Jiménez, Chihuahua: donde el desierto florece en dulzura y esfuerzo. Tierra de agricultores que, bajo el sol ardiente, cultivan uno de los frutos más emblemáticos del verano: el melón. Hoy, este municipio no solo es orgullo local, sino también líder estatal en producción, demostrando que con trabajo duro, el campo sí da frutos.
Jiménez, Chihuahua, HistoriasMX. – El melón, junto con la sandía, es una de las frutas más versátiles para disfrutar durante el verano. Ya sea en rebanadas, en jugos refrescantes o en cócteles con tajín y limón —como a todo buen mexicano le gusta—, su sabor lo convierte en un clásico de la temporada.

Al rayar el sol de un martes de julio de 2025, en compañía del ingeniero Roberto Baca —jefe del Distrito Agropecuario del Río Florido de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural— partimos de la ciudad de Jiménez hacia la porción sur del municipio, casi colindando con los estados de Coahuila y Durango. Nuestro destino: la comunidad de Las Glorias Uno y los ranchos circunvecinos, donde se produce el melón.
El ingeniero Baca tomó la carretera federal 49 rumbo a Torreón. Luego de una hora, llegamos al puente que atraviesa la carretera Escalón–Carrillo, para continuar hasta el rancho de Erick Vicencio, quien amablemente accedió a ofrecernos un recorrido por los cultivos de melón.
Aunque el calor del desierto es intenso en verano, el viaje fue agradable: las lluvias recientes reverdecieron el paisaje, formaron charcos y lagunas, y moderaron la temperatura, creando un ambiente fresco.

—En el año 2000 aproximadamente, en esta zona del municipio de Jiménez, se llegaron a sembrar hasta 2 mil hectáreas de melón —comentó Roberto Baca mientras esquivaba baches enormes.
—Jiménez estaba fuerte en el melón, más incluso que Ceballos. Los primeros en sembrarlo fueron los Anaya, pero con el tiempo muchos cambiaron de cultivo —relató con entusiasmo.
Después de 30 minutos, tomamos una brecha de terracería rumbo al rancho melonero. En el camino, comenzaron a aparecer señales de la cosecha, confirmando que habíamos llegado en plena temporada de producción.
A un costado del ejido se hallaba el primer empaque, perteneciente a la comunidad. Finalmente, llegamos al rancho de Erick Vicencio.
Aunque Chihuahua no está entre los cinco primeros productores nacionales de melón, según datos del Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera (SIAP), ocupa la sexta posición nacional, con una producción promedio de más de 30 mil toneladas. Esta cifra, sin embargo, contrasta con los datos de la SADER.
En 2024, según el SIAP, en el estado se sembraron 892.30 hectáreas, con una cosecha total de 16,273.55 toneladas, un rendimiento de 18.24 toneladas por hectárea y un valor de producción de 80 millones 410 mil 702.52 pesos.

Entre las 10 y 11 de la mañana, llegamos al rancho. Nos recibieron un sol ardiente, un calor seco y Erick, quien nos saludó desde lejos mientras coordina al personal. En menos de 20 minutos, ya íbamos rumbo a los campos de cosecha.
Rodeados de plantas con frutos y un intenso aroma a melón, Erick explicó que el proceso inicia con la elección de la semilla, sigue con la preparación de la tierra a principios de año, después la siembra, y finalmente el crecimiento del fruto hasta que esté listo para ser cosechado.
De los 67 municipios del estado, en 2024, la SADER reportó siembra y cosecha de melón en 12 municipios: Ahumada, Ascensión, Casas Grandes, La Cruz, Delicias, Janos, Jiménez, Juárez, Julimes, Ojinaga, Saucillo y Valle de Zaragoza.
El municipio líder estatal fue Jiménez, con 215 hectáreas sembradas, 100 % de cosecha, 5,375 toneladas producidas, un rendimiento de 25 toneladas por hectárea, precio medio rural de 4,477.36 pesos y un valor total de 24 millones 65 mil 810 pesos.
En los campos, al menos diez trabajadores cortaban melones y los lanzaban a una banda transportadora, que los llevaba a una carreta jalada por un tractor. Una vez llena, se transportaban al área de empaque, donde se clasificaban según calidad.
—Aquí se hacen varios cortes, porque una planta da más de un fruto —explicó Roberto Baca.
—El melón se queda en México, va a Puebla y a la Central de Abastos. A veces tiene buen precio y a veces no, así es esto —dijo Erick Vicencio.
Después de conocer el proceso de cosecha, el olor, el fruto y el esfuerzo humano que implica, nos dirigimos a la empacadora.

