Entre el río Parral, la cuenca del Conchos y las comunidades rurales de Allende, la presa fue presentada como una solución para incorporar nuevas tierras de riego; sin embargo, documentos técnicos de CONAGUA revelan que la zona de riego quedó detenida desde 2016 por falta de vigencia financiera ante Hacienda.
La sequía azota la Presa Piedras Azueles.
HISTORIASMX. – Hoy, donde alguna vez se proyectó un gran espejo de agua capaz de impulsar el desarrollo agrícola y transformar el futuro de las comunidades rurales del municipio de Allende, el panorama es muy distinto. La Presa Piedras Azules, ubicada en la comunidad de Búfalo, muestra actualmente un nivel de almacenamiento extremadamente bajo, al grado de que gran parte de su vaso permanece expuesto y el agua visible se concentra únicamente en un pequeño remanente, semejante a un charco en comparación con la capacidad para la que fue diseñada.

La imagen resulta impactante. Lo que hace apenas unos años llegó incluso a derramar excedentes durante temporadas de abundantes lluvias, hoy enfrenta las consecuencias de una prolongada sequía que afecta a gran parte del estado de Chihuahua. El descenso del nivel del agua no solo modifica el paisaje, sino que representa una señal de alerta para productores, ganaderos y habitantes que ven en esta infraestructura una fuente estratégica para el desarrollo regional.

Especialistas en hidrología coinciden en que las presas del norte de México dependen en gran medida de los escurrimientos generados durante la temporada de lluvias. Cuando estos son insuficientes durante varios ciclos consecutivos, el almacenamiento disminuye aceleradamente debido a la combinación de extracción, infiltración y, sobre todo, a las elevadas tasas de evaporación propias del clima semidesértico de Chihuahua.
De mantenerse las actuales condiciones climáticas y si las precipitaciones significativas no llegan durante la presente temporada, el volumen remanente podría continuar disminuyendo durante los próximos meses, comprometiendo aún más la disponibilidad de agua almacenada. La evolución exacta dependerá de las lluvias futuras y de la gestión del recurso, por lo que no puede afirmarse con certeza que desaparecerá por completo, pero sí que enfrenta un escenario crítico si persiste la falta de aportaciones hídricas.

Paradójicamente, esta situación ocurre en una obra que fue concebida como uno de los proyectos hidráulicos más importantes para la región, con el objetivo de almacenar millones de metros cúbicos de agua e incorporar nuevas superficies agrícolas al riego. Hoy, la realidad obliga a preguntarse qué tan vulnerable es la infraestructura hidráulica del sur de Chihuahua frente a la sequía, el cambio climático y la creciente presión sobre los recursos hídricos. La historia de la Presa Piedras Azules es, al mismo tiempo, la historia de una promesa de desarrollo y del enorme desafío que representa administrar el agua en una de las regiones más áridas del país.
El origen.
En el sur de Chihuahua, donde el agua define el destino de las comunidades rurales, la Presa Piedras Azules, ubicada en la zona de Búfalo, municipio de Allende, nació como una obra estratégica: captar escurrimientos del río Parral, almacenar agua en una región marcada por sequías recurrentes y convertir ese recurso en producción agrícola para ejidos y familias del campo.
La obra fue inaugurada oficialmente en enero de 2015. En aquel momento se presentó como un proyecto de alto impacto social, con una inversión conjunta de 162.9 millones de pesos, integrada por 102.9 millones de pesos federales para la presa de almacenamiento y 60 millones de pesos estatales para la zona de riego en proceso. La promesa era incorporar alrededor de 665 hectáreas de cultivo y beneficiar a 590 familias de Búfalo y de los ejidos Ignacio Ramírez, Plan de Ayala y Felipe Ángeles.

