La investigación documental revela un patrimonio subterráneo disperso entre registros espeleológicos, catálogos arqueológicos, cartografía oficial y estudios biológicos. El estado posee cavernas profundas, abrigos habitados durante siglos y sistemas minerales únicos en el planeta; sin embargo, carece de un inventario público, integral y actualizado.
Investigación especial | HISTORIASMX
Corte de información: 1 de septiembre de 2026
HISTORIASMX. – En Chihuahua, una cueva puede ser al mismo tiempo una formación geológica, un refugio de murciélagos, una fuente de agua, un sitio funerario, una vivienda ancestral o un lugar sagrado. También puede no aparecer en ningún mapa público.
La pregunta parece sencilla: ¿cuántas cuevas y cavernas están catalogadas en el estado?
La respuesta no lo es.
Después de revisar archivos espeleológicos, estudios científicos, cartografía del Instituto Nacional de Estadística y Geografía —INEGI—, registros del Instituto Nacional de Antropología e Historia —INAH—, publicaciones geológicas, bases sobre fauna cavernícola y documentos gubernamentales, la conclusión principal es clara: Chihuahua no cuenta con un inventario estatal único que reúna todas sus cavidades naturales.
La cifra pública más precisa procede de la Asociación para Estudios de Cuevas Mexicanas —AMCS, por sus siglas en inglés—. Su índice actualizado registra para Chihuahua 59 planos correspondientes a 53 cuevas mapeadas y ningún sistema de cavernas reconocido formalmente como conjunto de cavidades conectadas. La propia base define “cueva” como una cavidad con levantamiento topográfico, y aclara que un sistema requiere dos o más entradas conectadas y separadas por al menos cien metros.
Pero esas 53 no representan todo lo que existe bajo el territorio chihuahuense. Son solamente las cavidades que llegaron a ser exploradas, medidas, dibujadas y después integradas a ese archivo específico.
Sitios tan conocidos como las Grutas Nombre de Dios, las Grutas de Coyame y la Cueva de las Monas no forman parte de esas 53 fichas cartográficas. Tampoco se incluyen de manera completa los cientos de abrigos rocosos con vestigios arqueológicos distribuidos por la Sierra Madre Occidental.
La verdadera cifra, por lo tanto, permanece abierta.
Qué se considera cueva, caverna o gruta.
Parte del problema comienza con las palabras.
El diccionario topográfico del INEGI clasifica como “entrada a cavidad subterránea” el punto de acceso a una formación natural bajo el suelo. Dentro de esta categoría distingue:
- Cueva: cavidad natural de dimensiones menores, formada por oquedades y galerías.
- Caverna: espacio subterráneo de mayor tamaño, compuesto por una sucesión de cámaras.
- Gruta: cavidad desarrollada principalmente en rocas calizas por disolución del carbonato de calcio.
En el terreno, sin embargo, los nombres se mezclan. Una misma formación puede ser llamada cueva, sótano, socavón, cenote, resumidero, abrigo, ojo de agua o hundimiento.
A ello se suma otra dificultad: no toda mina es una cueva y no toda cueva localizada dentro de una mina es artificial. Las galerías mineras son obras humanas, pero en lugares como Naica esas obras interceptaron cavidades naturales que ya existían dentro de la montaña.
Cuatro inventarios que cuentan realidades diferentes.
| Fuente | Cifra disponible | Qué registra | Principal limitación |
|---|---|---|---|
| Índice de mapas de la AMCS | 53 cuevas y 59 planos | Cavidades con cartografía espeleológica publicada | No incluye todas las cuevas conocidas ni las que nunca fueron topografiadas |
| Mexican Cave Survey | 2,302 registros nacionales y unas 500 entradas complementarias | Cuevas de todo México, accesos alternos y observaciones | El proyecto terminó a mediados de la década de 2000 y no ofrece una cifra pública consolidada únicamente para Chihuahua |
| Centro INAH Chihuahua | Alrededor de 1,500 sitios arqueológicos estatales | Todo tipo de sitios: cuevas, abrigos, arquitectura, cerámica, lítica y arte rupestre | No informa cuántos corresponden exclusivamente a cavidades |
| Catálogo biológico de artrópodos cavernícolas | 12 localidades chihuahuenses enlistadas | Cuevas donde se documentaron artrópodos | Es un registro zoológico, no un inventario geológico |
El antiguo Mexican Cave Survey, entregado posteriormente a la AMCS, contiene 2,302 filas de cuevas mexicanas y alrededor de 500 registros adicionales sobre accesos alternativos o comentarios. El archivo incluye nombres, medidas, descripciones, referencias y, en sus expedientes internos, ubicaciones; sin embargo, su integración concluyó durante la primera mitad de la década de 2000.
