihuahua, entonces, no debería ser únicamente cuál cultivo resiste la sequía, sino cuántos kilogramos de alimento, cuántos pesos de ingreso y cuántos empleos pueden obtenerse por metro cúbico extraído. Bajo ese criterio aparecen opciones que merecen parcelas experimentales y proyectos comerciales cuidadosamente diseñados.

El dátil: una alternativa que ya fue estudiada para Chihuahua.

Entre todos los cultivos revisados para este reportaje, existe uno particularmente relevante porque su viabilidad no ha sido evaluada únicamente en otros países: la palma datilera Medjool ya fue estudiada específicamente para la región centro-sur de Chihuahua.

Una investigación publicada en 2025 en la revista científica Trace analizó su posible establecimiento en Delicias, Meoqui, Rosales y Saucillo. Los investigadores compararon condiciones climáticas, edafológicas, necesidades de agua, mercado y rentabilidad. Su conclusión fue que existen condiciones favorables para desarrollar el cultivo y que el consumo de agua sería inferior al de dos de los grandes cultivos regionales usados como comparación: nogal pecanero y alfalfa. El trabajo también encontró una demanda potencial en México superior a seis mil toneladas y obtuvo indicadores económicos positivos para el proyecto evaluado: una tasa interna de retorno de 13.59 %, una relación beneficio-costo de 1.86 y un valor actual neto positivo.

El dátil posee además otra característica importante para regiones desérticas: puede desarrollarse en terrenos con cierto grado de salinidad y en suelos que ofrecen menores posibilidades para otros frutales. Esto podría convertir terrenos actualmente marginales en áreas productivas sin extender necesariamente la frontera agrícola hacia nuevas superficies de alta demanda de agua. La propia investigación plantea al dátil como un cultivo susceptible de desarrollarse bajo criterios de sustentabilidad.

Sin embargo, trasladar esa conclusión automáticamente hacia todo Jiménez sería apresurado. La palma datilera necesita veranos prolongados y cálidos para madurar correctamente el fruto y las condiciones invernales pueden resultar determinantes. Antes de establecer cientos de hectáreas tendría mucho más sentido desarrollar huertas piloto en distintas localidades del corredor Camargo-Jiménez, medir daños por frío, acumulación de grados-calor, comportamiento de variedades y requerimientos reales de irrigación durante varios ciclos.

Nopal: producir forraje utilizando la biología del desierto.

Otra alternativa tiene una enorme ventaja: no necesita ser enseñada a sobrevivir en el desierto porque evolucionó dentro de él. El nopal forrajero, Opuntia spp., posee metabolismo ácido de las crasuláceas —conocido como metabolismo CAM—, una estrategia fisiológica que permite abrir principalmente los estomas durante la noche, reduciendo pérdidas de agua respecto de numerosos cultivos convencionales.

Para una región ganadera como el sur de Chihuahua, el potencial del nopal va más allá de producir tuna o verdura. Puede convertirse en una reserva de alimento y humedad para el ganado durante periodos críticos de sequía. La literatura científica mexicana documenta que históricamente ha sido utilizado como alimento en las regiones áridas del norte precisamente por su capacidad de producir biomasa bajo escasez hídrica y proporcionar simultáneamente materia vegetal y agua al animal.

Investigaciones de la Universidad Autónoma Chapingo y especialistas vinculados al INIFAP han probado variedades de nopal bajo diferentes niveles de humedad del suelo en ambientes áridos. En un experimento desarrollado en Bermejillo, Durango —una región climáticamente cercana al gran sistema desértico en el que se inserta el sur de Chihuahua— se evaluaron variedades como Chapingo, Narro y Escobar incluso bajo contenidos desfavorables de humedad. Los investigadores consideran al nopal una alternativa de producción forrajera para las zonas áridas del norte de México.

Esto podría resultar especialmente importante para pequeños y medianos ganaderos. Sustituir una fracción del forraje irrigado por superficies de nopal adaptadas al ambiente permitiría reducir la dependencia de cultivos altamente demandantes y constituir bancos estratégicos de alimento para años de sequía. No necesariamente reemplazaría por completo a la alfalfa, al maíz o al sorgo, porque su composición nutricional es distinta y las dietas deben formularse correctamente, pero sí podría reducir la presión para producir cada tonelada de alimento animal mediante riego intensivo.

Cártamo: una raíz profunda para una agricultura con menos riego.

El cártamo, Carthamus tinctorius, merece una atención mucho mayor en las regiones secas. Es una oleaginosa capaz de desarrollar raíces profundas y aprovechar humedad almacenada en capas del suelo que otros cultivos exploran con menor intensidad. Experimentos realizados en las Southern High Plains de Estados Unidos, una región semiárida cuya agricultura comparte problemas de escasez de agua con el norte mexicano, señalan precisamente sus menores requerimientos y tolerancia al estrés como razones para considerarlo un cultivo alternativo.