Pero la historia técnica de Piedras Azules no termina con su inauguración. De hecho, los propios documentos de CONAGUA muestran que la presa fue terminada, pero el sistema que debía llevar el agua a las parcelas quedó parcialmente construido. La Actualización del Análisis Costo-Beneficio de la Zona de Riego Piedras Azules, licitada por CONAGUA en 2019, señala que la construcción de la presa inició en 2012, concluyó en 2014, y que en 2015 se inició apenas la construcción de 740 metros de canal principal con tubería de poliéster reforzado con fibra de vidrio, además de un tanque regulador. A partir de 2016, ya no fue posible continuar con los trabajos porque la cartera de inversión ante la Secretaría de Hacienda y Crédito Público quedó sin vigencia financiera.
Una presa sobre el río Parral.
La presa se ubica sobre el río Parral, dentro de la cuenca del río Conchos, una de las regiones hidrológicas más importantes del estado de Chihuahua. Durante su inauguración, CONAGUA informó que la presa tenía una capacidad de almacenamiento de alrededor de 9.91 millones de metros cúbicos y que en el embalse se sembraron especies como carpa, tilapia y bagre, lo que abrió también una dimensión recreativa y pesquera para la zona.

Este dato es importante porque coloca a Piedras Azules dentro de una lógica más amplia: no se trata únicamente de una represa aislada, sino de una infraestructura conectada al sistema hídrico del sur de Chihuahua, una región donde la disponibilidad de agua depende de lluvias irregulares, escurrimientos temporales y ciclos de sequía cada vez más severos.
En el discurso oficial de 2015, se justificó la obra bajo el argumento de que Chihuahua enfrenta condiciones climáticas adversas. Se señaló que el estado registra una precipitación promedio menor a la media nacional y que en la década previa se habían presentado varios periodos de sequía.
La promesa: agua para producir.
La Presa Piedras Azules fue concebida como una obra hidroagrícola. Su objetivo no era solamente almacenar agua, sino crear una zona de riego capaz de detonar producción agrícola en comunidades rurales históricamente dependientes de lluvias y escurrimientos.
De acuerdo con el documento técnico de CONAGUA, la finalidad era continuar obras del canal principal y de la zona de riego solicitadas por habitantes de Búfalo, Ignacio Ramírez, Plan de Ayala, Felipe Ángeles y Ampliación Felipe Ángeles. El mismo documento explica que CONAGUA buscaba impulsar zonas susceptibles de incrementar la producción agrícola mediante infraestructura hidroagrícola, siempre sujeta a estudios de factibilidad técnica, social, económica, legal y ambiental.
En otras palabras, Piedras Azules fue planteada como una infraestructura para transformar agua almacenada en productividad rural. Sin embargo, el problema central es que una presa sin red de distribución completa puede convertirse en una obra de potencial limitado: almacena el recurso, pero no necesariamente logra llevarlo de forma eficiente, ordenada y equitativa hasta las parcelas que justificaron su construcción.
La parte inconclusa: el canal y la zona de riego.
El hallazgo documental más relevante es este: la presa fue construida, pero la zona de riego quedó detenida.
La actualización del análisis costo-beneficio de CONAGUA reconoce que, después de concluir la presa y avanzar en el proyecto ejecutivo, solo se construyeron 740 metros del canal principal y un tanque regulador. Luego, desde 2016, los trabajos no continuaron por la pérdida de vigencia financiera del proyecto ante Hacienda.
Este punto cambia la lectura pública de la obra. La presa no debe evaluarse únicamente por el muro, el vaso o la capacidad de almacenamiento, sino por el sistema completo: captación, conducción, distribución, operación, mantenimiento, derechos de agua, rentabilidad social y beneficio real para las comunidades.
El propio documento de CONAGUA reconoce que algunos proyectos no habían cumplido sus metas originales de construcción y que era necesario actualizar el análisis costo-beneficio para decidir si debían reincorporarse a cartera de inversión.
Inversión pública y beneficios prometidos.
Las cifras oficiales publicadas en 2015 hablan de una inversión total de 162.9 millones de pesos, con participación federal y estatal. La obra fue anunciada como beneficio para 590 familias y para una superficie potencial de 665 hectáreas de riego.
También se reportó la entrega de un título de concesión de agua por 12 millones de metros cúbicos anuales, cifra superior a la capacidad ordinaria mencionada para la presa en la nota oficial, con el argumento de garantizar el uso productivo del recurso en el sector primario.
Aquí aparece una tensión técnica relevante: una cosa es la capacidad física de almacenamiento, otra el volumen concesionado, otra la disponibilidad hidrológica real en años secos y otra la infraestructura necesaria para conducir el agua. En una región de lluvias irregulares, el éxito de una zona de riego depende no solo del título o de la cortina, sino de la disponibilidad efectiva de agua, la eficiencia de conducción, el patrón de cultivos y la gobernanza local del recurso.
Una obra que volvió a requerir atención técnica.
La presa no quedó fuera del radar institucional. En 2021, CONAGUA incluyó a Piedras Azules dentro de trabajos de rehabilitación y mantenimiento junto con presas de alta relevancia estatal como Las Vírgenes, La Boquilla y la derivadora Andrew Weiss. El documento de invitación para supervisión técnica y control de calidad señala que los trabajos correspondían a presas ubicadas en Rosales, San Francisco de Conchos, Camargo y Allende, con un plazo de ejecución de 169 días naturales, del 15 de junio al 30 de noviembre de 2021.

