Durante la homilía dominical, el sacerdote Enrique Urzúa pidió a las autoridades federales y estatales responder al clamor de una comunidad que se siente olvidada tras los recientes ataques armados.
HISTORIASMX. Con voz firme y tono conmovido, el párroco de Guachochi, Enrique Urzúa, hizo este domingo un llamado urgente a la unidad, la fe y la empatía, en medio de la ola de violencia que azota a la Sierra Tarahumara. El sacerdote dirigió su homilía dominical a los feligreses desde el altar principal, tras una semana marcada por ataques armados que dejaron cuatro personas sin vida y nueve heridas, incluyendo a un niño y a un profesor.
“Casi siento que se nos ha abandonado”
Durante su mensaje, el padre Urzúa expresó su profunda preocupación por la indiferencia de las autoridades, señalando que la comunidad de Guachochi “se siente olvidada y desprotegida”.
El sacerdote mencionó directamente a la presidenta de la República, Claudia Sheinbaum, y a la gobernadora de Chihuahua, Maru Campos, reprochando la falta de respuesta ante la situación que viven las comunidades serranas.
“Casi siento que se nos ha abandonado y que ya no nos escuchan”, lamentó el párroco, en alusión al silencio institucional frente a los hechos violentos.
Urzúa criticó también que las versiones oficiales minimicen los ataques como simples “balas al aire”, pese a la evidencia de múltiples muertes, heridos y familias desplazadas.
“Necesitamos subir juntos al templo”
En su reflexión sobre el Evangelio, el sacerdote comparó a la comunidad con el publicano del templo, e invitó a los presentes a reconocer la fragilidad y vulnerabilidad humana frente a la violencia.
“Necesitamos subir juntos al templo, con alma fraterna y corazón de hermanos, para decirle al Señor: ‘Dios mío, apiádate de nosotros, que somos pecadores’”, exhortó.
El párroco subrayó que la fe debe mantenerse viva y activa, aun cuando las balas y el miedo se ciernan sobre los hogares de Guachochi.
Un llamado a la empatía y a la oración
El sacerdote también pidió orar por las autoridades, no para juzgarlas, sino para que Dios les conceda sabiduría y empatía.
“Aunque no tengan todas las respuestas, deberían reconocer públicamente la gravedad de la situación y acompañar a la población”, expresó.
Urzúa recordó que entre las víctimas de los recientes ataques hay personas del pueblo, familias humildes que trabajan y estudian día a día pese al miedo.
“Este es nuestro pueblo, nuestra vida y nuestra historia”
El mensaje del párroco concluyó con una reflexión esperanzadora dirigida a la comunidad, destacando la fortaleza y resistencia de los habitantes de Guachochi:
“Cada mañana salimos a la escuela, a trabajar, a buscar el pan de cada día, y eso es grande. Estamos diciendo a los grupos armados: este es nuestro pueblo, nuestra vida y nuestra historia, y no la vamos a poner en sus manos.”
La homilía terminó con una oración compartida por los asistentes, en la que el sacerdote volvió a invitar a la comunidad a mantener la fe y la unión como respuesta ante el miedo y la violencia.
“Subamos siempre al templo con humildad y pidamos: ‘Dios mío, apiádate de nosotros, que somos pecadores’”, concluyó.