Reportaje especial: Descubren vestigios de la tribu Tobosa en la Sierra El Diablo, al sur de Chihuahua
HISTORIASMX | Sierra El Diablo, Jiménez, Chih. – En uno de los territorios más remotos y escarpados del sur de Chihuahua, entre lomeríos áridos y sierras rocosas, ha salido a la luz un importante hallazgo arqueológico que aporta nuevas claves sobre la vida de las tribus nómadas del norte de México.

Se trata de un conjunto de chozas circulares de piedra y utensilios de uso doméstico pertenecientes a la tribu de los Tobosos, ubicados en un paraje conocido como Los Corralitos, dentro de la Sierra El Diablo, casi en los límites con el estado de Coahuila.
Estructuras circulares: arquitectura adaptada al desierto.
El asentamiento comprende al menos cuatro construcciones de planta circular, levantadas con piedras de origen local, dispuestas sin argamasa pero con técnica de apilamiento estable, formando muros de entre 50 y 100 cm de altura, con un diámetro interno promedio de 2 metros. Estas dimensiones permiten estimar una superficie útil de entre 3.1 a 3.5 m² por choza, espacio suficiente para albergar a tres o cuatro personas con utensilios básicos.

Las piedras utilizadas fueron seleccionadas por su forma semiplana y bordes angulares, con medidas estándar de 15 a 20 cm de largo por 8 a 10 cm de grosor. El diseño circular, además de facilitar la estabilidad estructural sin mortero, ayudaba a reducir la pérdida de calor durante las noches frías y resistía mejor los vientos del altiplano chihuahuense.
El sistema constructivo incluía un techo liviano de ramas entrecruzadas, posiblemente de palma o sotol, recubiertas con barro y zacate seco, lo que ofrecía aislamiento térmico y protección contra la intemperie. El piso, en muchos casos, presenta una ligera depresión central de unos 10 cm, posiblemente usada para canalizar el escurrimiento de agua o para encender fuego sin que se propagara a los techos vegetales.
Ubicación estratégica y geografía del entorno.
El sitio fue cuidadosamente ubicado en una ladera con leve pendiente, orientada hacia un llano amplio de más de 5 kilómetros de visibilidad continua, lo que permitía una vigilancia panorámica de los movimientos territoriales: ya fueran otras tribus, animales de caza o expediciones colonizadoras. La altitud promedio del sitio es de 1,390 metros sobre el nivel del mar, con una amplitud térmica diaria que oscila entre los 5 °C en la madrugada y hasta 37 °C por la tarde.

Los materiales de construcción fueron extraídos en un radio no mayor a 200 metros de distancia, lo cual indica conocimiento del terreno y eficiencia logística. El acceso al agua más cercana se sitúa a unos 850 metros, en una cañada que probablemente tenía manantiales estacionales.
Herramientas y morteros: tecnología doméstica del desierto.
Junto a las chozas se han recuperado morteros de piedra basáltica de tamaño medio (30–40 cm de diámetro), con evidencias de uso en molienda fina. Las huellas de abrasión indican el procesamiento de semillas duras, raíces y pigmentos minerales, probablemente usados tanto para alimentación como para usos rituales o medicinales.

También se hallaron lascas de obsidiana y pedernal trabajadas, presumiblemente restos de herramientas cortantes o puntas de proyectil. La presencia de estos materiales sugiere un conocimiento detallado del procesamiento de utensilios líticos, así como intercambios o desplazamientos de gran alcance, ya que la obsidiana no se encuentra de manera natural en la Sierra El Diablo.
Contexto histórico de los Tobosos.
Los Tobosos fueron una tribu indígena nómada que habitó regiones del Bolsón de Mapimí y el Desierto Chihuahuense durante los siglos XVI al XVIII. Su modo de vida se adaptaba a la geografía hostil del desierto, practicando una combinación de caza, recolección y movilidad estacional. Ocasionalmente formaron alianzas con otras tribus como los Conchos y los Tarahumares, aunque mantuvieron un patrón autónomo de resistencia frente a los avances del virreinato español.

Su conocimiento del terreno les permitió aprovechar nichos ecológicos estratégicos como la Sierra El Diablo, donde podían ocultarse, defenderse o reagruparse durante periodos de presión externa.
Valor del hallazgo: una nueva ventana al pasado nómada
Aunque modestas en apariencia, las estructuras de Los Corralitos revelan una complejidad en la organización territorial, el manejo de recursos y la construcción adaptativa al entorno desértico. Se trata de una arquitectura funcional, móvil y eficiente, pensada para durar lo suficiente sin dejar huellas permanentes, en consonancia con la movilidad de los grupos nómadas.

La tipología de estos refugios circulares y sus utensilios líticos asociados permite clasificarlos como sitios de ocupación temporal o estacional, con funciones habitacionales, alimenticias y defensivas.
Este descubrimiento pone en evidencia que incluso las tribus sin ciudades ni monumentos dejaron una huella profunda en el territorio, codificada en piedra, forma y geografía.
Conclusión.
En lo más recóndito del sur de Chihuahua, las piedras apiladas por manos indígenas hace siglos resisten el paso del tiempo como testigos mudos de una cultura adaptada a lo inhóspito. Los Corralitos, más que un conjunto de chozas, representan un fragmento del conocimiento humano sobre cómo habitar, observar, defender y sobrevivir en el corazón del desierto.

Con cada mortero desgastado y cada piedra bien colocada, los Tobosos siguen contando su historia… una que apenas empieza a ser descifrada.
Por: Gorki Rodríguez.