El oro que devora al hombre: la herencia minera de San Francisco del Oro y Santa Bárbara.

La minería ha sido un motor significativo en Chihuahua. En el estado, al cierre de septiembre de 2022 la industria minera representaba aproximadamente el 4 % del PIB estatal, al generar un valor acumulado de 37,047 millones de pesos. A nivel local, San Francisco del Oro funciona como un municipio pequeño, con apenas unas 5 000 habitantes (alrededor) en las últimas estimaciones.

Un territorio construido sobre vetas

Reportaje Especial / HISTORIASMX. – El municipio de San Francisco del Oro —cabecera San Francisco del Oro— fue fundada, en esencia, por la minería. Su origen local se sitúa en 1658, cuando un minero español llamado Francisco Molina descubrió una mina que daría nombre al poblado. Por su parte, Santa Bárbara es una de las localidades mineras más antiguas del norte de México: ya en el siglo XVI existían vetas en producción.

A lo largo de los siglos, la región pasó de la minería virreinal (a cargo de la corona española o de concesionarios en el periodo colonial) a la explotación por capitales nacionales y extranjeros en los siglos XIX y XX. En San Francisco del Oro, por ejemplo, en 1853 se fundó la Compagnie Minière de San Francisco del Oro et Annexes con capital francés que introdujo tecnología moderna de la época.

Importancia geológica y económica.

La minería ha sido un motor significativo en Chihuahua. En el estado, al cierre de septiembre de 2022 la industria minera representaba aproximadamente el 4 % del PIB estatal, al generar un valor acumulado de 37,047 millones de pesos. A nivel local, San Francisco del Oro funciona como un municipio pequeño, con apenas unas 5 000 habitantes (alrededor) en las últimas estimaciones.

Comunidad, paisaje y pasadizos.

La minería dejó huella no sólo en la economía, sino también en la estructura social y el paisaje. En San Francisco del Oro se habla de un legado de túneles, de minas abandonadas, de infraestructura minera antigua y de una comunidad que absorbió esa identidad. Al mismo tiempo, la región conserva ecosistemas y fauna que conviven con esa realidad minera: por ejemplo, existe una reserva en San Francisco del Oro que alberga especies como linces, venados y halcones.

Esta doble dimensión —riqueza mineral y herencia comunitaria— conforma un escenario complejo para entender el presente y futuro de la minería en estos municipios.

Minería formal contemporánea en San Francisco del Oro (y vínculo con Santa Bárbara).

Operaciones formales y capacidades.

En San Francisco del Oro existe la empresa Minera San Francisco del Oro, S.A. de C.V. inscrita formalmente en el registro de economía local como minera de plomo y zinc, con inicio de actividades en 2010. En los reportes de la empresa matriz, aparece que dicha unidad minera “San Francisco del Oro” opera en Chihuahua con minería subterránea y producción de concentrados polimetálicos: plomo, zinc, cobre, oro y plata.

Estos datos confirman que la minería formal continúa operando en el municipio, aportando empleo, infraestructura, conocimientos técnicos y conexión con mercados más amplios.

Desafíos de empleo y economía local.

A pesar de la existencia de esta minería formal, hay señales de tensión. En junio de 2023, se informó que el empleo en el sector minero de San Francisco del Oro había disminuido hasta un 21 %, con la pérdida de cerca de 120 puestos laborales, y una caída en el salario promedio de alrededor del 14 %.

Esto sugiere una doble realidad: la minería formal sigue activa, pero los beneficios locales pueden verse acotados por ciclos económicos, por precios de metales, por costos de operación, y probablemente por la transición hacia otras formas de explotación (como la minería informal) o por la reestructuración de la industria.

Regulación, gobierno y buenas prácticas.

El Gobierno del Estado de Chihuahua a través de su portal de minería señala que el sector debe fortalecerse mediante “buenas prácticas en procesos mineros, seguridad laboral y protección ambiental”. Pero en la práctica, queda trabajo por hacer para asegurar que los beneficiarios locales, los trabajadores de menor escala y las comunidades adyacentes participen en esos estándares.

Impacto regional y vínculo con Santa Bárbara.

Santa Bárbara, aunque no aparece en todos los reportes con la misma visibilidad que San Francisco del Oro, comparte una tradición minera que se remonta siglos atrás. La tesis de 1969 titulada “La minería en los municipios de Hidalgo del Parral, Santa Bárbara y San Francisco del Oro…” documenta la explotación histórica de la minería en esas localidades. Esto implica que los patrones de uso del territorio, mano de obra, infraestructura y riesgo están interrelacionados entre ambos municipios.

Minería artesanal, gambusinos y los retos invisibles.

¿Qué entendemos por “gambusinos”?

