Después de una década de abandono y migración, más de 300 familias regresaron a San José del Sitio, en Satevó, impulsadas por la apertura de un complejo minero que transformó por completo la economía local y dio nueva vida a la comunidad
De pueblo fantasma a comunidad próspera
HISTORIASMX. – Hace apenas unos años, San José del Sitio, un ejido del municipio de Satevó, parecía condenado al olvido. La falta de empleos, el abandono del campo y la escasez de agua provocaron un éxodo masivo: decenas de familias empacaron sus pertenencias y partieron en busca de mejores oportunidades.
Sin embargo, lo que parecía el final de una historia triste se convirtió en un renacimiento económico y social gracias a la llegada de la minería. Hoy, San José del Sitio es un poblado sustentable, con calles activas, comercios abiertos, viviendas rehabilitadas y una nueva generación de familias que ha decidido volver a echar raíces.
El hallazgo que cambió el destino
La transformación comenzó alrededor del año 2019, cuando una empresa dedicada a la explotación minera descubrió una veta rica en metales en el cerro El Gato. El descubrimiento atrajo inversión, maquinaria y cientos de empleos, generando un efecto dominó que revitalizó por completo al ejido.
“Hace como diez años esto estaba muerto. Muchos se fueron porque ya no había nada, ni agua quedaba por acá. Pero con la mina, la gente empezó a regresar”, cuenta Gerónimo Aguirre, uno de los habitantes que presenció el resurgimiento del lugar.
El complejo minero, conocido como “Los Gatos”, ofreció oportunidades laborales que impulsaron el retorno de más de 300 familias, quienes regresaron desde otras partes del estado e incluso de entidades vecinas.
Un modelo de economía local
Actualmente, la minería sostiene gran parte de la economía de San José del Sitio. La mayoría de sus habitantes labora en el complejo o en actividades relacionadas, como transporte, mantenimiento, comercio y servicios locales.
Además, los beneficios no se limitan al empleo: el auge económico trajo consigo mejor infraestructura, con viviendas más seguras, escuelas públicas, espacios recreativos y programas sociales impulsados por la propia empresa minera.
“La organización minera ha sido clave. Han apoyado con programas que benefician a miles de familias, no sólo aquí, sino también en comunidades vecinas”, afirmó Norma Muñoz Anchondo, presidenta municipal de Satevó.
De la nostalgia al orgullo
Los antiguos pobladores coinciden en que San José del Sitio pasó de ser un símbolo de abandono a un ejemplo de resiliencia rural. La vida ha regresado a las calles, los niños vuelven a llenar las escuelas y el sentido de comunidad se ha fortalecido.
A pesar de los desafíos ambientales y sociales que la minería puede implicar, los habitantes aseguran que el cambio ha traído esperanza y estabilidad. Hoy, San José del Sitio ya no es un pueblo que se apaga, sino una comunidad que resurge con fuerza desde el corazón de la sierra chihuahuense