¿Sigue siendo rentable producir nuez en un acuífero sobreexplotado?

La reducción de árboles y la tecnificación del riego pueden mejorar la eficiencia de las huertas, pero no eliminan el elevado requerimiento fisiológico del nogal ni resuelven la sobreexplotación del acuífero Jiménez–Camargo

HISTORIASMX. – Pasar de utilizar hasta 9 mil litros de agua para producir un kilogramo de nuez a gastar aproximadamente 2 mil litros parece una alternativa extraordinaria para una región como Jiménez, Chihuahua, donde el nogal pecanero representa una de las actividades agrícolas más importantes. Sin embargo, al revisar los datos hidrológicos, agronómicos y matemáticos, la promesa requiere analizarse con cautela.

El denominado Método Valdés —basado en reducir la densidad de árboles, ampliar sus copas, utilizar riego localizado, aplicar fertilizantes directamente en la zona radicular y mantener una poda intensiva— puede representar una estrategia útil para rehabilitar determinadas huertas. No obstante, todavía no existe evidencia científica pública suficiente que permita asegurar que todas las nogaleras de Jiménez pueden reducir entre 70 y 75% su consumo de agua, mantener rendimientos de 2.3 toneladas por hectárea y conservar su rentabilidad durante varios ciclos agrícolas.

El problema central es que el nogal continúa siendo un cultivo de alta demanda hídrica. Aunque se eliminen árboles, los ejemplares restantes necesitan desarrollar copas más grandes para compensar la producción. Una vez que esas copas ocupan nuevamente buena parte de la superficie, la evapotranspiración puede volver a incrementarse.

Jiménez extrae casi el doble del agua que naturalmente puede recargarse

La situación del acuífero Jiménez–Camargo es crítica. La actualización oficial publicada por la Comisión Nacional del Agua establece una recarga natural media anual de 174.9 millones de metros cúbicos, mientras que el volumen registrado de extracción alcanza 336.77 millones de metros cúbicos anuales.

Después de considerar 5.5 millones de metros cúbicos correspondientes a descarga natural comprometida, la disponibilidad resulta negativa:

174.9 – 5.5 – 336.77 = –167.37 millones de metros cúbicos anuales.

Esto significa que el volumen comprometido y registrado representa prácticamente el doble de la recarga natural calculada. El déficit equivale a 167 mil 374 millones de litros cada año. No es un déficit ocasional provocado exclusivamente por una temporada seca, sino un desequilibrio estructural entre el agua que entra y la que se pretende extraer.

CONAGUA reconoce además una limitación especialmente preocupante: no existe información piezométrica actual ni histórica suficiente en toda la superficie del acuífero. Su cálculo se apoya, en buena medida, en un balance hidrometeorológico indirecto. Por ello, el déficit oficial no debe interpretarse como el peor escenario posible, sino como la mejor estimación administrativa disponible con información limitada. CONAGUA: disponibilidad del acuífero Jiménez–Camargo

En un acuífero con disponibilidad negativa, cada hectárea nueva de nogal no constituye solamente una inversión agrícola. Representa también una obligación de extraer agua durante varias décadas, precisamente cuando la fuente que deberá sostenerla ya se encuentra sobreasignada.

El nogal no deja de necesitar agua por tener riego por goteo

El riego tecnificado reduce pérdidas por conducción, escurrimiento, evaporación innecesaria y aplicaciones fuera de la zona radicular. Sin embargo, no modifica las necesidades fisiológicas básicas del árbol.

El nogal pecanero necesita agua para mantener su copa, realizar la fotosíntesis, transportar nutrientes, regular su temperatura y desarrollar el fruto. La literatura científica mexicana menciona requerimientos de aproximadamente uno a 1.2 metros de lámina, dependiendo de las condiciones ambientales, edad de los árboles, suelo y manejo.

En ambientes áridos, otras investigaciones han encontrado consumos estacionales de hasta 1.3 o 1.4 metros en nogaleras maduras. Una lámina de un metro equivale a 10 mil metros cúbicos por hectárea; una de 1.4 metros representa 14 mil metros cúbicos.

