El doble homicidio fue reportado desde el pasado 14 de julio, cuando vecinos del cruce de las calles Justo Sierra y Segunda, en la localidad de La Mesa.
Aldama, Chihuahua. — Pasaron 17 días desde que dos cuerpos fueron abandonados con huellas de tortura extrema en la comunidad de La Mesa, hasta que las autoridades lograron identificar a las víctimas: se trata de Raúl Armando N. I. y Luis Ramón H. M., ambos ejecutados con múltiples disparos de arma de fuego y envueltos en plástico transparente.
El doble homicidio fue reportado desde el pasado 14 de julio, cuando vecinos del cruce de las calles Justo Sierra y Segunda, en la localidad de La Mesa, descubrieron dos bultos sospechosos tirados a media calle. Al acercarse, notaron que se trataba de cuerpos humanos visiblemente torturados, por lo que dieron aviso inmediato al número de emergencias.
Los primeros en llegar fueron elementos de la Policía Municipal de Aldama, quienes confirmaron que se trataba de dos hombres sin signos vitales, cubiertos completamente en plástico y con heridas de bala. La escena fue asegurada y el caso pasó a manos de la Agencia Estatal de Investigación (AEI), que apenas este 31 de julio logró establecer sus identidades mediante pruebas forenses.
Una violencia que se arrastra y se normaliza
El crimen, aunque escalofriante, no sorprendió a muchos en Aldama, un municipio que desde hace meses vive bajo el asedio silencioso de la violencia provocada por la disputa entre los grupos criminales “Los Cabrera”, brazo armado del Cártel de Sinaloa, y el grupo rival conocido como La Línea.
“Antes esto era raro, ahora ya ni sorprende… lo que sorprende es que pasen tantos días y nadie sepa quiénes eran los muertos”, comentó un habitante de la zona que pidió no ser identificado por seguridad.
Las autoridades ministeriales no han informado si las víctimas tenían antecedentes delictivos, ni si su ejecución está directamente vinculada a los cárteles mencionados, aunque el modus operandi sugiere un ajuste de cuentas del crimen organizado.
Silencio oficial, impunidad persistente
El caso refleja no solo el grado de deshumanización con el que operan los grupos criminales, sino también la lenta respuesta institucional: más de dos semanas para identificar a las víctimas, sin que hasta el momento haya detenidos, ni indicios públicos sobre los responsables.
Mientras tanto, la comunidad de Aldama sigue atrapada entre el miedo, la indiferencia oficial y la violencia normalizada, donde los cuerpos aparecen, se levantan y se entierran… y la vida sigue como si nada.