Jiménez no fue cuna de la División del Norte: la historia, los documentos y el mito regional

Pocas fuerzas militares han alcanzado en América Latina el nivel de poder, organización, movilidad y capacidad de combate que logró la legendaria División del Norte durante la Revolución Mexicana. Bajo el mando de Francisco Villa, aquel gigantesco ejército popular derrotó al régimen huertista, transformó el norte de México y se convirtió en uno de los fenómenos militares y sociales más impresionantes del siglo XX. Sin embargo, más de un siglo después, todavía existe una disputa regional sobre dónde nació realmente la División del Norte. Mientras algunos grupos en Jiménez, Chihuahua, sostienen que esta ciudad fue su cuna, la evidencia historiográfica más sólida apunta hacia otro lugar: la Hacienda de La Loma, Durango.

El ejército revolucionario más poderoso de América Latina.

HISTORIASMX. – La División del Norte no fue simplemente una agrupación armada. Fue un auténtico ejército popular con estructura militar, artillería, caballería, trenes militares, hospitales, servicios sanitarios, cuerpos de inteligencia y una capacidad logística pocas veces vista en América Latina durante esa época.

El historiador Pedro Salmerón la define como “un ejército del pueblo”, integrado por rancheros, peones, mineros, ferrocarrileros, vaqueros, campesinos y antiguos rebeldes del norte del país.

En su momento de mayor fuerza, la División del Norte reunió decenas de miles de hombres armados y dominó prácticamente todo el norte de México. Su maquinaria militar tomó ciudades estratégicas como Torreón, Chihuahua, Ojinaga, Saltillo y Zacatecas, esta última considerada una de las batallas más decisivas de la Revolución Mexicana.

El contexto: México ardiendo en 1913.

Para entender cómo nació la División del Norte, primero hay que entender el caos que vivía México en 1913.

Tras el asesinato del presidente Francisco I. Madero durante la Decena Trágica y la llegada de Victoriano Huerta al poder, el país volvió a incendiarse. En el norte surgieron múltiples grupos rebeldes que combatían al nuevo régimen: contingentes de Chihuahua, Durango, Coahuila y La Laguna actuaban por separado, aunque compartían enemigos comunes.

Francisco Villa ya era un personaje conocido. Había escapado de prisión, reorganizado sus fuerzas y comenzaba a destacar por su capacidad militar. Sin embargo, todavía no existía formalmente la División del Norte como estructura unificada.

Las brigadas revolucionarias actuaban de forma relativamente autónoma:

  • La Brigada Villa
  • La Brigada Benito Juárez
  • La Brigada Morelos
  • Las fuerzas de Maclovio Herrera
  • Los hombres de Tomás Urbina
  • Los contingentes duranguenses de Calixto Contreras y Orestes Pereyra

La necesidad de unirlas surgió por razones militares: si querían derrotar al ejército federal necesitaban coordinación, disciplina y un mando único.

La Junta de La Loma: el nacimiento real de la División del Norte.

Aquí entra el episodio clave que desmonta la idea de que Jiménez fue la cuna del ejército villista.

Pedro Salmerón dedica uno de los capítulos centrales de su obra La División del Norte a la llamada “Junta de La Loma”. El propio índice del libro coloca este episodio como punto fundacional de la organización villista.

Según el relato documentado, durante la madrugada del 29 de septiembre de 1913, cientos de revolucionarios llegaron a la Hacienda de La Loma, Durango, ubicada cerca de la región lagunera y estratégica para la futura ofensiva contra Torreón.

En el fragmento del libro proporcionado para esta investigación aparecen nombres fundamentales del villismo:

  • Francisco Villa
  • Tomás Urbina
  • Maclovio Herrera
  • Calixto Contreras
  • Orestes Pereyra
  • Toribio Ortega
  • Trinidad Rodríguez
  • Rodolfo Fierro
  • Severino Ceniceros
  • Eugenio Aguirre Benavides
  • Raúl Madero

Aquella reunión no era ceremonial. Era una junta militar decisiva.

Los jefes discutieron la necesidad de dejar atrás la guerra de guerrillas y pasar a una guerra regular. El texto de Salmerón explica que el coronel Juan N. Medina sostuvo que ya no bastaban las operaciones dispersas y que hacía falta “una indiscutible unidad de mando”.

Fue entonces cuando surgió la discusión sobre quién debía dirigir la nueva fuerza revolucionaria.

Cómo Villa fue nombrado comandante.

Uno de los puntos más fascinantes de la historia es que Villa no se impuso inicialmente mediante un decreto político centralista. Su liderazgo surgió del reconocimiento de los propios jefes revolucionarios.

El fragmento citado en el libro describe cómo se propusieron varios nombres:

  • Francisco Villa
  • Tomás Urbina
  • Calixto Contreras
  • Juan E. García

Pero la intervención decisiva vino de Calixto Contreras, quien rechazó su propia candidatura y pidió reconocer a Villa como jefe militar por su prestigio, experiencia y capacidad organizativa.

Pedro Salmerón resume ese momento con una frase contundente:

“Así nació la División del Norte”.

La creación de la División del Norte quedó asociada directamente a esa reunión en La Loma.

La plataforma Memórica del Gobierno de México también establece que la División del Norte nació el 29 de septiembre de 1913 en la Hacienda de La Loma, Durango.