La falta de agua produce consecuencias directas:

  • Durante el crecimiento inicial del fruto genera nueces de menor tamaño.
  • Durante el llenado provoca almendras ligeras, arrugadas o incompletas.
  • Reduce el área foliar, la fotosíntesis y el crecimiento de ramas productivas.
  • Limita la acumulación de reservas para la cosecha siguiente.
  • Aumenta la alternancia productiva: un año con cosecha aceptable puede ser seguido por otro de rendimiento reducido.
  • Favorece debilitamiento, muerte regresiva de ramas y mayor vulnerabilidad frente a enfermedades.

Un estudio realizado en Chihuahua con plantas de la variedad Western Schley encontró que el estrés hídrico redujo considerablemente el área foliar, el diámetro y diferentes parámetros relacionados con el desarrollo del árbol. Revista Chapingo: respuesta del nogal al estrés hídrico

Durante el llenado de la almendra, la disponibilidad de humedad es particularmente importante. La recomendación técnica puede alcanzar alrededor de dos pulgadas semanales entre lluvia y riego en esa fase; cuando falta agua, la almendra pierde peso y calidad comercial. Oklahoma State University Extension

Por esta razón, el nogal puede sobrevivir con menos agua, pero sobrevivir no significa producir de manera rentable. El productor no vende árboles vivos: vende kilogramos de nuez con determinado tamaño, peso, porcentaje de almendra, color y calidad.

¿Realmente se puede bajar de 9 mil a 2 mil litros por kilogramo?

La cifra debe manejarse con precisión. Los litros por kilogramo se obtienen dividiendo el agua aplicada entre los kilogramos cosechados.

Si el Método Valdés aplica una lámina de 50 centímetros:

  • Agua aplicada: 5 mil metros cúbicos por hectárea.
  • Producción anunciada: 2 mil 300 kilogramos por hectárea.
  • Resultado: 2 mil 174 litros por kilogramo de nuez.

Matemáticamente, la cifra cercana a 2 mil litros es correcta, pero solamente si se cumplen simultáneamente las dos condiciones: limitar el riego a 5 mil metros cúbicos y obtener 2.3 toneladas.

Si esa misma huerta, por calor, suelo, salinidad, alternancia productiva o estrés hídrico, únicamente produce 1.2 toneladas, el resultado cambia a 4 mil 167 litros por kilogramo. Si baja a 800 kilogramos, se eleva a 6 mil 250 litros.

También debe revisarse el supuesto de los 9 mil litros. Con una lámina convencional de 1.2 a 1.4 metros y un rendimiento de 2.3 toneladas, el consumo sería de aproximadamente:

Lámina aplicadaVolumen por hectáreaRendimientoAgua por kilogramo
0.50 m5,000 m³2,300 kg2,174 litros
1.20 m12,000 m³2,300 kg5,217 litros
1.40 m14,000 m³2,300 kg6,087 litros
2.07 m20,700 m³2,300 kg9,000 litros

Para llegar a 9 mil litros manteniendo una cosecha de 2.3 toneladas sería necesario aplicar una lámina superior a dos metros. Otra posibilidad es que la huerta utilice entre 12 mil y 14 mil metros cúbicos, pero produzca solamente entre 1.3 y 1.5 toneladas.

Por tanto, los 9 mil litros no representan necesariamente el consumo de todas las nogaleras, sino el resultado de combinar un elevado volumen de riego con una baja productividad.

La reducción anunciada tampoco coincide completamente con las láminas citadas

Si una huerta convencional pasa de una lámina de 1.2 metros a 50 centímetros, la disminución es de aproximadamente 58.3%.

Si pasa de 1.4 metros a 50 centímetros, el ahorro sería de 64.3%.

Para afirmar un ahorro de 70% tendría que compararse la lámina de 50 centímetros contra una aplicación inicial cercana a 1.67 metros. Para hablar de 75%, la referencia tendría que ser una lámina de dos metros.