El INAH, por su parte, reporta alrededor de 1,500 sitios arqueológicos registrados en todo Chihuahua, pero la cifra reúne yacimientos de muy distinta naturaleza. No puede utilizarse como equivalente del número de cuevas.
Una compilación nacional sobre artrópodos cavernícolas menciona para Chihuahua 12 localidades: Cueva de los Muchachos, Cueva de los Murciélagos, Cueva del Diablo, Cueva del Salitre, Grutas de Coyame, Socavón de las Fisuras, Socavón de las Moscas, Socavón de Santo Tomás, Socavón del Pino, Sótano de Sauz, Sótano Suicida de Santo Tomás y otra cavidad sin nombre o localidad precisa.
Las cuatro fuentes no se contradicen: miden cosas diferentes.
Las 53 cuevas con plano: dónde se concentran.
El índice público de la AMCS muestra una concentración muy desigual. De las 53 entradas consideradas en el total, alrededor de 35 corresponden al municipio de Madera. Algunas fichas agrupan dos o más abrigos y la página contiene además una aparente duplicación de la Cueva del Arroyo de las Palmas número 1, con medidas distintas.
| Municipio o zona asignada en el catálogo | Entradas cartográficas | Ejemplos |
|---|---|---|
| Madera | 35 | Cabeza del Águila, Casa Blanca, La Momia, La Ranchería, Las Jarillas, Las Narices, Los Apaches, El Hechicero, El Hongo y conjuntos del Boruco |
| Saucillo–Naica | 5 | Cristales, Espadas, Tiburón, Palacios y Ojo de la Reina |
| Jiménez | 3 | Dolores, Chorro de Agua y El Hundido |
| Bocoyna | 3 | Sebastián, San Ignacio y Chumachi |
| Coyame del Sotol | 1 | Cueva de los Murciélagos |
| Valle de Zaragoza | 1 | Cueva de Vinata |
| Chínipas | 1 | Cueva del Álamo |
| Salaíces, con asignación municipal discutible | 1 | Cueva del Diablo |
| Ojinaga | 1 | Cueva del Plátano Malo |
| Guerrero o Rosario, ubicación incierta | 1 | Socavón de Santo Tomás |
| Manuel Benavides | 1 | Sótano de Sauz |
La misma AMCS advierte que algunos planos antiguos contienen errores o información insuficiente sobre el municipio. Para corregirlos utiliza bases geográficas del INEGI; también oculta coordenadas y referencias sobre vestigios culturales o espeleotemas frágiles para evitar saqueos y daños.
Un ejemplo de las inconsistencias es la Cueva del Diablo, localizada cerca de Salaíces. El índice cartográfico la coloca en Allende, mientras que la compilación biológica la asigna a Villa López. Esta diferencia no invalida la existencia de la cavidad, pero demuestra por qué un inventario moderno debe normalizar nombres, municipios y coordenadas.
Dos Chihuahua bajo una misma superficie.
La distribución de las cuevas responde a la historia geológica del estado.
En 1977, el espeleólogo James R. Reddell describió dos grandes escenarios. En el oriente y noreste encontró sierras abruptas de caliza cretácica separadas por bolsones rellenos de sedimentos. En esos macizos carbonatados, las cavidades suelen aparecer en las laderas, al pie de los cerros o dentro de paredes rocosas.
