Mata Carrasco fue claro: Chihuahua no permitirá una extracción forzada de sus presas, como ocurrió en 2020, cuando la federación intentó liberar agua de La Boquilla para cumplir con el tratado, lo que desató protestas históricas y un enfrentamiento entre agricultores y la Guardia Nacional.
HistoriasMx – Reportaje: En el corazón del norte mexicano, donde los ríos se entrelazan con la historia y el desierto se impone como paisaje dominante, el agua vuelve a ser protagonista de una disputa que parece no tener fin. A más de ochenta años de la firma del Tratado de Aguas Internacionales de 1944 entre México y Estados Unidos, la tensión entre la federación y el estado de Chihuahua se mantiene viva, con la presa La Boquilla como símbolo de soberanía y resistencia.
El origen de un acuerdo que no envejece bien.
El Tratado de Aguas de 1944 fue concebido para garantizar el reparto equitativo de los escurrimientos de los ríos que cruzan la frontera entre ambos países, especialmente el Río Bravo y el Río Colorado.
El acuerdo establece que México debe entregar anualmente un promedio de 431 millones de metros cúbicos de agua a Estados Unidos, medidos en ciclos quinquenales (cada cinco años).
A cambio, México recibe un volumen mayor desde el Río Colorado, proveniente del norte estadounidense. En teoría, se trataba de un intercambio justo; en la práctica, el equilibrio ha sido difícil de mantener, especialmente para estados áridos como Chihuahua, donde la lluvia es escasa y el agua superficial proviene de cuencas cada vez más comprometidas.
Un ciclo con déficit: “No se puede dar lo que no se tiene”.
En entrevista con HISTORIASMX, el ingeniero Mario Mata Carrasco, titular de la Junta Central de Agua y Saneamiento (JCAS) de Chihuahua, explica que el actual ciclo quinquenal, el número 36, está por concluir con un déficit de aproximadamente 1,100 millones de metros cúbicos, una cifra que preocupa a productores, autoridades y comunidades rurales.
“Estamos terminando el ciclo 36 el 24 de octubre. Lo más seguro es que si terminamos con déficit, de acuerdo al compromiso mínimo de la tercera parte de los escurrimientos, será de unos 1,100 millones de metros cúbicos”, explicó Mata.
El ingeniero detalla que el tratado prevé tres mecanismos para cubrir un déficit:
- Con el agua que pertenece a México,
- Con el agua asignada a Estados Unidos,
- O mediante las presas internacionales.
“Cuando el quinquenio termina con déficit, el tratado permite modificar la proporción de asignación. En lugar de una tercera parte para Estados Unidos y dos terceras para México, se puede ajustar a la mitad o incluso 70-30, dependiendo de las condiciones. Lo importante es cumplir sin poner en riesgo el abasto humano”, puntualizó.
“El agua de Chihuahua es para los chihuahuenses”.
Mata Carrasco fue claro: Chihuahua no permitirá una extracción forzada de sus presas, como ocurrió en 2020, cuando la federación intentó liberar agua de La Boquilla para cumplir con el tratado, lo que desató protestas históricas y un enfrentamiento entre agricultores y la Guardia Nacional.
“Los chihuahuenses ya no vamos a permitir lo que pasó en 2015, 2016 o 2020. Hay mecanismos en el tratado, como el Acta 234, que establece cómo cubrir el déficit. Pero no se va a tocar el agua de las presas locales mientras haya riesgo para el abasto o el campo”, afirmó.
Recordó también la posición de la gobernadora Maru Campos, quien ha sido enfática al defender el derecho del estado sobre sus recursos hídricos.
“La gobernadora fue muy clara: el agua de Chihuahua para los chihuahuenses. Dijo: ‘no se hagan bolas’. Primero se garantiza el abasto humano, luego el agrícola, y después se ve cómo cumplir con el tratado.”
Tecnificación y ahorro: la apuesta para el futuro.
El ingeniero Mata sostiene que la única forma de cumplir los compromisos internacionales sin despojar al campo chihuahuense es apostando a la modernización de la infraestructura agrícola.