Durante el camino, Erick nos contó que los melones que no cumplen con los estándares de calidad se conocen como “pachanga”, y se usan para venta local o como alimento para animales.
En la empacadora, bajo un tejabán metálico, se volcaban los melones en una seleccionadora manual, donde la intervención humana era fundamental. El melón de primera clase se empacaba en rejas de madera y se cargaba en camiones refrigerados con destino al centro del país.

En 2025, según el SIAP, en Jiménez se registran 210 hectáreas sembradas, una disminución de cinco hectáreas respecto a 2024.
A nivel estatal, hasta mayo de 2025, se reportan 419 hectáreas sembradas de melón en 7 municipios:
- Ahumada: 32 ha
- Ascensión: 8 ha
- Casas Grandes: 2 ha
- Janos: 80 ha
- Jiménez: 210 ha
- Ojinaga: 10 ha
- Valle de Zaragoza: 5 ha
El melón: salud, frescura y versatilidad
Más allá de ser un producto agrícola clave para Jiménez, el melón es también una de las frutas más completas en beneficios y usos. Conformado en un 90 % por agua, es ideal para hidratar el cuerpo en épocas de calor extremo, como el que caracteriza al sur de Chihuahua.

Rico en vitamina C, vitamina A (betacarotenos) y antioxidantes, el melón ayuda a fortalecer el sistema inmunológico, mejorar la salud ocular y retrasar el envejecimiento celular. También contiene fibras y minerales como potasio y magnesio, lo que lo hace útil para regular la presión arterial y mejorar la digestión.
Entre sus principales beneficios para la salud, destacan:
- Rehidratación natural en climas secos y calurosos.
- Efecto diurético, ayudando a evitar la retención de líquidos.
- Apoyo digestivo, gracias a su fibra.
- Protección inmunológica, por su alto contenido vitamínico.
- Prevención de enfermedades crónicas, por su efecto antioxidante.
En cuanto a sus usos culinarios, el melón se consume de múltiples formas:
- Fresco, en cubos o rebanadas, como postre o snack.
- En jugos, aguas frescas y licuados.
- Como base de cócteles de frutas con limón, chile y tajín.
- En ensaladas dulces o saladas, combinado con jamón serrano o queso.
- En mermeladas, paletas, helados y nieves artesanales.
- Y en algunos casos, incluso se aprovecha en productos cosméticos por su efecto hidratante.
Así, el melón de Jiménez no solo representa riqueza agrícola y empleo rural, sino que es también una fuente de salud que llega a miles de mesas mexicanas, reafirmando su lugar como fruta estrella del verano.
¿Por qué el melón de Jiménez es tan dulce?
El sabor del melón —ese dulzor intenso y fresco que lo hace inconfundible— no es casualidad. Detrás hay una combinación precisa de factores agroclimáticos, prácticas agrícolas y selección de variedades que influyen directamente en la calidad final del fruto.
Uno de los elementos clave es el tipo de suelo del sur del municipio de Jiménez, donde predominan las tierras arenosas y con buena retención de calor, ideales para el cultivo del melón. Además, la alta radiación solar, las noches frescas y la baja humedad ambiental crean un ambiente perfecto para que los azúcares naturales del melón se concentren.
Otro punto determinante es el manejo del riego controlado por goteo, que permite estrés hídrico moderado en ciertas etapas del crecimiento. Esta técnica agrícola, bien aplicada, provoca que la planta produzca frutos más dulces como mecanismo de defensa natural.

Para medir objetivamente la dulzura del melón, los productores utilizan la escala Brix, una herramienta que determina el contenido de sólidos solubles en frutas, principalmente azúcares.
🔹 Un melón comercialmente aceptable tiene entre 10 y 12 grados Brix,
🔹 Mientras que los melones premium pueden alcanzar de 14 a 16 grados Brix o más, lo cual indica un nivel de dulzor excelente.
De acuerdo con productores, los melones cultivados en Jiménez llegan a registrar entre 13 y 15 grados Brix, lo que les permite colocarse en mercados exigentes como el del centro del país, y ser altamente valorados por su sabor.

En resumen, la combinación entre clima extremo, manejo hídrico preciso, suelos adecuados y experiencia en el campo, ha convertido al melón de Jiménez en uno de los más dulces y apreciados de México.
Por: Gorki Rodríguez.