Esta tortuga no vive en otro país. No está en África ni en Asia. Es nuestra. De aquí. Endémica de México. Habita una zona muy específica: el Bolsón de Mapimí, un enorme fragmento del desierto que conecta Chihuahua, Coahuila y Durango.
HISTORIASMX. – En el sur de Jiménez, Chihuahua, donde el sol parte la tierra en la temporada seca y las lluvias traen apenas un respiro al monte, hay una especie que lleva millones de años sobreviviendo. Camina despacio, excava su hogar bajo el suelo, y ha aprendido a resistir el desierto con una calma que desarma.

Es la tortuga del Bolsón, también conocida como tortuga mexicana, tortuga grande o tortuga del Mapimí. La gente que la ha visto —pocas personas, porque no se deja ver fácilmente— la describe como una criatura solitaria, noble y sabia. Y quizás lo sea.
Esta tortuga no vive en otro país. No está en África ni en Asia. Es nuestra. De aquí. Endémica de México. Habita una zona muy específica: el Bolsón de Mapimí, un enorme fragmento del desierto que conecta Chihuahua, Coahuila y Durango.
Pero lo que pocos saben es que en el sur de Jiménez, entre los suelos duros del Bolsón y las laderas secas de la Sierra Ojo del Almagre, vive una de sus poblaciones menos conocidas y más olvidadas. Una población que sobrevive a pesar del abandono, del silencio institucional y del avance imparable de la actividad humana.
📍 Un rincón olvidado del desierto
No hay señal de celular en gran parte del sur de Jiménez. Las brechas polvorientas se internan entre matorrales bajos y llanuras salitrosas. Allí, lejos del bullicio, la tortuga excava sus madrigueras, algunas tan profundas y antiguas que han resistido décadas.
No es raro que algún ganadero o trabajador del campo se cruce con una de ellas durante la temporada de lluvias. Las han visto cruzar caminos, salir tímidamente al sol o esconderse ante cualquier ruido. Muchos las respetan, otros no tanto. Pero lo cierto es que el gobierno y la ciencia casi no han volteado a ver esta región.
⚠️ La Reserva existe, pero no llega hasta aquí
En 1979, el gobierno federal creó la Reserva de la Biosfera de Mapimí para proteger esta tortuga y otras especies únicas del desierto. La Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP) ha trabajado en esa zona durante años, y ha logrado avances valiosos: brigadas, educación ambiental, investigación.
Pero hay un problema: el presupuesto no alcanza. Y el personal tampoco. Las zonas que están fuera del núcleo de la Reserva, como esta parte de Jiménez, no reciben vigilancia, ni estudios, ni inversión. Y mientras tanto, el terreno se sigue desmontando para meter más ganado, abrir más brechas o sembrar donde antes había monte.
La tortuga sigue ahí. Pero sola.
📉 Una caída brutal en silencio
A nivel nacional, las cifras son alarmantes. En los años 90 se estimaban entre 7,000 y 10,000 tortugas del Bolsón en vida silvestre. Hoy se calcula que apenas sobreviven alrededor de 2,500 ejemplares adultos. La especie está oficialmente en «peligro crítico de extinción».

Las causas son muchas: la ganadería sin regulación, el tráfico ilegal de especies, el cambio climático, y el uso del suelo sin ningún tipo de orden. Y en lugares como Jiménez, donde ni siquiera hay una estrategia clara de conservación, el riesgo es aún mayor.
La tortuga depende de su madriguera, del equilibrio del clima, y de que nadie la moleste. Pero todo eso está cambiando demasiado rápido.
🌿 Lo que hace falta no es un milagro: es voluntad
Lo más triste es que aún hay tiempo de hacer algo. Pero para eso, hace falta:
- Que se destinen más recursos federales para proteger a esta especie.
- Que la CONANP pueda llegar con fuerza al sur de Jiménez.
- Que se realicen estudios científicos para saber cuántas tortugas quedan y dónde están.
- Que la gente de la región, que conoce mejor que nadie al territorio, sea incluida en los esfuerzos de conservación.
Muchas personas en Jiménez han mostrado interés en cuidar la vida silvestre. Solo necesitan que alguien las escuche y que existan programas reales que las respalden.
🐢 La tortuga que no hace ruido, pero importa
Esta tortuga no es famosa. No es feroz. No sale en películas. Pero es un símbolo de lo que puede pasar cuando no cuidamos lo que tenemos cerca.
Jiménez todavía tiene esta especie en sus tierras. Pero si no se hace algo pronto, lo único que quedará serán historias, fotografías borrosas y caparazones vacíos.
Cuidar a la tortuga del Bolsón no es solo salvar a un animal. Es aprender a respetar la historia natural de nuestro territorio. Es un acto de justicia ecológica. Es recordar que el desierto también tiene voz, aunque sea lenta, callada y cubierta de polvo.