“Estamos trabajando en la tecnificación de los distritos de riego 005, 009 de Juárez y 090 de Ojinaga para recuperar caudal y consumir menos agua. Si el campo usa sistemas más eficientes, podemos garantizar tanto el riego como el abasto urbano”, indicó.
Asimismo, mencionó los cambios en la Ley de Aguas Nacionales y la posible promulgación de una Ley General de Aguas que priorice el consumo humano.
“Si se aplican correctamente las reformas y hay presupuesto suficiente para Conagua, se puede transformar la gestión hídrica del país”, enfatizó.
La Boquilla: la joya de la corona.
Para el director de la JCAS, La Boquilla no es solo una presa; es el corazón económico de la región centro-sur del estado.
“La Boquilla es la joya de la corona. Tiene una capacidad de casi 3 mil millones de metros cúbicos. Cuando baja su nivel, como este año que no hubo plan de riegos, se detiene la circulación de miles de millones de pesos”, explicó.
Esa falta de riego, añadió, genera una nueva forma de sequía:
“Ya no es meteorológica ni hidrológica, es una sequía socioeconómica, porque deja de fluir el dinero, el empleo, y la actividad agrícola se colapsa. Es un golpe directo a la economía de las familias y a la estabilidad social del estado.”
Un futuro incierto entre presas vacías y lluvias esperadas.
Mata Carrasco se muestra esperanzado:
“Tengo fe en que vienen años llovedores, que podremos cumplir con el tratado sin afectar a nadie. Pero lo principal es que debemos cuidar lo nuestro: el agua es vida, y sin agua no hay campo, no hay ciudades, no hay futuro.”
La disputa por el agua no solo se libra en las presas o en los despachos del gobierno; también en quien se beneficia de ella para los sectores agropecuarios. Cada gota que fluye desde Chihuahua hacia el Río Bravo carga con la historia de una nación dividida por la sequía, la política y la urgencia de sobrevivir
El Tratado de 1944 nació como un pacto de cooperación internacional, pero hoy se percibe como una camisa de fuerza para regiones que enfrentan una crisis hídrica sin precedentes como las del norte de México.
Chihuahua, con su territorio árido y su espíritu combativo, es epicentro de la resistencia en la lucha por el agua.
El mensaje es claro y contundente: el agua es de quien la cuida, no de quien la reclama.
El Tratado de 1944 a Detalle.
En un mundo donde el agua se ha convertido en un recurso cada vez más escaso, México y Estados Unidos comparten una historia de cooperación y conflicto que tiene como eje un documento firmado hace más de ocho décadas: el Tratado sobre la Utilización de las Aguas de los Ríos Colorado, Tijuana y Bravo, suscrito el 3 de febrero de 1944.
Este acuerdo, conocido popularmente como el “Tratado de Aguas de 1944”, no solo regula el uso de los ríos fronterizos, sino que también define la manera en que ambos países deben compartir un recurso vital en una de las zonas más áridas de América del Norte.
Un acuerdo nacido en tiempos de guerra y sequía.
El tratado fue firmado en Washington D.C. en pleno contexto de la Segunda Guerra Mundial, cuando Estados Unidos y México buscaban consolidar una relación diplomática más sólida. Ambos gobiernos reconocían ya entonces que el agua sería un factor de estabilidad o de conflicto en el futuro.
De acuerdo con la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), el documento estableció una fórmula precisa para distribuir las aguas de tres ríos fronterizos: el Colorado, el Bravo (Río Grande) y el Tijuana.
El Tratado de 1944 fue ratificado en México y entró en vigor en noviembre de 1945, convirtiéndose desde entonces en uno de los acuerdos internacionales más duraderos y técnicamente complejos de la historia bilateral.
Qué establece el tratado.
