El Heraldo y la guerra sucia (1960-1970): cuando la prensa se volvió arma del poder en Chihuahua.

Durante los años sesenta y setenta, en pleno auge de la Guerra Fría y en el contexto de la llamada guerra sucia, Chihuahua fue escenario de luchas sociales y guerrilleras que confrontaron al Estado mexicano. Sin embargo, la prensa oficialista —particularmente El Heraldo de Chihuahua— jugó un papel crucial en la construcción de una narrativa que deslegitimó a los disidentes, presentándolos como delincuentes y enemigos de la nación. Este reportaje reconstruye cómo el periódico se convirtió en un brazo mediático del poder, moldeando la percepción pública en contra de quienes se atrevían a cuestionar al régimen.

HISTORIASMX. – Después de la Segunda Guerra Mundial, el mundo se dividió en dos bloques ideológicos: el comunismo soviético y el capitalismo estadounidense. México, alineado con Washington, utilizó la retórica anticomunista para justificar políticas autoritarias y centralistas. Aunque la Revolución Cubana inspiró simpatías en ciertos sectores, el discurso oficial en México fue contundente: todo disidente era “antimexicano” y “contrarrevolucionario”.

Este clima dio origen a la guerra sucia, un periodo en el que el Estado vigiló, reprimió y en ocasiones exterminó a movimientos sociales, campesinos, estudiantes y grupos armados. Chihuahua, por su historia de despojo agrario y resistencia serrana, se convirtió en un foco de insurgencia.

El poder de la prensa oficialista.

En este contexto, la prensa jugó un papel decisivo. El Heraldo de Chihuahua, perteneciente a la Cadena García Valseca, fue uno de los medios que se alinearon con el discurso gubernamental. Aunque la cadena no estaba exenta de tensiones con ciertos gobernadores locales, el anticomunismo y el oficialismo eran pilares de su línea editorial.

Gracias al control estatal sobre el papel periódico y a favores económicos, los diarios practicaban la autocensura y difundían los mensajes del régimen. Así, las luchas campesinas, las huelgas magisteriales y los levantamientos guerrilleros eran reducidos a simples actos de vandalismo o criminalidad.

Guerrilla en Chihuahua: de la sierra a las ciudades.

Los antecedentes de la guerrilla en Chihuahua se remontan al fracaso del reparto agrario y a la violencia ejercida por caciques. Casos como el de la familia Ibarra, señalada por despojos, torturas y asesinatos contra pequeños propietarios, abonaron al surgimiento de grupos armados.

El más célebre fue el ataque al cuartel militar de Madera en 1965, liderado por Arturo Gámiz. Aunque solo participaron trece guerrilleros, el impacto simbólico fue enorme: marcó el inicio de la guerrilla rural moderna en México. Más tarde surgirían el Grupo Guerrillero del Pueblo Arturo Gámiz y el Núcleo Central, con figuras como Óscar González Eguiarte, Diego Lucero y Avelina Gallegos.

No obstante, en las páginas de El Heraldo, estas luchas no aparecían como movimientos sociales con causas legítimas, sino como actos de gavillas, hampones y agitadores.

El disidente en las páginas de El Heraldo.

Los ejemplos son numerosos y reveladores:

  • Tras el discurso de Gustavo Díaz Ordaz en 1964, el diario llamó a los estudiantes inconformes “turba de mozalbetes” y “comunistas”.
  • En 1965, el ataque al cuartel de Madera fue descrito como un “zafarrancho” y sus participantes como una “gavilla”, borrando las causas sociales detrás de la acción.
  • Durante el movimiento estudiantil de 1968, los manifestantes fueron catalogados como “pseudoestudiantes”, “alborotadores” y “gente perversa”.
  • En 1972, tras el triple asalto bancario en Chihuahua, los medios destacaron las armas, los libros de Marx y las “influencias extranjeras”, reduciendo el hecho a un simple acto criminal.

En todos los casos, la narrativa era la misma: disidentes igual a delincuentes, comunistas igual a amenaza.

Silencios y manipulaciones.

El Heraldo también recurrió al silencio como estrategia de censura. El ejemplo más evidente fue el 2 de octubre de 1968, cuando no informó sobre la matanza de Tlatelolco. Ese mismo año, el periódico prefería destacar discursos sobre el “progreso de México” y la supuesta traición de quienes se apartaban del camino revolucionario oficial.

De igual forma, cuando la guerrillera Avelina Gallegos murió en un enfrentamiento, el diario la presentó como alguien con “mal juicio”, incapaz de cumplir con el rol social de una mujer.

Un discurso legitimador de la represión.

La prensa oficialista cumplió con su cometido: legitimar la violencia del Estado. Al construir una imagen del disidente como enemigo de la patria, justificaba las acciones del ejército, la policía y los organismos de seguridad.

Otros periódicos independientes, como Norte, sí dieron espacio a las motivaciones de los guerrilleros y reportaron las causas agrarias detrás de la insurrección. Sin embargo, estos eran la excepción.

La voz silenciada.

La historia del disidente en El Heraldo de Chihuahua muestra cómo la prensa puede convertirse en cómplice de la represión. Al borrar las causas sociales, etiquetar a opositores como criminales y callar hechos incómodos, el periódico jugó un papel clave en la guerra sucia en el norte de México.

El disidente nunca fue presentado como sujeto político, sino como amenaza que debía ser neutralizada. Esa construcción mediática sirvió para justificar la violencia y sembrar miedo entre la población.

Hoy, mirar hacia atrás permite entender no solo la historia de Chihuahua, sino también el papel de la prensa en la configuración de la memoria colectiva y en la defensa —o negación— de la democracia.

Por: Gorki Rodríguez.

Referencias: Gamboa Blanco, J. E. (2025). El disidente en El Heraldo de Chihuahua: prensa oficialista y guerra sucia. Secuencia, (122), e2346. https://doi.org/10.18234/secuencia.v0i122.2346

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