En uno de esos ensayos, la reducción de aproximadamente 17 % del riego durante la temporada produjo una disminución cercana a 9 % en el rendimiento de aceite, mostrando que es posible sacrificar una parte relativamente menor de producción a cambio de un ahorro mayor de agua bajo determinadas estrategias. Otros experimentos con riego por surcos alternos consiguieron reducir alrededor de 30 % el agua aplicada frente al manejo convencional con una reducción de rendimiento cercana a 13 %, estadísticamente no significativa entre algunos tratamientos evaluados.

Para Chihuahua, el atractivo del cártamo está también en que no obliga a transformar inmediatamente una explotación agrícola en una huerta perenne que tardará años en producir. Puede incorporarse dentro de rotaciones de cultivos, permitiendo probar superficies pequeñas, evaluar precios, compradores y comportamiento local antes de ampliarlo.

Garbanzo: proteína con capacidad para trabajar con humedad limitada.

El garbanzo representa otra posibilidad particularmente interesante. Es una leguminosa adaptada a numerosos ambientes semiáridos y su profundo sistema radicular le permite aprovechar humedad del perfil del suelo. Su mayor ventaja estratégica sería combinar una demanda de riego potencialmente reducida con la producción de proteína vegetal y la capacidad de fijación biológica de nitrógeno cuando existe una adecuada asociación con Rhizobium.

Investigaciones realizadas en ambientes semiáridos muestran que el manejo agronómico, las variedades y la inoculación modifican significativamente la eficiencia con la que el garbanzo transforma el agua disponible en producción. ScienceDirect Una investigación recién publicada en septiembre de 2026 volvió a confirmar la importancia de combinar fecha de siembra y riegos suplementarios dirigidos a etapas críticas para mejorar productividad y eficiencia hídrica en ambientes áridos y semiáridos.

Además, trabajos de modelación han mostrado que uno o unos pocos riegos estratégicos en etapas como floración y formación de grano pueden elevar significativamente los rendimientos respecto de sistemas completamente dependientes de lluvia, sin convertir necesariamente al garbanzo en un cultivo de irrigación permanente.

En el sur de Chihuahua, esta característica podría permitir desarrollar esquemas en los que el agricultor deje de intentar satisfacer continuamente toda la evapotranspiración del cultivo y utilice el agua disponible precisamente en los momentos donde produce la mayor respuesta agronómica.

Sorgo: menos vulnerable que el maíz, pero no una licencia para seguir bombeando.

Dentro de la producción forrajera aparece también el sorgo. La literatura agronómica mexicana señala que está mejor adaptado al déficit hídrico que el maíz debido a características como la cubierta cerosa de sus hojas, regulación osmótica, un sistema radical extenso y la disposición vertical del follaje, que ayuda a controlar pérdidas por transpiración. Un trabajo publicado por investigadores vinculados al sistema de revistas científicas del INIFAP señala además que el sorgo produce mayor cantidad de materia seca por unidad de agua consumida que el maíz bajo determinados ambientes y destaca su adaptación a condiciones difíciles.

Eso no significa que el sorgo deba expandirse ilimitadamente mediante pozos. Sigue siendo un cultivo agrícola que consume agua. Su utilidad estaría en reemplazar parcialmente cultivos forrajeros menos eficientes dentro de una estrategia que reduzca efectivamente la extracción total. Una hectárea que ahorra agua para luego permitir sembrar una hectárea adicional termina anulando buena parte de la ventaja conseguida.

Granada: un frutal que puede trabajar con déficit controlado.

El granado también merece estudios piloto. Investigaciones recientes realizadas bajo ambientes semiáridos han mostrado que el riego deficitario moderado puede mantener una proporción elevada de la producción utilizando menos agua. En un ensayo desarrollado durante 2023 y 2024, árboles sometidos a 75 % de la evapotranspiración calculada para el cultivo presentaron una reducción de aproximadamente 10 % en rendimiento frente al riego completo, al mismo tiempo que aumentó la productividad del agua.

Otro trabajo reciente encontró ahorros próximos a 10 % mediante riego deficitario regulado sin comprometer significativamente el rendimiento comercial o peso de fruto, aunque una reducción extrema del agua cercana a 50 % terminó afectando sustancialmente la producción.

El mensaje es importante: incluso los cultivos tolerantes tienen límites. Ahorrar agua no consiste en cerrar arbitrariamente una válvula, sino en conocer la fisiología de la planta y reducir el suministro durante las etapas capaces de soportar estrés sin afectar severamente la cosecha.

