Cobalto-60: el accidente radioactivo que puso a Chihuahua en el mapa de las emergencias nucleares de América.

Su principal característica es la emisión de radiación gamma de alta energía, razón por la cual durante varias décadas fue ampliamente utilizado en:

Una investigación periodística sobre el accidente radiológico de Ciudad Juárez de 1983-1984

HISTORIASMX. – En la historia contemporánea de México existen acontecimientos que, pese a su importancia técnica y científica, permanecen prácticamente desconocidos para la mayoría de la población. Uno de ellos ocurrió en el estado de Chihuahua a finales de 1983 y principios de 1984, cuando una fuente de Cobalto-60 utilizada para tratamientos médicos contra el cáncer salió del control regulatorio, fue vendida como chatarra y terminó contaminando miles de toneladas de acero destinadas a la industria de la construcción.

Lejos de tratarse de un accidente nuclear como los ocurridos en reactores de generación eléctrica, el caso de Ciudad Juárez corresponde a un accidente radiológico, es decir, un evento derivado del manejo inadecuado de una fuente sellada de material radioactivo utilizada con fines médicos.

La gravedad del incidente obligó a movilizar autoridades mexicanas y estadounidenses, modificar protocolos nacionales de seguridad radiológica e implementar uno de los mayores operativos de recuperación de material contaminado registrados en América Latina.

A más de cuatro décadas del suceso, especialistas consideran que este accidente transformó la forma en que México regula las fuentes radioactivas utilizadas en hospitales e industrias.

¿Qué es el Cobalto-60 y para qué se utiliza?.

El Cobalto-60 es un isótopo radioactivo producido artificialmente mediante irradiación de Cobalto-59 en reactores nucleares.

Su principal característica es la emisión de radiación gamma de alta energía, razón por la cual durante varias décadas fue ampliamente utilizado en:

  • Radioterapia contra el cáncer.
  • Esterilización de material médico.
  • Radiografía industrial.
  • Investigación científica.
  • Procesos industriales especializados.

A diferencia del combustible utilizado en una planta nuclear, una fuente de Cobalto-60 se encuentra encapsulada dentro de dispositivos diseñados para impedir la liberación del material radioactivo.

Mientras permanece bajo condiciones normales de operación, representa un riesgo controlado. Sin embargo, cuando el blindaje es removido o el equipo es desmantelado sin conocimiento técnico, la exposición puede convertirse en una emergencia radiológica.

El origen del accidente.

Durante la década de 1970, el Centro Médico de Especialidades de Ciudad Juárez adquirió una unidad de teleterapia que contenía una fuente de Cobalto-60 destinada al tratamiento de pacientes oncológicos.

Con el paso del tiempo el equipo dejó de utilizarse y permaneció almacenado.

Las investigaciones posteriores establecieron que el aparato no fue gestionado adecuadamente para su disposición final, permaneciendo fuera de operación hasta que en diciembre de 1983 fue desmontado con fines de venta como fierro viejo.

Los trabajadores que realizaron el desmantelamiento desconocían que el cabezal del equipo contenía una fuente radioactiva de alta actividad.

Al abrir el dispositivo, pequeños cilindros o fragmentos del material comenzaron a dispersarse junto con el resto de la estructura metálica.

Ese momento marcó el inicio del accidente.

Del hospital al yonke.

Después del desmontaje, el material fue trasladado a un establecimiento dedicado a la compra de chatarra conocido como Yonke Fénix, ubicado en Ciudad Juárez.

Allí ocurrió uno de los principales factores que favorecieron la dispersión de la contaminación.

La chatarra fue manipulada mediante electroimanes utilizados para movilizar grandes cantidades de acero.

Los fragmentos radioactivos quedaron adheridos a dichos equipos y posteriormente contaminaron otros lotes de metal almacenados en el lugar.

En cuestión de días, la contaminación dejó de estar concentrada en una sola fuente para distribuirse sobre grandes volúmenes de acero reciclado.

La contaminación llegó a las fundidoras.

Parte del metal adquirido por el yonke fue enviado a empresas siderúrgicas donde fue fundido para fabricar productos comerciales.

Entre ellos se encontraba:

  • Varilla para construcción.
  • Bases metálicas.
  • Diversos productos de acero.

Una vez incorporado al proceso industrial, el material contaminado perdió cualquier identificación visual.

La radiación no modifica el color, la textura ni la apariencia del acero.

Como consecuencia, miles de toneladas de material potencialmente contaminado ingresaron a la cadena comercial.

El descubrimiento ocurrió por casualidad.

El accidente no fue detectado inicialmente por las autoridades mexicanas.

La identificación ocurrió cuando un cargamento de acero procedente de México transitó cerca del Laboratorio Nacional de Los Álamos, en Nuevo México, Estados Unidos.

