🌒 El pacto invisible: crimen y militarización en México bajo López Obrador

Cómo el Ejército se convirtió en Estado, los cárteles en gobierno local y la paz en un espejismo estadístico


HISTORIASMX. – Cuando Andrés Manuel López Obrador ganó las elecciones en 2018, lo hizo con una promesa audaz: sacar al Ejército de las calles y construir una nueva política de seguridad basada en justicia, programas sociales y reconstrucción del tejido social. Prometió una tregua con la violencia y una ruptura con la “guerra contra el narco” que sus antecesores impulsaron desde 2006. “Abrazos, no balazos”, dijo.

Pero seis años después, el país tiene más soldados que nunca en las calles, los cárteles ejercen control social y político en vastas regiones del territorio, y los homicidios –aunque ligeramente a la baja– siguen por encima de 30 mil por año. La militarización no resolvió la violencia. La reconfiguró.

Este reportaje explora cómo México se militarizó en silencio, cómo los acuerdos tácitos entre mandos militares y grupos criminales han sustituido las estrategias de seguridad y cómo, en nombre de la paz, se ha institucionalizado la coexistencia entre Estado y crimen.

La promesa traicionada: de la paz a la ocupación militar

Desde el primer día, López Obrador cambió de rumbo. Apenas unos meses antes de asumir, aún prometía regresar al Ejército a los cuarteles. Pero una vez en Palacio Nacional, anunció que las policías no servían, que estaban corruptas, y que la única institución “incorruptible” era el Ejército.

El despliegue fue masivo. Para 2024, más de 280,000 soldados patrullaban calles mexicanas, y el 20% del presupuesto federal fluía directamente a las fuerzas armadas. No solo en seguridad: el Ejército construye aeropuertos, administra aduanas, gestiona hospitales y hasta tiene su propia aerolínea. La Guardia Nacional, formalmente civil, opera bajo control militar. México ya no tiene un gobierno con Ejército. Tiene un Ejército con gobierno.

“La Cuarta Transformación ha sido la transformación militar”, señala un exfuncionario de Seguridad entrevistado por Crisis Group.

La paz pactada: convivir con los cárteles sin hacer ruido

Detrás del discurso de control y paz, hay un arreglo no escrito. En entrevistas con militares, funcionarios y líderes criminales, el equipo de Crisis Group identificó una estrategia conocida entre ellos como “vivir y dejar vivir”: los militares no enfrentan a los cárteles, siempre que no generen violencia visible.

“No los hemos visto en un par de años”, confesó un comandante de Los Caballeros Templarios en Michoacán. “Ellos no se meten si nosotros no alborotamos.”

El Ejército patrulla, sí, pero sin enfrentar. Instalan retenes, hacen presencia, pero evitan combates. Los criminales conocen las rutas, los horarios, las reglas del juego. La consigna es clara: sin ruido, sin cadáveres a la vista, sin titulares en los periódicos.

Esta paz pactada ha permitido al crimen organizado diversificarse: controlan negocios legales, extorsionan a comerciantes, administran el paso migrante y operan redes de tráfico de armas, minerales y fentanilo. Son, en muchos municipios, el verdadero gobierno.

Estadísticas maquilladas, fosas escondidas

Aunque el gobierno presume una reducción en homicidios, organizaciones civiles, trabajadores forenses y funcionarios locales revelan otra realidad: los asesinatos se ocultan. Cuerpos con tiro de gracia se registran como “accidentes”. Otros simplemente desaparecen. Las fiscalías no investigan. El Estado no pregunta.

“Nos llegaban cuerpos baleados y nos pedían anotarlos como ‘causas naturales’”, relató un empleado forense de Veracruz.

Las cifras también maquillan otra verdad incómoda: el sexenio de AMLO será el más violento en la historia de México, con más de 185,000 homicidios y más de 100,000 desaparecidos. La violencia no bajó. Se volvió invisible.

Criminales como actores estatales

En regiones como Colima, Chiapas, Zacatecas, Michoacán o Guerrero, los grupos criminales controlan más que el narco. Deciden qué negocios operan, quién circula, quién gobierna. Cobran impuestos a comerciantes y hasta autorizan obras públicas. En Chiapas, los migrantes son “mercancía”. Cada cruce tiene dueño. Cada paso, un precio.

El control es tan sofisticado que los cárteles desplazan comunidades enteras sin que el Estado actúe. En zonas donde colapsan los acuerdos con los militares, estallan enfrentamientos. En otras, el Ejército incluso facilita la presencia de grupos rivales para “equilibrar” el poder criminal.

“A veces pareciera que no quieren desmantelar al crimen, sino administrarlo”, reconoció un coronel en entrevista confidencial.

La simulación institucional: la Guardia Nacional como fachada

La Guardia Nacional nació en 2019 como una fuerza civil. En la práctica, es Ejército disfrazado. El 86% de sus elementos provienen de las Fuerzas Armadas. Su cadena de mando es militar. Su operatividad, también. La Corte Suprema ordenó en 2023 que la GN pasara a manos civiles. AMLO ignoró la sentencia.

Además, su eficacia es dudosa. Mientras detuvo a más de 177 mil migrantes en 2022, apenas arrestó a 2,814 presuntos delincuentes. ¿Dónde está la estrategia de seguridad? En el discurso, pero no en la calle.

Elecciones entre la continuidad y el miedo

En las elecciones de 2024, el crimen también votó. Más de 30 candidatos fueron asesinados. En muchas regiones, los grupos armados impusieron candidaturas o amenazaron a los votantes. La militarización no contuvo la violencia política. La organizó.

Claudia Sheinbaum, la presidenta electa, ha prometido continuidad: los militares seguirán “el tiempo que sea necesario”. Xóchitl Gálvez, su rival, proponía lo mismo, aunque bajo otro modelo. Nadie se atrevió a hablar de desmilitarización real.

“Ya no hay forma de regresar a los cuarteles. Ahora el Ejército es parte del sistema político”, dice una fuente de alto nivel.

Un país en manos cruzadas

México vive bajo una nueva arquitectura del poder. Una donde los generales deciden obras, rutas, permisos y fronteras. Donde los criminales dictan reglas, resuelven disputas y protegen a los suyos. Donde las cifras de seguridad no miden la paz, sino la habilidad de ocultar el conflicto.

López Obrador logró reducir los enfrentamientos a gran escala. Pero no eliminó el crimen. Lo volvió parte del sistema. Y en el corazón de ese sistema, está el Ejército.

EPÍLOGO: La calma del silencio

La promesa de AMLO no fue cumplida. O sí, pero al revés: los abrazos no llegaron. Y los balazos, aunque menos visibles, siguen sonando en el eco de las fosas clandestinas, en las calles vacías al anochecer, en las cifras sin cuerpo y en los pueblos donde la única ley es la del más armado.

Lo que México vive hoy no es paz. Es silencio.

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