🌱 A las nueve en punto: la primaria Guillermo Baca sembró raíces de futuro

El patio se llenó de voces infantiles, maestras alineadas y madres de familia acomodadas junto a los regidores del municipio de Jiménez. El ambiente no era solemne como en un desfile, pero sí tenía la fuerza simbólica de un acto cívico: honrar a la tierra, a la vida y al futuro de los niños.

El inicio: un acto cívico con tierra y esperanza

HISTORIASMX. – Eran las nueve de la mañana en punto cuando el timbre escolar sonó distinto. En lugar de anunciar el inicio de clases, marcó el arranque de una jornada que quedará en la memoria del Barrio de la Estación: la reforestación de la Primaria Guillermo Baca.

El patio se llenó de voces infantiles, maestras alineadas y madres de familia acomodadas junto a los regidores del municipio de Jiménez. El ambiente no era solemne como en un desfile, pero sí tenía la fuerza simbólica de un acto cívico: honrar a la tierra, a la vida y al futuro de los niños.

“Sembramos responsabilidad”

La directora del plantel, Tanya Seañez Ramos, tomó la palabra frente a los presentes. Sin atril ni protocolo, habló con la claridad de quien sabe que los árboles, al igual que los niños, se cuidan con ternura y constancia:

—“Hoy no sólo sembramos árboles, sembramos responsabilidad. Cada niño que meta sus manos en la tierra aprenderá que la vida necesita atención y paciencia. Este árbol les dará sombra, aire y hogar a los pájaros, pero sobre todo les enseñará que el futuro depende de lo que hagamos aquí y ahora”.

Los alumnos aplaudieron, y una niña de primero, con la pala en la mano, murmuró: “Yo quiero que mi árbol crezca más grande que la escuela”.

Una brigada de manos unidas

La maestra Tanya, coordinadora de la actividad, explicó el origen del proyecto:

—“Lo hacemos en coordinación con Caja Popular Mexicana, con Fundación México, con la Brigada de Educación de Desarrollo Rural de Camargo y con la Presidencia Municipal. Vimos que había zonas de la escuela completamente descubiertas, sin sombra. Nuestros niños merecen un espacio verde, un lugar fresco y vivo. Por eso, cada maestra adoptó cuatro árboles, y también el área de USAER. La idea es que cada grupo sea responsable de su cuidado”.

La escena era tan clara como esperanzadora: maestras sujetando palas, madres de familia cargando cubetas de agua y regidores hundiendo las manos en la tierra junto a los niños. La comunidad toda en un solo gesto de compromiso.

24 nuevos habitantes verdes

En total, se plantaron 24 árboles. La lista parecía una pequeña enciclopedia natural: de varios varias especies de árboles.

El terreno de la primaria se transformó poco a poco en un mapa de puntos verdes que con el tiempo serán sombras largas y flores amarillas en primavera.

“Cada niño tendrá su árbol, y cada árbol tendrá un niño que lo cuide”, dijo una madre mientras observaba cómo su hijo regaba con cuidado un árbol recién sembrado.

Pedagogía con raíces

La actividad fue más que una siembra simbólica. Las maestras planean que los alumnos hagan bitácoras de crecimiento, registren fechas de riego y aprendan a identificar cambios en las hojas y ramas.

La directora Tanya Seañez Ramos lo expresó con sencillez:

—“La escuela no sólo enseña a leer y a escribir. También debe enseñar a cuidar lo que nos da vida. Estos árboles serán maestros silenciosos: enseñarán paciencia, constancia y respeto por la naturaleza”.

Voces pequeñas, grandes compromisos

Durante la plantación de los árboles, las maestras explicaron a los alumnos sobre la importancia del cuidado de las plantas y sobre todo cada cuando tendrían que se regados para que estos crecieran. Los niños atentos acataron las instrucciones de las docentes.

Fotografía: Gorki Rodríguez / HISTORIASMX

Cada frase infantil era un recordatorio de que el proyecto no se trataba sólo de plantar, sino de crear vínculos emocionales con la naturaleza.

La comunidad como raíz compartida

Los regidores municipales que acudieron coincidieron en que la reforestación es también un acto de ciudadanía. “Aquí no venimos como autoridades, venimos como padres y vecinos. Este árbol será parte del barrio y su sombra nos va a cobijar a todos”, dijo uno de ellos.

La participación de instituciones y comunidad logró lo que pocas veces ocurre: una mañana en que la burocracia cedió lugar a la cooperación directa.

Tierra húmeda, promesas nuevas

Cuando el reloj marcó el mediodía, el patio de la primaria ya no era el mismo. La tierra húmeda y los arbolitos recién plantados habían cambiado el paisaje. Árboles que en un futuro darían una sombra y aire limpio a la escuela.

Antes de retirarse, la directora Tanya Seañez Ramos volvió a tomar la palabra:

—“Cuidemos estos árboles como cuidamos a nuestros hijos: con paciencia, con ternura y con disciplina. Porque así como ellos crecerán fuertes y dignos, también queremos que crezca nuestro barrio y nuestra escuela”.

El sol caía fuerte, pero la escuela ya no estaba sola frente al calor: 24 nuevos guardianes verdes habían echado raíces en Jiménez.

Por: Gorki Rodríguez.

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