Guadalupe y Calvo: Fiestas patrias en medio de la violencia y la sumisión del gobierno estatal

A días de que fueran encontrados los cuerpos de cuatro hombres, tres de ellos decapitados en la carretera Guadalupe y Calvo–El Ocote, la alcaldesa decidió no cancelar los festejos patrios, prolongándolos por cuatro días.

Guadalupe y Calvo, Chih.– Mientras los colores patrios iluminan las calles de este municipio serrano, la violencia que azota a la región sigue siendo la protagonista silenciosa de las festividades. En el último año, más de 60 personas han perdido la vida en ataques ligados al crimen organizado, que incluyen desplazamiento forzado de familias, agresiones al clero y enfrentamientos armados en distintas comunidades. A pesar de este contexto, las autoridades municipales y estatales permitieron que las celebraciones patrias se desarrollaran con normalidad, incluyendo música de narcocorridos y la participación de artistas reconocidos en el género.

Violencia persistente y celebraciones sin freno

A días de que fueran encontrados los cuerpos de cuatro hombres, tres de ellos decapitados en la carretera Guadalupe y Calvo–El Ocote, la alcaldesa decidió no cancelar los festejos patrios, prolongándolos por cuatro días. Durante las actividades se presentaron grupos de narcocorridos como El Tigrillo Palma, que atrajeron visitantes de distintas partes del llamado “Triángulo Dorado”, zona históricamente vinculada con la presencia del crimen organizado.

La falta de cancelación de los festejos pone en evidencia una postura de sumisión institucional ante la violencia, donde la prioridad parece ser la continuidad de las festividades, incluso a costa de la seguridad de la población.

Saldo de violencia y desplazamiento

Guadalupe y Calvo registra más de 60 homicidios en el último año, un escenario que mantiene en constante alerta a los habitantes. Familias enteras han tenido que abandonar sus hogares por temor a represalias y enfrentamientos entre grupos criminales. Aun así, las autoridades estatales han mostrado una actitud pasiva, confiando en operativos limitados y labores de inteligencia, sin detener la celebración de eventos masivos que aumentan el riesgo para la población.

La normalización de la violencia en eventos públicos

Los festejos incluyeron la coronación de la Señorita Patria, desfiles, conciertos y actividades deportivas, ignorando el contexto de inseguridad que rodea al municipio. Hace tres años, un sobrino de Joaquín “El Chapo” Guzmán fue asesinado durante las mismas festividades, un hecho que debería haber marcado un precedente en la protección de la ciudadanía. Sin embargo, las autoridades mantienen la misma estrategia de permitir celebraciones masivas pese al riesgo evidente.

Estrategias insuficientes del gobierno estatal

El Secretario de Seguridad Pública del Estado justificó la celebración de los eventos argumentando que “no existe riesgo” gracias a labores de inteligencia y coordinación con la Guardia Nacional y la Fiscalía. Sin embargo, la realidad de la región indica lo contrario: enfrentamientos armados y homicidios recientes demuestran que la percepción oficial de seguridad no coincide con la experiencia de la población.

Conclusión: una fiesta en medio de la impunidad

Guadalupe y Calvo se convierte así en un ejemplo de cómo la violencia puede normalizarse cuando las autoridades adoptan una postura sumisa frente al crimen organizado. Mientras las familias celebran con cautela, la impunidad y la falta de protección institucional persisten, dejando en evidencia que los festejos patrios continúan siendo más un espectáculo que una muestra de seguridad y convivencia comunitaria.

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