La situación mexicana refleja y agrava esta tendencia. Elementos de seguridad enfrentan salarios bajos, jornadas extenuantes, escasa capacitación, falta de descanso y un reconocimiento social casi nulo. A ello se suma un ambiente de violencia que los expone constantemente a escenas traumáticas.
El peso invisible de la seguridad
HISTORIASMX. – La seguridad pública es, en teoría, un pilar que garantiza la estabilidad de la vida en sociedad. Pero detrás de ese uniforme que simboliza protección se esconde una realidad mucho más compleja: el desgaste emocional de quienes, día a día, arriesgan su vida en nombre del orden. Los policías no solo enfrentan la violencia y la criminalidad; también cargan con un enemigo silencioso y persistente: el estrés crónico.
Un estudio internacional con más de 270 mil policías en 24 países reveló cifras alarmantes: 14.6 % presenta síntomas depresivos, 14.2 % trastorno por estrés postraumático, 9.6 % ansiedad, 8.5 % ideación suicida y más del 25 % consumo de alcohol de riesgo. Estas tasas duplican e incluso triplican los niveles de la población general.
México: un terreno fértil para el desgaste
La situación mexicana refleja y agrava esta tendencia. Elementos de seguridad enfrentan salarios bajos, jornadas extenuantes, escasa capacitación, falta de descanso y un reconocimiento social casi nulo. A ello se suma un ambiente de violencia que los expone constantemente a escenas traumáticas.
Durante el sexenio de Enrique Peña Nieto (2012-2018), más de 8,000 elementos de la entonces Policía Federal fueron diagnosticados con algún trastorno psicológico. Entre ellos, casi 3,000 con depresión y más de 5,000 con ansiedad.
Sin embargo, más allá de las cifras, existe una barrera cultural: dentro de la propia corporación, pedir ayuda psicológica suele considerarse una debilidad. Los oficiales temen ser estigmatizados o vistos como incapaces, en un entorno donde la fortaleza y el control son parte de la identidad profesional.
Consecuencias personales, familiares e institucionales
El estrés prolongado no atendido genera un efecto dominó. En lo individual, muchos policías desarrollan síndrome de burnout, que incluye agotamiento emocional, despersonalización y sensación de baja realización personal. Esto se traduce en síntomas como insomnio, irritabilidad, fatiga crónica y, en los casos más graves, ideación suicida.
En lo familiar, la supresión constante de emociones repercute en el distanciamiento afectivo y en conflictos dentro del hogar. Como advierten los especialistas, el policía que aparenta dureza en la calle muchas veces se convierte en alguien indiferente o desconectado con sus seres queridos.
A nivel institucional, este desgaste compromete la seguridad pública. Policías con fatiga emocional, ansiedad o depresión tienen menor capacidad de reacción, de toma de decisiones bajo presión y mayor probabilidad de incurrir en abusos de poder, corrupción o abandono de servicio.
¿Quién cuida a quienes nos cuidan?
La paradoja es clara: aquellos que sostienen la seguridad nacional no cuentan con un sistema que les sostenga a ellos. De hecho, 40 % de los policías mexicanos reconoce que su trabajo afecta negativamente su salud.
Aunque existen esfuerzos aislados —como programas de capacitación en manejo del estrés o evaluaciones psicológicas—, la mayoría carece de continuidad y estructura. El énfasis institucional ha estado puesto en la militarización y en el combate directo a la delincuencia, dejando de lado la salud emocional de los oficiales.
Propuestas de intervención
Expertos plantean que el camino no está solo en más patrullas o más armas, sino en más cuidado humano. Una propuesta innovadora es el diseño de intervenciones grupales psicoeducativas basadas en la terapia cognitivo-conductual. Estas incluyen:
- Psicoeducación sobre estrés y emociones.
- Entrenamiento en técnicas como reestructuración cognitiva, respiración diafragmática y mindfulness.
- Aplicación práctica mediante ejercicios de role-playing y planes de acción individual.
El objetivo no es reemplazar la psicoterapia, sino ofrecer espacios seguros y accesibles donde los policías puedan aprender a regular sus emociones, compartir experiencias y construir redes de apoyo.
Un asunto de justicia institucional
Cuidar la salud emocional de los policías no es un lujo, ni una concesión opcional. Es una necesidad urgente que impacta directamente en la seguridad de la sociedad. Un cuerpo policial agotado, deprimido o enajenado difícilmente puede garantizar la paz que se le exige.
En palabras de los especialistas: “Cuidar a quienes nos cuidan no es una utopía, es un acto de justicia institucional”.
Por: Gorki Rodríguez.