Este dato confirma que Piedras Azules no es una obra menor ni abandonada por completo, sino una infraestructura que requiere vigilancia, mantenimiento y seguimiento técnico. Las presas, por su naturaleza, no son obras que se inauguran y se olvidan: demandan monitoreo estructural, conservación de cortina, obra de toma, vertedor, caminos de acceso, operación hidráulica y manejo de riesgos.
Cuando la presa derrama: abundancia temporal en una región seca.
Otro episodio relevante ocurrió cuando la presa comenzó a derramar en la comunidad de Búfalo. Medios regionales reportaron que la represa se encontraba al 109% de su capacidad, por lo que se preveía que continuara vertiendo excedentes.
Este tipo de eventos suele generar una percepción de abundancia, pero en términos técnicos debe leerse con cuidado. Que una presa derrame durante una temporada no significa que exista seguridad hídrica permanente. En Chihuahua, los ciclos de lluvia pueden llenar presas en determinados años y dejarlas en niveles críticos en otros. Por eso, el reto no es solo almacenar agua cuando llueve, sino administrarla con criterios de eficiencia, prioridad social, sustentabilidad y planeación multianual.
El problema de fondo: infraestructura sin cierre integral
La historia de Piedras Azules muestra un patrón común en obras hidráulicas rurales: se construye la infraestructura principal, se inaugura políticamente, se anuncian beneficios agrícolas, pero después quedan pendientes las redes secundarias, los canales, los sistemas parcelarios o la operación completa.
En este caso, la evidencia documental indica que la presa sí fue construida, pero el sistema de riego quedó detenido por problemas de gestión financiera ante SHCP. La propia CONAGUA consideró necesario actualizar el análisis costo-beneficio para revisar factibilidad, costos, beneficios, riesgos, disponibilidad hídrica, tenencia de la tierra y condiciones sociales.
Esto abre varias preguntas periodísticas:
¿Por qué la zona de riego perdió vigencia financiera?
¿Cuánto recurso adicional se requería para concluirla?
¿Qué obras quedaron pendientes después de los 740 metros de canal?
¿Cuántas hectáreas se riegan realmente hoy con agua de Piedras Azules?
¿Qué comunidades recibieron el beneficio prometido?
¿Existe padrón actualizado de usuarios?
¿Qué cultivos se establecieron o se pretendían establecer?
¿La disponibilidad de agua justifica la ampliación agrícola en una región de sequía recurrente?
Conclusión.
La Presa Piedras Azules representa una obra hidráulica de alto valor estratégico para Búfalo y comunidades rurales de Allende. Fue construida sobre el río Parral, dentro de la cuenca del Conchos, con una inversión pública importante y con la promesa de beneficiar a cientos de familias mediante nuevas hectáreas de riego.
Sin embargo, la revisión documental revela que su historia es más compleja que la inauguración oficial. La presa se terminó, pero la zona de riego quedó parcialmente construida. Desde 2016, el proyecto enfrentó un freno financiero por la pérdida de vigencia de la cartera de inversión ante Hacienda. Ese punto convierte a Piedras Azules en una obra que debe analizarse no solo como infraestructura física, sino como proyecto público incompleto.
En una región donde el agua define el futuro agrícola, social y ambiental, Piedras Azules plantea una pregunta de fondo: ¿se construyó una presa para transformar el campo o se dejó inconcluso el sistema que debía llevar sus beneficios a la tierra?
La respuesta está en los documentos técnicos, en las comunidades beneficiarias y en el estado actual de la zona de riego.