Esto no desacredita el Método Valdés, pero muestra que el porcentaje depende de la huerta utilizada como referencia. No puede afirmarse que todas las unidades productivas ahorrarán 70 o 75% sin medir previamente su consumo real.

Menos árboles no significa automáticamente 70% menos evapotranspiración

Eliminar la mitad de los árboles puede disminuir inicialmente la superficie foliar, la competencia y el consumo total. Pero el objetivo del método es que los 35 nogales restantes formen copas de mayor tamaño y produzcan lo equivalente a dos o más ejemplares convencionales.

La evapotranspiración del nogal depende de varios factores:

  • Cobertura total de la copa.
  • Diámetro y edad de los árboles.
  • Temperatura y radiación solar.
  • Humedad y velocidad del viento.
  • Tipo y profundidad del suelo.
  • Carga de frutos.
  • Frecuencia y método de riego.

Investigaciones desarrolladas en regiones áridas han encontrado que el consumo es altamente dependiente del tamaño de los árboles y de la densidad de plantación. Los nogales maduros y próximos entre sí pueden utilizar entre 100 y 130 centímetros durante el ciclo.

En consecuencia, la pregunta determinante no es solamente cuántos árboles existen, sino cuántos metros cuadrados de follaje activo permanecen por hectárea. Si 35 árboles de gran porte terminan cubriendo casi la misma superficie que 69 árboles más pequeños, el ahorro podría ser menor al esperado.

Por qué una nueva nogalera resulta difícil de justificar económicamente en Jiménez

No puede afirmarse que todas las huertas existentes sean financieramente improductivas. Algunas pueden mantener utilidades porque ya cuentan con árboles adultos, infraestructura pagada, concesión de agua, experiencia de manejo, compradores y rendimientos elevados.

Lo que resulta difícil de justificar es continuar expandiendo la superficie nogalera como si el agua fuera abundante y su disponibilidad futura estuviera garantizada.

1. El agua necesaria no tiene respaldo en la recarga

El acuífero presenta un déficit anual de 167.37 millones de metros cúbicos. El ahorro dentro de una huerta es positivo, pero solamente se convierte en recuperación del acuífero si el volumen ahorrado deja de extraerse.

Si el productor utiliza el ahorro para plantar más hectáreas, venderlo, transferirlo o incrementar otros cultivos, mejora su eficiencia privada, pero no disminuye necesariamente la extracción regional.

2. Cada nueva hectárea adquiere una obligación de varias décadas

Un nogal tarda años en alcanzar plena producción. Durante ese periodo requiere inversión en establecimiento, riego, fertilización, poda, control sanitario y energía eléctrica. Cuando finalmente madura, dependerá de una fuente de agua cuya disponibilidad futura es cada vez más incierta.

3. Bombear agua cuesta cada vez más

Cuando disminuye el nivel del agua, es necesario elevarla desde mayor profundidad. Esto incrementa el consumo eléctrico, el desgaste de bombas, la necesidad de rehabilitar pozos y el riesgo de que algunos aprovechamientos pierdan capacidad.

Sin una red piezométrica suficiente no puede calcularse con exactitud la evolución del costo de bombeo en cada zona de Jiménez, pero el principio económico es claro: cuanto mayor sea la profundidad de extracción, mayor será el costo energético por metro cúbico.

4. Reducir el riego también puede reducir los ingresos

El nogal no responde de manera lineal. Un ahorro de 30% en agua no necesariamente provoca una pérdida de apenas 30% en cosecha. Si el déficit ocurre durante el crecimiento del fruto o el llenado de la almendra, puede deteriorar simultáneamente rendimiento, tamaño y calidad.

El productor puede terminar vendiendo menos kilogramos y recibiendo un precio inferior por nueces pequeñas, mal llenadas o de bajo porcentaje de almendra.

5. El desmonte productivo tiene un costo inmediato

Retirar árboles adultos implica gastos de corte, extracción, trituración de madera, adecuación del sistema de riego, poda de formación y nivelación. También puede provocar una caída temporal en la producción mientras los nogales seleccionados amplían sus copas y ocupan el espacio disponible.