En el oeste domina la Sierra Madre Occidental, constituida en buena parte por rocas volcánicas. Allí son comunes los grandes abrigos formados por erosión diferencial, desprendimientos y fracturas. Muchos fueron utilizados como vivienda por comunidades indígenas y por poblaciones relacionadas con la tradición arqueológica de Casas Grandes.
Entre ambos paisajes aparecen cavidades excepcionales: manantiales termales, sótanos verticales, hundimientos que llegan al nivel freático y cuevas hidrotermales cargadas de minerales.
Sótano de Sauz: el gigante del noreste.
El Sótano de Sauz, en Manuel Benavides, es la cavidad de mayor desarrollo vertical plenamente incorporada al catálogo público estatal. El plano reporta aproximadamente 1,230 metros de recorrido y 220 metros de profundidad.
En su interior se midieron temperaturas que aumentaban desde unos 18 grados cerca de la entrada hasta aproximadamente 41 grados en las zonas profundas. Las primeras exploraciones también documentaron murciélagos vivos y numerosos ejemplares muertos de Mormoops megalophylla.
Con 220 metros, es la única cavidad chihuahuense que aparece en la relación nacional contemporánea de cuevas mexicanas con al menos 200 metros de profundidad.
El Hundido: un abismo sobre agua.
En el extremo oriental de Jiménez, El Hundido interrumpe la superficie del desierto con un tiro vertical que desemboca en una enorme cámara con agua.
La expedición espeleológica de 2008 determinó una profundidad mínima de 190 metros, advirtiendo que el fondo del lago no había sido alcanzado. Los exploradores utilizaron cintas de hasta 80 metros para medir parcialmente la cámara; en algunos puntos sondearon más de 12 metros de agua sin tocar fondo. El olor y la presencia de sulfuro de hidrógeno llevaron a proponer un posible origen hipógeno, relacionado con fluidos que ascienden desde el subsuelo, aunque se requieren estudios hidrogeológicos más completos.
El lugar también representa el costo humano de explorar sin infraestructura especializada. En febrero de 2019, el propietario del sitio murió después de caer al interior; la recuperación del cuerpo obligó a movilizar a Protección Civil y rescatistas de distintas ciudades. La dependencia estatal informó que las maniobras se realizaron a unos 185 metros de profundidad.
El episodio recuerda que una cueva no es solamente un atractivo. Un inventario serio debe incluir riesgos, estabilidad de la roca, gases, profundidad, inundaciones, accesos y capacidad regional de rescate.
Naica: cavernas nacidas entre agua caliente y minerales.
Naica constituye un conjunto aparte.
La revisión científica más completa identifica al menos seis cavidades naturales principales dentro de la mina: Cueva de las Espadas, Cueva de los Cristales, Cueva de las Velas, Ojo de la Reina, Cueva del Tiburón y Cueva de Palacios.
La Cueva de las Espadas fue interceptada en 1910, aproximadamente a 120 metros bajo la superficie. En el año 2000, los trabajos mineros alcanzaron Ojo de la Reina y, días después, la Cueva de los Cristales, a unos 290 metros de profundidad.
Esta última contiene cristales de yeso selenítico de hasta 11 metros de longitud. En el momento de su descubrimiento, la temperatura se aproximaba a 50 grados y la humedad era cercana al cien por ciento, condiciones que limitaban la permanencia humana a unos cuantos minutos.
En las cuevas de Naica se han registrado alrededor de 40 minerales, diez de ellos descritos por primera vez en ambientes cavernícolas. Los estudios han abarcado mineralogía, microclimatología, paleoclima, astrobiología y geología planetaria.
La exploración, sin embargo, alteró el equilibrio del lugar. El descenso artificial del acuífero detuvo el crecimiento de los cristales, mientras que el cambio de temperatura y la condensación comenzaron a afectar sus superficies. El caso de Naica muestra que hasta la investigación científica puede modificar una caverna si no se controla cuidadosamente el acceso.
Las cuevas habitadas: ciudades dentro de la roca.
En Madera y Casas Grandes, las cuevas son también arquitectura.