Los sistemas automáticos de monitoreo radiológico registraron niveles anormales de radiación.

La investigación permitió rastrear el origen del material hasta Ciudad Juárez.

Posteriormente se inició una operación binacional para localizar el resto del acero contaminado.

Una operación de búsqueda sin precedentes.

Una vez identificado el origen del problema, comenzó un amplio operativo de inspección.

Se utilizaron detectores portátiles para revisar:

  • Fundidoras.
  • Patios industriales.
  • Camiones.
  • Vagones ferroviarios.
  • Centros de almacenamiento.
  • Lotes de varilla.
  • Maquinaria utilizada en el manejo de chatarra.

El objetivo consistía en recuperar el mayor volumen posible de material contaminado antes de que fuera utilizado en nuevas construcciones.

La dimensión del problema.

Las investigaciones determinaron que la contaminación había alcanzado una extensa red de distribución comercial.

El acero producido fue enviado a distintas regiones de México e incluso parte fue exportado hacia Estados Unidos.

Esto obligó a desarrollar un complejo sistema de rastreo industrial para identificar la ubicación de los productos elaborados con el material reciclado.

Especialistas consideran que el principal desafío no fue únicamente recuperar la fuente original, sino localizar todos los elementos secundarios contaminados.

¿Existió un riesgo para la población?

Desde el punto de vista técnico, la exposición a radiación depende de múltiples factores:

  • Tiempo de exposición.
  • Distancia respecto a la fuente.
  • Intensidad de la radiación.
  • Blindaje existente.
  • Forma física del material.

Por ello, no todas las personas expuestas recibieron la misma dosis.

Los trabajadores que manipularon directamente la fuente fueron quienes potencialmente enfrentaron mayores riesgos, mientras que otras exposiciones pudieron ser considerablemente menores.

La evaluación individual de dosis constituye uno de los aspectos más complejos en este tipo de emergencias.

La respuesta de las autoridades mexicanas.

El accidente motivó la participación de diversas instituciones responsables de la seguridad radiológica.

Entre las acciones implementadas se encuentran:

  • Identificación de materiales contaminados.
  • Recuperación de fuentes radioactivas.
  • Monitoreo ambiental.
  • Control de transporte.
  • Vigilancia de instalaciones industriales.
  • Implementación de nuevos protocolos regulatorios.

Asimismo, el caso impulsó el fortalecimiento del sistema nacional de control sobre fuentes radioactivas utilizadas en medicina e industria.

El confinamiento del material contaminado.

Una vez recuperados los residuos, éstos debían permanecer aislados del ambiente.

Para ello fue habilitado un sitio de confinamiento donde se depositaron:

  • Acero contaminado.
  • Tierra removida.
  • Equipos industriales.
  • Chatarra recuperada.
  • Materiales asociados al accidente.

El objetivo consistió en evitar una nueva dispersión del material radioactivo y mantenerlo bajo vigilancia especializada.

Lecciones para la seguridad radiológica.

El accidente de Ciudad Juárez modificó la percepción sobre el manejo de fuentes radioactivas en México.

Entre las principales lecciones destacan:

  • La necesidad de mantener un registro permanente de todas las fuentes radioactivas.
  • La importancia de capacitar al personal encargado del manejo y disposición de equipos médicos.
  • La implementación de sistemas de detección radiológica en centros de reciclaje y fundidoras.
  • El fortalecimiento de la regulación sobre transporte y almacenamiento de materiales radioactivos.
  • La cooperación internacional para responder a emergencias transfronterizas.

Un accidente que cambió la historia de la seguridad nuclear en México.

Aunque el caso de Ciudad Juárez no involucró un reactor nuclear, especialistas lo consideran uno de los accidentes radiológicos más importantes registrados en América Latina debido a la dispersión del material contaminado y al enorme operativo de recuperación que fue necesario implementar.

Su importancia histórica radica en que evidenció las consecuencias de perder el control sobre una fuente radioactiva utilizada con fines médicos.

Más de cuarenta años después, el accidente continúa siendo estudiado por organismos especializados como un ejemplo de cómo una deficiencia en la gestión de materiales peligrosos puede convertirse en una emergencia de alcance internacional.

Para Chihuahua, este episodio representa una de las páginas más relevantes de su historia científica y tecnológica. También constituye un recordatorio permanente de que la seguridad radiológica depende no solamente de la tecnología, sino del cumplimiento estricto de normas, controles administrativos, capacitación del personal y vigilancia institucional.

En materia de protección radiológica, la principal enseñanza sigue vigente: una fuente radioactiva correctamente controlada puede salvar vidas; una fuente abandonada o mal gestionada puede generar una emergencia de grandes dimensiones.

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