Relatos e Historias en México coincide en que Villa fue reconocido como comandante de la nueva fuerza unificada en ese contexto.

El mito de Jiménez como “cuna”.

Entonces, ¿de dónde surge la versión de que Jiménez fue cuna de la División del Norte?

La respuesta parece estar relacionada con procesos de identidad regional, memoria política y apropiación histórica.

Durante años, distintos actores políticos y grupos locales impulsaron la narrativa de que Jiménez fue el lugar donde nació la División del Norte. Incluso algunos medios regionales reprodujeron esa versión.

Sin embargo, cuando se contrastan esas afirmaciones con la documentación histórica seria, aparecen enormes inconsistencias.

Incluso artículos periodísticos posteriores han cuestionado directamente esa narrativa.

El Siglo de Torreón publicó un texto titulado “La verdad histórica de la Cuna de la División del Norte”, donde se afirma claramente que La Loma, Durango, fue el lugar escogido para constituir la famosa fuerza villista.

Otro trabajo periodístico publicado posteriormente señaló que en Jiménez existió una reunión previa de revolucionarios, pero que la formalización definitiva del mando único ocurrió semanas después en Durango.

Ese punto es fundamental.

Sí hubo reuniones en Jiménez… pero no fue el nacimiento formal.

La confusión histórica probablemente proviene de que Jiménez sí participó en el proceso previo de articulación revolucionaria.

Francisco Villa y otros jefes villistas se movían constantemente por el corredor sur de Chihuahua:

  • Jiménez
  • Camargo
  • Parral
  • Torreón
  • Mapimí
  • La Laguna

Era un territorio estratégico ferroviario y militar.

Algunos historiadores mencionan reuniones de generales en Jiménez antes de La Loma. Pero una cosa es un encuentro previo y otra muy distinta es el acto formal donde se unificó el mando y nació oficialmente la División del Norte.

La historiografía más sólida ubica ese momento fundacional en Durango.

El papel de Carranza y la autonomía villista.

Otro elemento importante es el papel de Venustiano Carranza.

Existen documentos donde Carranza utilizaba ya el término “División del Norte” antes de septiembre de 1913 para referirse a operaciones militares del norte del país.

Sin embargo, el ejército villista que pasó a la historia como la gran División del Norte surgió realmente cuando las distintas brigadas aceptaron unificarse bajo el mando de Villa.

Esa diferencia es clave:

  • Una cosa era la nomenclatura militar constitucionalista.
  • Otra muy distinta fue la construcción real del ejército popular villista.

Pedro Salmerón insiste precisamente en que la División del Norte fue una construcción colectiva de fuerzas regionales con fuerte autonomía política y militar.

Villa: más que un caudillo.

La figura de Villa sigue generando debates históricos.

Para algunos fue un bandolero convertido en general. Para otros, un líder campesino de enorme inteligencia militar. Para otros más, un caudillo contradictorio que encarnó la violencia y las aspiraciones populares del norte.

Lo cierto es que Villa logró algo extraordinario: transformar grupos guerrilleros dispersos en un ejército disciplinado y devastador.

Su capacidad logística fue impresionante:

  • Uso masivo del ferrocarril
  • Movilidad de caballería
  • Artillería moderna
  • Redes de abastecimiento
  • Reclutamiento popular
  • Propaganda revolucionaria

La División del Norte llegó a convertirse en una maquinaria militar tan poderosa que incluso observadores extranjeros quedaron sorprendidos.

La importancia histórica de Jiménez… sin necesidad del mito.

Negar que Jiménez fue cuna de la División del Norte no significa minimizar su importancia histórica.

Jiménez sí fue:

  • punto ferroviario estratégico,
  • corredor militar revolucionario,
  • zona de tránsito de tropas,
  • escenario de operaciones villistas,
  • parte fundamental del sur revolucionario de Chihuahua.

Pero la historia no necesita ser alterada para darle valor a la región.

El problema aparece cuando la memoria local se convierte en afirmación absoluta sin respaldo documental.

La evidencia historiográfica disponible hoy apunta de manera consistente a La Loma, Durango, como el lugar donde nació formalmente la División del Norte.

La historia frente al regionalismo.

La Revolución Mexicana sigue siendo terreno fértil para mitos regionales.

Cada región busca apropiarse de símbolos históricos para fortalecer identidad, turismo o narrativa política. Pero el trabajo periodístico e historiográfico exige contrastar versiones con documentos, archivos y testimonios.

En este caso, las fuentes más importantes coinciden:

  • Pedro Salmerón
  • Memórica México
  • Relatos e Historias en México
  • investigaciones regionales
  • trabajos académicos

Todas colocan la fundación de la División del Norte en La Loma, Durango.

Conclusión.

La División del Norte no nació en Jiménez.

Nació en medio del polvo, los caballos, las armas y la tensión militar de la Hacienda de La Loma, Durango, el 29 de septiembre de 1913, cuando jefes revolucionarios del norte acordaron unificar sus fuerzas y reconocer a Francisco Villa como comandante.

Jiménez formó parte del universo villista, sí. Fue escenario revolucionario, sí. Pero no fue la cuna formal del ejército revolucionario más poderoso de América Latina.

La historia documentada apunta hacia Durango.

Y frente a los mitos regionales, los documentos siguen teniendo más peso que las consignas.

Por: Gorki Belisario Rodríguez Ávila / HISTORIASMX.

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