Las lluvias inesperadas, los precios por los suelos y el abandono institucional amenazan el sustento de quienes aún siembran melón y sandía en el sur de Chihuahua. Pero en medio del lodo, la dignidad y la esperanza siguen creciendo.
HISTORIASMX. – En su pequeño rancho de Valle de Zaragoza, las sandías de don Octaviano naufragaron. Flotaron en los charcos como si el campo fuera un río maldito. Unas reventaron al chocar con las piedras, otras se fueron cuesta abajo.
—Perdimos el 40 por ciento —dice sin levantar la voz, como quien ya aprendió a contar las pérdidas sin permitir que le roben la calma.
Don Octaviano sembró casi dos hectáreas esta temporada. Iba a dejar descansar la tierra. Tal vez probar con alfalfa. Pero uno de sus hijos lo convenció: lo hicieron “por las muchachas”, para que tuvieran qué vender en el pueblo.
🍉 “Pusieron sus puestecitos, pero nomás dimos una vuelta de melón y una de sandía. Muy poquito”, lamenta.
💸 El precio de lo que no vale
—¿Cómo quiere que le ganemos, si el melón anda en 2 pesos el kilo? Antes lo dábamos a seis. La sandía cayó a uno. ¿Así cómo?
🚛 Señala el camino lodoso:
“Aquí el único que gana es el coyote. Compra en diez y vende en treinta. Uno se jode sembrando.”
🌾 “El campesino sufre desde que siembra. El año pasado hasta preferí echar la sandía a las vacas”, agrega.
Este año, con la lluvia desbordada, no sólo se perdió fruta:
también se desvaneció la esperanza de recuperar lo invertido.
💰 “El frasco de veneno cuesta hasta mil pesos. Fertilizantes, riego, jornaleros… todo sube, menos lo que sembramos.”
💵 Dólares para sembrar
Cada semana, don Octaviano paga hasta 23 mil pesos en mano de obra. Ese dinero no lo saca del melón. Lo manda uno de sus hijos desde Estados Unidos.
✉️ “¿Para qué mandas dinero, si ni haces allá ni nosotros hacemos acá?”, le dice.
🛒 Las tiendas ya no fían:
“No pagamos, porque no tenemos con qué.”
A pesar de todo, no se rinde. En sus mejores años sembró hasta 20 hectáreas. Hoy son menos, pero con el mismo empeño.
🍉 “Mire esta sandía, está bien chula. Las cuidé mucho. Pero muchas se nos fueron.”
🎓 El campo, su universidad
Don Octaviano no pisó la escuela, pero en el surco educó a sus hijas.
👩🏫 Dos son maestras, una contadora, otra licenciada en administración.
“Yo no fui a ninguna graduación. Me quedaba en la paja. Pero ellas estudiaron gracias al campo. A este melón.”
🚚 A sus 84 años, todavía maneja su troca, todavía carga fruta.
😄 “Hay unos de 60 que ya traen bordón. Yo ando en chinga”, dice riendo.
🧺 Melón y sandía: dos historias en una parcela
En Valle de Zaragoza, apenas ocho hectáreas se destinan al melón, trabajadas por unos 30 pequeños productores. La sandía es otra historia: más rentable, más sembrada, más vendida.
📊 “El melón aquí se siembra para el autoconsumo o para venderlo localmente. La sandía es la que sostiene a los productores”, explica Manuel Lachica, director de Desarrollo Rural.
🚗 El melón se vende sobre todo en puestos carreteros rumbo a Parral o Chihuahua.
Pero no alcanza. La sandía, aunque más fuerte, también sufre por el clima y el mercado.
🌱 Un futuro sembrado de incertidumbre
La agricultura ya no es rentable. El clima, los intermediarios y los altos costos tienen al campo al borde del abandono.
🧑🌾 “Yo quería dejar esto… pero uno siempre regresa. Porque la tierra, aunque duela, también cura.”
🌾 Las matas de melón, verdes o secas, son testigos del esfuerzo.
El campo, silencioso, escucha los pasos pesados de don Octaviano.
Y su andar entre surcos mojados dice más que mil palabras.
✨ “Mientras haya alguien que siembre, la semilla seguirá viva.”