El texto original, disponible en la página oficial de la Comisión Internacional de Límites y Aguas (CILA), determina la cantidad de agua que corresponde a cada país y las obligaciones de entrega en cada cauce:
- Del Río Colorado:
Estados Unidos se compromete a entregar a México 1.5 millones de acres-pie anuales (equivalentes a más de 1,850 millones de metros cúbicos), con posibilidad de aumentar en 200,000 acres-pie adicionales si existen excedentes. - Del Río Bravo o Río Grande:
México debe aportar dos terceras partes del caudal proveniente de los afluentes mexicanos —los ríos Conchos, San Diego, San Rodrigo, Escondido, Salado y el Arroyo de las Vacas— y Estados Unidos recibe el resto. - Del Río Tijuana:
Ambos países comparten el aprovechamiento de sus aguas, bajo la regulación de la CILA.
Las entregas del Río Bravo se contabilizan en ciclos quinquenales (cada cinco años). Si México no alcanza la cantidad comprometida debido a causas como sequías extraordinarias, el déficit puede compensarse en el siguiente ciclo, según lo establece el artículo 4 del tratado.
La Comisión Internacional de Límites y Aguas: árbitro y administrador binacional.
Para garantizar el cumplimiento del tratado, se creó la Comisión Internacional de Límites y Aguas (CILA) —en inglés International Boundary and Water Commission (IBWC)—, con sede binacional en Ciudad Juárez-El Paso.
Su función es supervisar el reparto del agua, coordinar obras hidráulicas, resolver controversias y atender los problemas de saneamiento en la franja fronteriza.
La CILA opera como un organismo técnico y diplomático, con representantes de ambos países que trabajan bajo el principio de igualdad. Entre sus atribuciones también está la construcción de presas internacionales, la medición de caudales y la vigilancia de la calidad del agua.
Impactos y retos actuales del Tratado.
A más de 80 años de su firma, el Tratado de 1944 sigue siendo un instrumento fundamental, pero también una fuente constante de tensiones.
Sequías y compromisos de entrega.
Durante los últimos años, el norte de México ha enfrentado sequías severas que han dificultado cumplir las entregas al Río Bravo.
Según informes recientes de la CILA y de la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA), los ciclos de entrega han mostrado retrasos por la falta de lluvias en cuencas como la del Río Conchos, principal afluente mexicano del Bravo.
Aun así, México ha cumplido históricamente con sus obligaciones, aunque en algunos periodos ha requerido compensar los déficits con entregas adicionales en los años siguientes.
En 2020, por ejemplo, la situación generó tensiones en Chihuahua, donde agricultores protestaron por la apertura de presas para cumplir con el tratado.
Agua y diplomacia.
Para los especialistas, el éxito del acuerdo radica en su flexibilidad. El documento reconoce que las condiciones naturales pueden variar y prevé mecanismos para renegociar volúmenes en caso de emergencias.
El ingeniero Mario Mata, exdiputado federal y actual director de la Junta Central de Agua y Saneamiento de Chihuahua, ha señalado que el tratado “es un instrumento técnico y político que ha permitido a México defender su derecho al agua en condiciones de equidad”.
Un pacto que aún define el futuro.
El Tratado de 1944 no solo distribuye agua: define la convivencia entre dos naciones que comparten ríos, climas y desafíos.
A lo largo de los años, ha resistido sequías, presiones políticas y cambios ambientales, y ha servido como modelo de cooperación hídrica internacional.
Hoy, con el avance del cambio climático y la creciente demanda agrícola e industrial, el acuerdo vuelve a estar en el centro del debate. Pero a pesar de sus dificultades, el principio que lo sostiene —el uso equitativo y racional del agua— sigue siendo uno de los pilares más sólidos de la relación bilateral entre México y Estados Unidos.
Fuentes consultadas.
- Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE): Tratado de Aguas de 1944
- Comisión Internacional de Límites y Aguas (CILA): Texto completo del Tratado de 1944 (PDF)
- International Boundary and Water Commission (IBWC): 1944 Water Treaty
- SciELO México: El Tratado de Aguas de 1944 entre México y Estados Unidos
- CONAGUA: Informes técnicos sobre entregas del Río Bravo (2023)
- Mario Mata: Director JCAS-Chihuahua, 2025.