Enfrentamientos armados, bloqueos carreteros y uso de explosivos con drones mantienen aisladas a familias rarámuri, ódami y mestizas en la sierra sur de Chihuahua
HISTORIASMX.– Comunidades rarámuri, ódami y mestizas del municipio de Guadalupe y Calvo, en la Sierra Tarahumara, enfrentan un escenario de inmovilidad forzada y confinamiento provocado por la disputa territorial entre grupos delictivos que se enfrentan en caminos de terracería y carreteras de la región.
El reportaje se elabora con información de Raíchali Noticias, medio especializado en cobertura de la sierra de Chihuahua.
Durante el fin de semana pasado se reportaron cinco hombres asesinados en distintos puntos cercanos a la comunidad de Atascaderos, una de las más grandes del municipio y que se ha convertido en refugio de familias desplazadas de otras localidades de Guadalupe y Calvo y de la sierra de Badiraguato, Sinaloa.
Comunidades aisladas y bajo amenaza
Habitantes de la zona describen un clima de miedo permanente.
En varias localidades los caminos fueron bloqueados y se instalaron retenes armados que impiden la movilidad de las familias.
“Amanecimos con dos difuntos más (…) en varias comunidades no estaban dejando pasar los muebles, hay retenes en carreteras (…) cerca de Cerro Solo, de Ojo Frío (…) también hay familias de Los Parajes que salieron por la inseguridad”, relataron pobladores de la región.
Atascaderos se ubica a unas dos horas de la cabecera municipal y se ha convertido en un punto de concentración de personas desplazadas que buscan resguardarse de la violencia en comunidades cercanas.
Drones con explosivos y caminos bloqueados
En la zona de Cerro Solo, habitantes denunciaron el uso de drones con explosivos, lo que ha incrementado el temor de que los enfrentamientos se extiendan a más comunidades.
En el camino de terracería hacia esa localidad se localizaron tres hombres asesinados, junto a un camión calcinado, caminos bloqueados con pinos derribados y pintas con mensajes de grupos delictivos sobre la carretera, de acuerdo con reportes de medios de Parral.
Tras un operativo de autoridades de los tres niveles de gobierno, la Fiscalía General del Estado confirmó que recibió una llamada de auxilio por la presencia de los cuerpos y procedió al traslado para la necropsia correspondiente.
Un día antes, el viernes 2 de enero, fueron localizados los cuerpos de otros dos hombres en la carretera que conecta la cabecera municipal con las comunidades de El Ocote y El Zorrillo. Una de las víctimas fue identificada como Alejandro E.P., de 25 años.
Desplazamiento y confinamiento desde 2021
La violencia en Guadalupe y Calvo se ha intensificado desde 2021, generando el desplazamiento de decenas de comunidades rarámuri y ódami. Muchas familias no han podido regresar a sus hogares, mientras otras permanecen confinadas, sin posibilidad de salir a trabajar, estudiar o abastecerse.
En la zona que conecta la cabecera municipal con El Vergel, en el municipio de Balleza, se ha registrado un aumento de homicidios y desapariciones en los últimos meses.
De acuerdo con testimonios de habitantes, la violencia responde a la disputa territorial entre grupos del crimen organizado. Versiones locales señalan que la presencia del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) en el municipio ha generado enfrentamientos con células vinculadas al Cártel de Sinaloa, que históricamente han operado en la región.
Falta de presencia permanente de autoridades
Uno de los reclamos más recurrentes de las comunidades es la ausencia de presencia permanente de fuerzas de seguridad.
Habitantes aseguran que elementos policiacos y del Ejército acuden únicamente después de los enfrentamientos y que no se han reportado detenciones relevantes pese a los hechos violentos.
La consecuencia directa es el aislamiento de comunidades enteras:
- Caminos bloqueados
- Retenes armados
- Imposibilidad de salir por alimentos o atención médica
- Familias desplazadas o refugiadas
Una crisis silenciosa
La situación en Guadalupe y Calvo refleja una crisis de desplazamiento forzado e inmovilidad que afecta a comunidades indígenas y rurales en la Sierra Tarahumara. Mientras continúan los enfrentamientos y el control territorial por parte de grupos armados, decenas de familias viven entre el desplazamiento, el refugio improvisado o el confinamiento.
Para quienes habitan estas comunidades, la violencia no solo implica riesgo de muerte, sino la pérdida del derecho a moverse, trabajar y habitar su territorio. La incertidumbre se mantiene mientras la presencia institucional sigue siendo intermitente y la disputa criminal continúa en los caminos de la sierra.