Cristales de yeso, bancos de sal y registros fósiles en la región sur del municipio confirman la existencia de un mar que, hace cien millones de años, transformó la geografía de Chihuahua
HISTORIASMX. — A tres horas de la cabecera municipal de Jiménez, en una franja árida que colinda con Coahuila y Durango, el paisaje parece inmóvil y silencioso. Sin embargo, bajo el suelo endurecido por el sol, la región guarda una historia geológica que se remonta a aproximadamente 100 millones de años, cuando un antiguo mar interior cubría gran parte del norte de México durante el período Cretácico.
Hoy, las vetas de yeso, los bancos de sal y los registros fósiles dispersos en esta zona del sur de Jiménez constituyen evidencias físicas de aquel pasado marino.
El mar que cubrió Chihuahua
Durante el Cretácico, gran parte de lo que hoy son los estados de Chihuahua, Coahuila y Durango estuvo bajo un mar interior poco profundo, conectado a sistemas oceánicos mayores. Este tipo de mares epicontinentales eran comunes en esa era geológica, cuando los niveles del mar eran más altos que en la actualidad.
Con el paso de millones de años, la evaporación progresiva de estos cuerpos de agua dio origen a extensos depósitos de minerales evaporíticos, entre ellos el yeso (sulfato de calcio hidratado). La lógica geológica es clara: cuando el agua salina se evapora en cuencas cerradas o semicírculos marinos poco profundos, las sales disueltas precipitan y cristalizan.
En Jiménez, ese proceso quedó registrado en el subsuelo.
El desierto y el caliche: la puerta al pasado
Caminar por esta región implica avanzar sobre una costra dura conocida como caliche, una capa cementada por carbonatos que cruje bajo los pies. El terreno es de difícil acceso y las altas temperaturas intensifican la sensación de aislamiento.
Sin embargo, en ciertos puntos —especialmente en arroyos formados por lluvias estacionales— la erosión ha expuesto vetas de yeso que, en algunos casos, se encuentran a menos de un metro de profundidad, aunque en otras zonas es necesario excavar hasta cinco metros para encontrarlas intactas.
Cristales de yeso: evidencia mineral del antiguo mar
Los cristales hallados en la región presentan formas prismáticas y tabulares, con aristas biseladas características del yeso cristalino. Algunos ejemplares muestran tonalidades ligeramente verdosas, indicativas de la presencia de cobre en el entorno geológico.
A diferencia del cuarzo, el yeso es un mineral relativamente blando (dureza 2 en la escala de Mohs), lo que permite rayarlo con facilidad. Esta propiedad facilita su identificación en campo.
Cuando la luz solar incide sobre los cristales expuestos en los arroyos entre la sierra de Los Olanes y la sierra de El Diablo, los destellos blancos resaltan incluso a plena luz del día, evidenciando su naturaleza cristalina.
En ciertos ejemplares se han observado inclusiones líquidas —pequeñas gotas de agua encapsuladas en el interior del cristal—, lo que refuerza su origen en procesos de evaporación de aguas antiguas.
Laguna de Palomas: la playa del Cretácico
Cerca de la frontera con Coahuila, en la comunidad conocida como Laguna de Palomas, el paisaje cambia sutilmente. Allí se encuentran láminas de yeso dispersas en la superficie, bancos de sal y cuerpos de agua salobre utilizados históricamente para la producción de sal.
Desde el punto de vista sedimentológico, esta zona corresponde a lo que pudo haber sido una franja litoral cuando el mar interior comenzaba a retirarse. Es decir, una playa del Cretácico tardío.
La transición de ambientes marinos a terrestres también está documentada en registros fósiles hallados en comunidades cercanas, donde se han encontrado restos de fauna prehistórica, incluyendo esqueletos de dinosaurios y coprolitos atribuidos al llamado “Pico de Pato”, evidencia de que la región experimentó un cambio radical de ecosistema.
Fundamento geológico: evaporación y sedimentación
El yeso se forma comúnmente en:
- Ambientes marinos poco profundos
- Lagos salinos
- Cuencas cerradas con alta evaporación
Cuando la concentración de sulfato y calcio en el agua supera el punto de saturación, el mineral precipita y forma cristales. Este fenómeno ha sido ampliamente documentado en distintas partes del mundo, como en España durante el Triásico y el Cenozoico, donde procesos similares dieron origen a grandes depósitos evaporíticos.
La presencia simultánea de yeso, sal, rocas sedimentarias y fósiles marinos y terrestres en Jiménez no es un hecho aislado, sino un conjunto coherente de pruebas geológicas que apuntan a un mismo origen: la existencia de un antiguo mar interior.
Un patrimonio geológico poco explorado
A pesar de su relevancia científica, esta región del sur de Jiménez permanece poco estudiada y escasamente difundida. Sus vetas de yeso y registros fósiles no solo representan un recurso mineral, sino también un patrimonio geológico que podría impulsar la investigación académica y el geoturismo responsable.
La evidencia es contundente: bajo el desierto actual se encuentra la memoria mineral de un mar que existió hace cien millones de años. Un mar que dejó playas, salinas y cristales como testigos silenciosos de una transformación geológica que cambió para siempre la fisonomía del norte de México.
En el crujido del caliche y en el brillo del yeso bajo el sol, el pasado marino de Jiménez sigue emergiendo, cristal por cristal.