En el contexto minero mexicano, el término “gambusino” se refiere comúnmente a quienes realizan labores de exploración o explotación de minerales a pequeña escala, muchas veces sin grandes equipos, con herramientas manuales o mínimamente mecanizadas, y generalmente con menor formalidad en términos laborales, de permisos o de seguridad.

En localidades como Santa Bárbara y San Francisco del Oro, con tradición minera, esta forma de minería persiste porque el acceso al mineral, la herencia familiar del oficio y la falta de oportunidades alternativas llevan a que muchos opten por esta modalidad.

Riesgos humanos y ambientales.

Un aspecto crítico es la seguridad laboral: en septiembre de 2024, un derrumbe en la mina «Los Clarines», municipio de Santa Bárbara, cobró la vida de al menos dos gambusinos. Este tipo de accidentes ilustra la vulnerabilidad de quienes trabajan en minas de pequeña escala o en tiros no debidamente regulados.

Otro reto es el impacto ambiental y de salud: aunque no hay un estudio público específico centrado en los gambusinos de estos municipios, existen investigaciones mexicanas que muestran los efectos del mercurio y otros contaminantes en comunidades con minería artesanal. Por ejemplo, una tesis de la UASLP analiza la “Evaluación integrada de riesgo asociado a mercurio en sitios con minería artesanal”. A nivel nacional y latinoamericano, se advierte que la minería a pequeña escala puede generar verdaderas “zonas de sacrificio” por contaminación de mercurio, suelos, aguas y aire.

Esto pone en evidencia que los gambusinos operan en una línea ténue entre la obtención de un sustento y la exposición a riesgos graves, tanto personales como comunitarios.

Formalización, oportunidades y barreras.

La minería artesanal plantea oportunidades: autonomía laboral, ingreso directo, aprovechamiento local del recurso mineral. Pero también presenta barreras importantes: falta de acceso a crédito, maquinaria, capacitación, permisos legales, mercados formales, y sistemas de mitigación de riesgos. Las comunidades suelen quedar al margen de los grandes proyectos, y trabajar en condiciones precarias.

Para los municipios en cuestión, esta forma de minería requiere políticas públicas que incluyan: formalización de pequeños mineros, capacitación en técnicas más seguras, equipamiento adecuado, monitoreo ambiental local, y diversificación productiva de las comunidades que dependen del mineral.

¿Cuál es el presente y el futuro de los gambusinos en esta región?

En San Francisco del Oro, ante la baja de empleo formal en la minería, es posible que la minería artesanal aumente su presencia —aunque sin datos exactos públicos para dimensionarla—. El reto será asegurar que esta sea una opción digna, segura y sostenible. En Santa Bárbara, con accidentes recientes, la urgencia de regularizar y proteger la actividad es aún mayor.

De forma ideal, el futuro debería incluir:

  • Una transición hacia técnicas de minería más limpias, con menor impacto ambiental.
  • Que los pequeños mineros tengan acceso a mercados formales y mejores condiciones laborales.
  • Que las comunidades tengan un plan de diversificación económica que reduzca su dependencia exclusiva del mineral.
  • Que las autoridades estatales y municipales monitoreen y regulen de forma adecuada la minería artesanal sin criminalizarla, pero garantizando la seguridad y salud de los trabajadores.

Entre la veta, la comunidad y el desafío del mañana.

San Francisco del Oro y Santa Bárbara aparecen como territorios que llevan en su ADN la minería. Esta historia les ha dado identidad, estructura económica y social, pero también las hace vulnerables: a fluctuaciones de la industria, a riesgos laborales y ambientales, y quizá a una dependencia que debe replantearse.

La minería formal sigue activa en San Francisco del Oro, contribuyendo a empleo y producción, aunque con señales de estancamiento o disminución. Por otro lado, la minería artesanal —representada por los gambusinos— representa una realidad menos visible, pero probablemente creciente y sumamente importante desde el punto de vista humano: es la forma en que muchos sostienen a sus familias, aunque con altos costos en salud, derechos laborales o medio ambiente.

La pregunta clave para la región es: ¿cómo convertir esa riqueza mineral en un desarrollo local sostenible, que beneficie a las comunidades, proteja a los trabajadores y preserve el entorno? Las respuestas no son simples, pero pasan por la formalización, la diversificación, la regulación y un diálogo entre todos los actores: gobierno, empresas, pequeños mineros, comunidades.

Por: Gorki Rodríguez / Laboratorio de Periodismo-HISTORIASMX.

Fuentes consultadas: Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM); Servicio Geológico Mexicano (SGM); Secretaría de Economía; Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI); Secretaría de Salud (COFEPRIS); CENAPRED; SEMARNAT; Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático (INECC); Environmental Investigation Agency (EIA); Annals of Global Health; OEM; El Financiero; Latinus; Pie de Página; Periodismo del Norte; Gobierno del Estado de Chihuahua; OpenEdition México; Scielo; Redalyc.

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