El INAH señala que el Conjunto Huápoca forma parte de más de 180 sitios arqueológicos de casas en acantilado registrados en la Sierra Madre Occidental. No son necesariamente 180 cavernas profundas, sino asentamientos construidos dentro de abrigos y cavidades naturales.
Huápoca conserva cuatro conjuntos principales:
- Cueva del Mirador.
- Cueva de la Serpiente.
- Cueva Nido del Águila.
- La Atalaya.
En la Cueva del Mirador se reconocen 19 habitaciones y vestigios de un segundo piso. La Cueva de la Serpiente conserva alrededor de 20 cuartos, dinteles de madera, fogones y bancas. Nido del Águila cuenta con nueve habitaciones deterioradas y una prácticamente completa.
En Cuarenta Casas se han identificado 19 cuevas adaptadas como espacios habitacionales. La más conocida es la Cueva de las Ventanas, donde permanece el complejo arquitectónico de mayores dimensiones.
A ellas se suman Cueva Grande, Cueva de la Olla y decenas de abrigos de difícil acceso. El nombre “Cuarenta Casas” nunca fue un conteo literal: la expresión se utilizó para describir un número indeterminado y abundante de viviendas resguardadas por los acantilados.
Reducir estos lugares a “huecos en la montaña” sería borrar su dimensión humana. Fueron casas, almacenes, espacios de trabajo, refugios y puntos desde los cuales generaciones enteras observaron barrancas, cuidaron alimentos y enfrentaron el clima de la sierra.
Cueva de las Monas: un archivo pintado que tampoco aparece entre las 53.
Al norte de la ciudad de Chihuahua se encuentra la Cueva de las Monas, uno de los sitios rupestres más importantes del estado. Sus pinturas corresponden al menos a tres temporalidades: una etapa arcaica ubicada aproximadamente hacia el 500 antes de nuestra era, el periodo colonial iniciado en el siglo XVII y manifestaciones asociadas con grupos apaches durante el siglo XIX.
En sus paredes se superponen figuras humanas, animales, formas geométricas, escenas relacionadas con el peyote y representaciones vinculadas con el contacto europeo.
El sitio ha requerido varias temporadas de limpieza, consolidación y eliminación de grafiti. El INAH reconoce que recibe visitas furtivas y ha planteado el uso de modelos tridimensionales para reducir la presión física sobre las pinturas.
Su ausencia del índice de las 53 cuevas demuestra que el inventario espeleológico y el arqueológico siguen caminos separados.
Las grandes grutas turísticas que tampoco entran en la cifra.
Chihuahua posee dos complejos subterráneos acondicionados para visitantes que no aparecen en el índice cartográfico de la AMCS.
Las Grutas de Coyame cuentan con un recorrido turístico de 1,330 metros, 17 salas y una profundidad reportada de 84 metros. Sus estalactitas, estalagmitas y fósiles se desarrollaron en rocas carbonatadas de origen marino.
Las Grutas Nombre de Dios, cerca de la capital, ofrecen también un trayecto aproximado de 1,300 metros a través de 17 salas. Las cavidades se formaron por la disolución de rocas calcáreas mediante agua cargada con dióxido de carbono.
Las medidas de recorridos turísticos no siempre equivalen a la longitud topográfica de una cueva. Pueden incluir senderos acondicionados, escaleras o segmentos repetidos. Por ello, no deben utilizarse para establecer cuál es “la cueva más larga” sin revisar previamente un levantamiento espeleológico homologado.
La vida que solo existe en la oscuridad.
Las cavernas chihuahuenses no son espacios vacíos.
Una investigación taxonómica publicada en 2023 describió Texoreddellia chihuahuensis, un pequeño insecto subterráneo adaptado a la oscuridad. El estudio concluyó que habita una zona kárstica aislada y que su linaje pudo separarse de otros integrantes del género hace aproximadamente 20 millones de años.
Los registros históricos también documentan arañas, grillos cavernícolas, insectos acuáticos, peces, murciélagos y organismos asociados con el guano. Algunas especies utilizan las cuevas temporalmente; otras dependen completamente de la humedad, temperatura y oscuridad del subsuelo.