6. El rendimiento de 2.3 toneladas no está garantizado

La cifra atribuida al Método Valdés procede de registros y experiencias presentadas por sus promotores y retomadas en publicaciones periodísticas. Durante esta revisión no se localizó un ensayo público, arbitrado y replicado en Jiménez que compare durante varios años:

  • Huertas convencionales y huertas bajo el Método Valdés.
  • Misma variedad y edad.
  • Mismo suelo y calidad del agua.
  • Volumen medido con caudalímetros.
  • Evapotranspiración real.
  • Rendimiento y calidad de la nuez.
  • Costos de transformación.
  • Rentabilidad neta.

La ausencia de esa evaluación no significa que el método sea falso. Significa que sus resultados todavía no deben generalizarse como una garantía productiva regional.

El Método Valdés puede ayudar, pero debe probarse antes de cortar huertas completas

El planteamiento tiene elementos técnicamente razonables: reducir competencia excesiva, mejorar la entrada de luz, eliminar árboles improductivos, aplicar agua en la zona radicular, fertilizar de manera localizada y ajustar el riego conforme a la demanda real.

La investigación sobre nogaleras en el norte de México coincide en que programar correctamente el momento y volumen de riego es fundamental para elevar la eficiencia. Estudio sobre eficiencia hídrica en nogal del norte de México

Sin embargo, la adopción en Jiménez debería comenzar mediante parcelas demostrativas y no con cortes generalizados. Durante al menos cuatro o cinco ciclos sería necesario medir:

  • Agua extraída por hectárea.
  • Humedad del suelo a diferentes profundidades.
  • Evapotranspiración.
  • Producción por árbol y por hectárea.
  • Tamaño, peso y porcentaje de almendra.
  • Costos de bombeo y fertilización.
  • Alternancia productiva.
  • Mortalidad y recuperación de los árboles.
  • Utilidad neta por hectárea y por metro cúbico.

También convendría comparar tres escenarios: huerta convencional, huerta con aclareo y huerta tecnificada sin reducción drástica de árboles. Solamente así podría determinarse qué parte del ahorro procede del aclareo, cuál del goteo y cuál de una mejor programación.

La conclusión: eficiente no es lo mismo que sostenible

El Método Valdés podría hacer más eficiente una huerta: obtener más nuez por cada metro cúbico, disminuir competencia y concentrar los recursos en los árboles con mayor potencial. Pero eso no significa automáticamente que la producción sea sostenible dentro del acuífero Jiménez–Camargo.

La diferencia es fundamental. Una huerta puede mejorar de 6 mil a 3 mil litros por kilogramo y seguir extrayendo agua de una reserva que no alcanza a recuperarse. Incluso los 5 mil metros cúbicos por hectárea propuestos representarían una demanda considerable si se multiplican por miles de hectáreas.

En Jiménez, el problema ya no consiste únicamente en perfeccionar la manera de bombear. La discusión debe centrarse en cuánto puede extraerse sin continuar vaciando el acuífero, qué superficie agrícola puede sostenerse y qué cultivos generan mayor valor económico y social por metro cúbico.

El nogal seguirá produciendo únicamente si recibe el agua que requiere, especialmente durante la formación y el llenado de la nuez. Cuando esa disponibilidad deja de estar garantizada, la rentabilidad se convierte en una apuesta condicionada por la profundidad del pozo, el costo de la energía, la calidad del agua, el clima y la capacidad económica del productor.

Por ello, establecer nuevas nogaleras en Jiménez resulta cada vez más difícil de justificar. Para las huertas existentes, el Método Valdés puede ser una opción de adaptación que merece estudiarse, pero no debe presentarse como una solución comprobada al déficit regional ni como una fórmula capaz de producir la misma cantidad de nuez con una cuarta parte del agua en cualquier predio.

En un acuífero que pierde contablemente más de 167 millones de metros cúbicos al año, ahorrar agua es indispensable. Pero la recuperación solamente comenzará cuando ese ahorro se traduzca en menos extracción real, no únicamente en más superficie cultivada con el mismo volumen disponible.

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