Pistache: prometedor, pero no debe venderse como cultivo de “muy poca agua”

El pistache podría adaptarse desde el punto de vista climático a diversos ambientes secos del norte mexicano y posee gran tolerancia a sequía y salinidad. Existe abundante literatura que lo propone como alternativa para regiones semiáridas, especialmente bajo esquemas de riego deficitario regulado.

Pero aquí existe una advertencia fundamental para cualquier política agrícola que intente promocionarlo en Chihuahua. Tolerar sequía no es lo mismo que producir comercialmente con poca agua. La propia literatura especializada reconoce que sus necesidades hídricas pueden ser considerables cuando se busca maximizar rendimiento.

Por ello, antes de transformar miles de hectáreas de nogal hacia pistache bajo la premisa de un supuesto ahorro automático, serían indispensables ensayos locales de varios años midiendo evapotranspiración real, rendimiento, calidad, horas frío, comportamiento de portainjertos y volumen de agua aplicado. Puede formar parte de la solución, pero no debería convertirse en el siguiente monocultivo antes de demostrar cuánto ahorra realmente bajo las condiciones de Chihuahua.

No existe un cultivo milagroso.

Después de revisar literatura científica, estudios técnicos y experiencias agrícolas de regiones áridas, las alternativas más interesantes para el sur y centro-sur de Chihuahua no conforman una única respuesta. El dátil ofrece quizá la evidencia local más desarrollada porque su factibilidad ya fue estudiada específicamente para Chihuahua. El nopal presenta una adaptación extraordinaria y podría reducir la dependencia de forraje irrigado. Cártamo y garbanzo permitirían introducir cultivos anuales de menor riesgo financiero y compatibles con rotaciones. El sorgo ofrece una vía de transición dentro del sector pecuario. Granada y pistache podrían convertirse en opciones de mayor valor comercial, pero necesitarían experimentación local y sistemas rigurosos de riego deficitario.

Más que reemplazar una especie por otra, el camino parece apuntar hacia un mosaico agrícola: cultivos diferentes según suelo, profundidad del acuífero, salinidad, temperatura, disponibilidad de agua, mercado y tipo de productor.

Y existe otra consideración aún más importante. Una agricultura eficiente no necesariamente reduce el consumo total de una cuenca. Si un productor moderniza su riego, disminuye la cantidad utilizada por hectárea pero aprovecha el agua “ahorrada” para ampliar la superficie cultivada, el volumen final extraído puede permanecer igual. Por ello, cualquier transición hacia cultivos de menor demanda debería vincularse a una reducción efectiva del volumen bombeado y no solamente a mejoras de eficiencia parcelaria.

La agricultura del desierto tendrá que parecerse más al desierto.

El sur de Chihuahua no dejará de ser agrícola. Miles de familias dependen directa e indirectamente del campo, desde propietarios y jornaleros hasta talleres, transportistas, empacadoras, comercios y pequeñas comunidades cuyo movimiento económico comienza cada temporada dentro de una parcela. Pedir que la región abandone de golpe la agricultura sería desconocer su estructura social y económica.

Pero tampoco resulta realista construir el futuro suponiendo que el subsuelo continuará entregando indefinidamente el mismo volumen de agua. En el acuífero Jiménez-Camargo, la cifra oficial de CONAGUA —un déficit de 167.37 millones de metros cúbicos anuales— coloca el problema en una dimensión que supera cualquier temporada de sequía.

La transformación podría comenzar de una manera mucho menos traumática: parcelas experimentales de cinco, diez o veinte hectáreas; módulos regionales de investigación; medición con estaciones meteorológicas; sensores de humedad; riego por goteo; estudios de mercado antes de sembrar; contratos con compradores; evaluación económica durante varios ciclos y, sobre todo, medición del agua realmente extraída.

Quizá el futuro del campo chihuahuense no consista en producir menos, sino en producir diferente. Una hectárea ya no debería medirse únicamente por toneladas obtenidas. En una región asentada sobre acuíferos deficitarios también tendría que medirse por metros cúbicos utilizados por kilogramo producido, ingreso generado por metro cúbico y empleos sostenidos por cada unidad de agua extraída.

El desierto ha sobrevivido durante miles de años desarrollando plantas que almacenan, administran y defienden cada gota. La agricultura del sur de Chihuahua tendrá que aprender una lógica semejante. Porque llegado cierto punto, el cultivo más rentable no será necesariamente aquel que deje más dinero por hectárea, sino aquel que permita seguir cultivando cuando el agua se haya convertido en el recurso más escaso de todos.

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