Una alteración aparentemente pequeña —iluminación permanente, basura, ruido, extracción de agua, cierre de una entrada o visitas durante la reproducción de murciélagos— puede modificar un ecosistema que tardó miles o millones de años en establecerse.
Por qué no existe un número definitivo.
La ausencia de una cifra estatal no se debe únicamente a falta de interés. Existen obstáculos reales:
- La extensión territorial. Chihuahua es el estado más grande del país y posee sierras, barrancas y desiertos de muy difícil acceso.
- Los diferentes criterios. Para la espeleología cuenta una cavidad topografiada; para el INAH, un abrigo con evidencias humanas; para el INEGI, una entrada geográfica; para la biología, una localidad de colecta.
- Los nombres repetidos. Existen numerosas cuevas llamadas del Diablo, de los Murciélagos, de la Momia o del Salitre.
- Las cavidades privadas. Muchas se encuentran dentro de ranchos, ejidos o propiedades mineras.
- El conocimiento comunitario no sistematizado. Rancheros, guías, pueblos originarios y habitantes serranos conocen sitios que nunca fueron medidos o publicados.
- La protección de información sensible. Divulgar coordenadas exactas puede facilitar saqueos, vandalismo, extracción de minerales o perturbación de especies.
- La exploración incompleta. Una cueva puede continuar más allá de un derrumbe, un paso inundado o una grieta inaccesible. Su longitud cambia cuando nuevas expediciones encuentran conexiones.
La deuda pública: construir un inventario estatal.
Chihuahua necesita un programa que reúna la información dispersa sin convertirla en un catálogo para saqueadores.
Un inventario moderno debería integrar al INAH, INEGI, Servicio Geológico Mexicano, CONABIO, Protección Civil, universidades, especialistas en espeleología, propietarios, ejidos y comunidades indígenas.
Cada cavidad tendría que contar con:
- Clave única y nombres alternativos.
- Municipio y régimen de propiedad.
- Clasificación geológica.
- Longitud, profundidad y número de entradas.
- Plano topográfico homologado.
- Condiciones de estabilidad, gases, inundación y temperatura.
- Información hidrológica.
- Registros de flora, fauna y fósiles.
- Presencia de vestigios arqueológicos.
- Usos comunitarios, rituales o turísticos.
- Nivel de amenaza y estado de conservación.
- Historial de accidentes.
- Plan de acceso y rescate.
- Una ficha pública sin coordenadas sensibles y otra reservada para autoridades e investigadores.
Las cavidades con vestigios prehispánicos ya se encuentran amparadas por la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos, que declara de utilidad pública su investigación, protección, conservación y recuperación. La protección de una cueva exclusivamente natural, en cambio, depende de su ubicación dentro de un área natural protegida, de la fauna que albergue, de la regulación ambiental o de disposiciones locales.
Un territorio todavía desconocido.
La investigación permite sostener tres conclusiones.
La primera: Chihuahua tiene al menos 53 cuevas con cartografía espeleológica publicada, pero esa cifra no constituye un inventario completo.
La segunda: los registros arqueológicos, turísticos y biológicos confirman la existencia de numerosas cavidades adicionales. Algunas son conocidas y visitadas; otras permanecen sin estudio técnico.
La tercera: nadie puede afirmar con rigor cuántas cuevas existen actualmente en el estado.
Debajo del desierto, de las sierras calizas y de las barrancas volcánicas permanece un territorio paralelo. En él hay cristales gigantes, lagos oscuros, pinturas superpuestas, viviendas de tierra, murciélagos, organismos diminutos y pasajes que todavía no aparecen en ningún plano.
Catalogarlos no significa abrirlos indiscriminadamente al turismo. Significa saber qué existe, comprender su valor, respetar a las comunidades vinculadas con ellos y evitar que desaparezcan antes de haber sido estudiados.
Porque el patrimonio subterráneo de Chihuahua no comienza en la entrada de una cueva. Comienza en la memoria de quienes conocen el camino y continúa allí donde la luz deja de alcanzar.