El regreso del miedo: avistamientos del “Chupacabras” estremecen los alrededores de Jiménez

Vecinos aseguran haber visto una criatura con ojos brillantes y colmillos ensangrentados; animales muertos y ruidos extraños alimentan el terror en la región.

HISTORIASMX. – En los campos secos que rodean Ciudad Jiménez, cuando la luna apenas logra colarse entre las nubes bajas del otoño, algo se mueve entre los matorrales. No es el viento, ni un coyote buscando alimento. Es una sombra que muchos ya temen nombrar: el Chupacabras.

Durante las últimas semanas, habitantes de comunidades rurales al sur y poniente de Jiménez aseguran haber escuchado gruñidos y chillidos agudos durante las madrugadas. Algunos afirman haberlo visto con sus propios ojos: una criatura del tamaño de un perro grande, con el lomo erizado, piel gris verdosa y ojos rojos que brillan como brasas encendidas.

La noche de los animales muertos

El primer aviso se dio un viernes, poco después de la medianoche. En un corral, cinco cabras aparecieron muertas, sin una sola gota de sangre, con pequeñas perforaciones en el cuello. Al amanecer, el dueño del lugar pensó en coyotes, pero los rastros que encontró —huellas alargadas con tres dedos y un olor metálico en el aire— no coincidían con ningún animal conocido.

“No ladraron los perros, ni se oyó nada, nomás amanecieron así, secos”, contó un hombre que pidió no dar su nombre por miedo a que lo tomen por loco. “Uno no quiere creer, pero… eso no fue cosa de este mundo.”

Esa misma noche, en otra comunidad cercana, una mujer aseguró haber visto una silueta sobre un tejado, agazapada, respirando fuerte. “Tenía la cara como de murciélago y los ojos como de fuego, y cuando la alumbré con la lámpara, saltó sin hacer ruido, como si flotara.”

Un rumor que crece entre el polvo y el silencio

Desde entonces, los comentarios se multiplican en la ciudad y las redes locales. En las tiendas, en las gasolineras, en los cafés de madrugada, se repite la misma frase: “Ya volvió el Chupacabras.”

Algunos vecinos han comenzado a guardar a sus animales antes del anochecer, y en más de una ocasión, grupos de jóvenes han salido a los caminos con linternas y celulares, intentando capturar una prueba del mito. Pero lo único que han encontrado son restos de animales drenados y un silencio pesado, casi eléctrico, que hace que hasta los grillos callen por un momento.

Testimonios que hielan la sangre

Un trailero que pasa con frecuencia por la carretera libre Jiménez–Camargo relató que hace unos días, cerca de la vialidad Mariano Jiménez, vio algo que se cruzó frente a los faros de su camión. “Era bajo, caminaba en dos patas y tenía la espalda arqueada. Cuando me vio, se agachó y corrió entre los mezquites. Yo aceleré… pero los focos parpadearon, y sentí que algo me miraba desde el monte.”

Otros aseguran que el ser se alimenta del ganado y de la energía de los lugares abandonados, y que cada cierto tiempo regresa a zonas rurales donde la oscuridad lo protege y el silencio le pertenece.

Miedo en las comunidades

Los pobladores piden a las autoridades investigar los ataques a los animales, pero hasta ahora no hay informes oficiales. Lo único cierto es que los relatos coinciden y que el terror se ha instalado de nuevo en las noches frías del sur de Chihuahua.

Algunos ancianos tarahumaras, según se cuenta, hablan del “rachi weérami”, un espíritu que baja de las sierras cuando el equilibrio del monte se rompe. Otros dicen que no es más que una criatura que los humanos despertaron con su ambición.

Mientras tanto, las madrugadas de Jiménez se han vuelto más largas. Los perros siguen sin ladrar. Y los vecinos, cada vez más, evitan mirar hacia los llanos después de la medianoche, por miedo a encontrar dos ojos rojos mirándolos desde la oscuridad.

El presente relato es mera ciencia ficción y fue creado con fines de entretenimiento.

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